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Utiliza las apps seguras

Algunas aplicaciones precisan entre sus condiciones de empleo que la información podrá ser compartida con terceros, otras dan a los datos personales un uso incierto

¿Regar las plantas mientras estás fuera de casa? Es posible con una aplicación creada por alumnos del curso de verano del CICY. ¿Luchar contra la violencia de género? Ahí está la app “Línea mujer” del Instituto Municipal de la Mujer del Ayuntamiento de Mérida. ¿Comprobar que el tanque del automóvil recibió en verdad la cantidad de gasolina pagada? Solo ingresa a Litro por Litro de la Profeco.

Las apps se han abierto camino como soluciones a los más variados requerimientos humanos, desde los más complejos y profundos hasta los más triviales.

Pero los programas informáticos que realizan funciones directamente para el usuario pueden no solamente resolver, sino también crear problemas, como cuando recolectan datos del propietario del dispositivo y les dan un destino diferente del notificado.

“La información tiene un valor”, recuerda Miguel Ángel Mendoza López, investigador de seguridad de la firma ESET en Latinoamérica. “Nos hemos encontrado con que cierta información es vendida en el mercado negro”.

Desarrolladores y distribuidores de aplicaciones acceden a los datos personales cuando, al descargarlas, el usuario concede los permisos que le solicitan sobre el equipo.

Hay programas que precisan entre sus condiciones de empleo que la información podrá ser compartida con terceros, sobre todo con fines publicitarios. Otras apps, sin embargo, dan a los datos personales un destino que nunca se revela al usuario.

“La primera forma de darnos cuenta en qué son utilizados nuestros datos es leyendo con detenimiento las condiciones y políticas de uso de las aplicaciones”, afirma Mendoza López. “Ahí se establece que se puede utilizar nuestra localización, correo electrónico o cierta información que aceptamos compartir al instalar las aplicaciones”.

Asimismo, hay que revisar cada permiso que el programa solicita para su descarga, pues “eso nos puede dar indicios de la manera en que va a funcionar en nuestro teléfono”.

“Si es un juego que no requiere de nuestra ubicación, contactos ni mensajes y los está solicitando, lo más recomendable es no instalarlo”, apunta.

Revisar cada autorización es con frecuencia una manera más sencilla de saber qué datos se exponen en lugar de leer los términos de uso, los cuales “son prácticamente contratos legales que podrían resultar un tanto complejos para un usuario promedio”.

Mendoza López explica que otra opción es recurrir a soluciones de seguridad que alertan de manera automática sobre apps con un comportamiento anormal.

ESET, precisa, cuenta con una aplicación antivirus —disponible en Google Play— con “licencia freeware, es decir, no tiene costo; es permanente y tiene las funciones básicas para hacer esas detecciones”.

“Otra buena práctica esdescargar las aplicaciones desde los repositorios oficiales. Muchas veces encontramos ofertas de apps con costo que aparecen como gratuitas en sitios de dudosa reputación; si el usuario las descarga es muy probable que sean aplicaciones modificadas y maliciosas”.

La posibilidad de ejercer acciones legales contra distribuidores de apps que hacen mal uso de la información personal “depende del país donde se encuentre” el consumidor, admite el experto.

“No hay una legislación global en este sentido, depende de las legislaciones de cada país. Hay unos donde ciertas actividades se castigan y hay otros donde no; por eso se busca tener leyes incluso de ámbito regional”.

“La Unión Europea ha promovido legislaciones enfocadas a la protección de datos personales. En México hay una ley de 2010 con enfoque en la protección de datos personales en poder de particulares o los gobiernos”, señala.— Valentina Boeta Madera

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