Así espera los pixanes una rezadora de Yucatán

Oficio tradicional durante los días del Hanal Pixán
sábado, 30 de octubre de 2021 · 06:00

Oficio tradicional durante los días del Hanal Pixán.

MÉRIDA.— Con cubrebocas, gel desinfectante y con la bendición de los Santos, Herminia Canul Ku, de 59 años, sale de casa para rezarles y cantarles a los pixanes.

En estos días del Hanal Pixán, muchas familias contratan a rezadoras para que ellas pidan a Dios, la Virgen y los santos por los fieles difuntos y para que sean recordados y consigan un buen recibimiento y estancia en los hogares de sus familias durante noviembre.

“Doña Herminia” es una de las rezadoras más conocidas de Motul, pues lleva más de 50 años dedicándose a este oficio.

En la fe católica, las rezadoras, a través de sus rezos y cantos, brindan paz y descanso al alma de los muertos. Para “Doña Herminia”, la oportunidad de aprender este oficio fue y sigue siendo reflejo de la gracia de Dios.

Se inició en este oficio desde joven en San Pedro Cámara, comisaría de Motul, tras la influencia de su abuela, quien era rezadora.

Su gusto por los cantos la motivó a acercarse a otras rezadoras más experimentadas para aprender de ellas, “una de ellas era más viejita (que su abuela), ya ni dientes tenía pero seguía rezando”, recordó entre risas.

Curiosamente, todas hablaban maya, pero los rezos los hacían en español.

Su primer rezo

A sus 18 años de edad, junto con su hermana menor, hizo su primer rezo como profesional para llevar posada. Ahora hace de todo: novenas para santos, ochovarios, novenarios y rosarios para los difuntos, estas tres últimas hechas en distintos momentos, periodos y maneras.

Los novenarios se realizan para despedir al alma de la persona, antes del ochovario. Suelen durar nueve días, de ahí el nombre, y se les hace un rosario sin cantos, pues se cree que la persona está dormida, no muerta.

Es para el ochovario, realizado a los ocho días del fallecimiento de la persona, que se añaden los cantos.

Según “Doña Herminia”, mencionando su nombre y cantándole, el alma se da cuenta de que ya no está viva y ya no pertenece a este mundo. Por eso se le canta la canción “Levántate alma cristiana”.

En nuestra cultura, para recordar y recibir de manera correcta a las ánimas, además ponerles un altar y sus ofrendas, es necesario mencionar el nombre de los difuntos para que ellos encuentren el camino a casa, y ello conlleva una serie de rezos y cantos los cuales son ejecutados de manera completa por las rezadoras.

Así, en esta época de finados “Doña Herminia” es contratada más que nada para hacer rosarios para los fieles difuntos, cuyos rezos varían dependiendo de factores como la edad del difunto, el día de la semana y el número de personas a quienes se les realizan.

Diario la contratan, pero se pone dos rezos como límite, pues también se dedica a las labores del hogar, los cuales le ocupan mucho tiempo.

Para ánimas de niños

A los infantes se les entona cantos de una Virgen, ya que “son santitos, son inocentes”. La canción elegida es entonada cada que termina un misterio, el cual es medido con 10 cuentas del rosario.

Por lo general, el rezo suele durar una hora, cuando se hacen cinco misterios.

Sin embargo, para los ochovarios, que se realizan cuando han pasado ocho días del fallecimiento de la persona, se realizan 15 y éstos tienen una duración de alrededor de dos horas.

“El rosario se les ofrece a los niños y cuando termina le dedicamos sus oraciones como el Salve, el Credo y la Letanía, y después una o dos canciones más, y canto ‘El bendito’ para cerrar. Entrego el rezo mencionando el nombre de los niños y de ahí se entrega ‘Ave maría purísima, sin pecado concebida’, se repite tres veces”, detalla.

Para almas de grandes

Para las ánimas adultas, el rosario y las canciones dependerán de si es para uno o varios difuntos y del día de la semana: los lunes son gozosos, los miércoles y domingos son gloriosos, jueves son luminosos y martes y viernes son dolorosos.

“Para el lunes, el primer misterio gozoso es ‘La encarnación del hijo de Dios’, el segundo es ‘La visitación de la Santísima Virgen’, el tercero es ‘El nacimiento del hijo de Dios’, el cuarto es ‘La purificación de la Virgen Santísima’ y el último, que es el quinto misterio es ‘El niño hallado en el templo sentado en medio de los doctores’.

“Por cada misterio se va cambiando la oración, y se va cantando al finalizar cada misterio”, abunda.

Los preferidos

De las favoritas para entonar de Herminia son “Paraíso”, el “Lamento de las almas”, y para finalizar “El perdón”, en donde ella canta las estrofas y los demás asistentes el coro.

Finaliza el rosario con un recuento de los misterios que se dijeron, se persigna y una vez terminado, los asistentes se saludan.

“Yo me entrego al oficio, me inspiro al cantar”, dice.

A pesar de que representa su único ingreso, ya que se dedica de lleno a su familia, “Doña Herminia” cobra entre $40 y $50 por su participación, pues hace esto más bien porque le apasiona y llena. Sale de su casa en bicicleta, convencida de que sus rezos y cantos les darán paz a las almas.

Sabe que otras de sus compañeras rezadoras cobran más, alrededor de $100, pero para ella el dinero más bien una retribución simbólica al tiempo que le dedica, y considera abusivo cobrar más.

Sin embargo, la manera que reza los rosarios ha gustado tanto que muchos de sus clientes le dan de más.

Así, el dinero que junta y la comida que recibe por rezo son parte de su aportación a los gastos familiares, lo que muchas veces le han servido en momentos de apuro.

Reconoce que entre tantas labores del hogar, tomarse el tiempo para dedicarse este oficio a veces representa un reto, pero la sensación al hacerlo se lo compensa, pues le gusta mucho su trabajo, “yo me entrego al oficio, me inspiro al cantar”, expresa con sinceridad.

“La verdad no es fácil, pero es bonito”, afirma.

A veces, el gusto no basta para aprender este oficio.

“Doña Herminia” recuerda perfectamente cuando recién empezaba que una de sus mentoras le dijo que a quien le gusta, solo con escucharlo aprende.

“Pero no es cierto, es algo complicado la verdad, tuvieron que pasar muchos días para que lo pudiera aprender; se tiene que ir a rezar para que lo pueda escuchar y lo pueda cantar. Hay que tomar apuntes, oír las tonadas. Así uno se va desenvolviendo poco a poco con el rezo”, precisa.

Al respecto, la entonación en los cantos va variando, pero queda a gusto de las rezadoras. Herminia reconoce que “rezadoras hay varias, pero cada quien con su libro”, refiriéndose a que cada rezadora hace sus entonaciones a su gusto.

Ella prefiere mantener el mismo tono durante el rosario, y cuando se inicia otro, cambiarlo; sin embargo, suele jugar con ellas, lo que le ha propiciado muchos cumplidos con sus clientes.— Daniela Carrillo Bracamonte

Hay escasez de rezadoras

Herminia Canul Ku reconoce que en la actualidad son escasas las personas que se dedican al oficio de rezadora. “Las generaciones de ahora ya no quieren aprender”.

Transmite sus saberes

Las hijas de ella han aprendido un poco, incluso Herminia Canul ha sido mentora de unas cuantas chicas, pero ninguna ha sido constante, “dejan de venir porque consideran que es cansado”.

Dedicación y tiempo

Y es que los rezos y entonaciones son muchas, aprenderlas requiere mucha dedicación y tiempo. “La verdad, no es fácil, pero es bonito”, repite convencida.

Tradición para conservar

Considera que esta bonita tradición no se debe de perder y que debe de enseñarse a las nuevas generaciones.

Pausa, por la pandemia

Al inicio de la pandemia del Covid-19, Herminia, vecina del municipio de Motul, tomó sus precauciones y decidió suspender sus servicios, así como sus demás compañeras rezadoras, quienes reconoce aún más mayores.

Con cuidados

Conforme los contagios de Covid-19 iban bajando y por la demanda obtenida, volvió a los rezos. “Me decían que nadie quería ir, que no sea mala. Decidí retomarlo, eso sí, con temor, con miedo. Llevo mi cubrebocas y gel, eso me va protegiendo. La gente me dice que tanto rezo a los santos me ayuda y protege y sí es verdad”.

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