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Brillo en la oscuridad

Joven abogada se sobrepone a una afección visual

En 2012, Michelle Rocío Castillo Novelo, licenciada en Derecho por la Universidad Marista, comenzó a perder la visión en forma paulatina. Pocos años después, la pérdida era total.

Y lo que para muchas personas pudiera significar el fin, para la joven discapacitada representó el principio de una nueva etapa caracterizada por el optimismo y el entusiasmo. Fue como levantarse de una caída con el propósito de evitar las piedras del camino.

Hoy, Michelle es ejemplo vivo del vencimiento a las adversidades: continúa su trabajo en el área jurídica de la Secretaría de Desarrollo Sustentable —antes Seduma— del gobierno del Estado, practica el atletismo, es aficionada a la repostería y se da tiempo para tomar clases del idioma inglés.

Además, es protagonista de un hecho que, hasta donde se sabe, no tiene precedente en Yucatán: fue la encargada de responder a una solicitud de información pública mediante el sistema Braille, herramienta de lectura y escritura táctil para personas con discapacidad visual.

Un factor importante es el apoyo que ha recibido de los secretarios que han estado al frente de lo que hoy es Desarrollo Sustentable. Incluso, en la presente administración recibió un equipo al que se dotó del software Jaws, lector de pantalla para disminuidos visuales.

¿Cómo empezó todo?

Michelle nació con retinosis pigmentaria, que, de acuerdo con la literatura médica, no es una única enfermedad sino un grupo de padecimientos degenerativos y hereditarios que afectan al ojo y se caracterizan por una pérdida lenta y progresiva de la visión, hasta causar ceguera.

En una entrevista, la joven abogada recuerda que fue intervenida quirúrgicamente en Cuba cuando tenía doce años de edad. Desde niña usó anteojos.

En 2002, durante el gobierno de Patricio Patrón Laviada, el entonces titular de la Secretaría de Ecología —predecesora de Seduma—, Luis Jorge Morales Arjona, la invitó a sumarse al departamento jurídico de la dependencia. Nunca había trabajado en materia ambiental, así que su nuevo trabajo representó un reto que pronto logró superar.

Vino el cambio de gobierno con Ivonne Ortega Pacheco —la Secretaría de Ecología se convirtió en Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente— y la entrevistada continuó en su cargo. Llegó la administración de Rolando Zapata Bello y es entonces cuando la vida de Michelle dio un giro.

“Empecé a perder la vista de manera paulatina”, explica la informante. “Ya no podía ver tal cosa, no podía ver colores, los lentes ya no me servían y no podía leer. Hubo un tiempo en que además de los lentes tenía que usar una lupa para ver las letras”.

Al darse cuenta de la magnitud del problema comenzó a averiguar cómo podía contrarrestar los efectos de la enfermedad. Así se enteró de la existencia del Centro de Atención Múltiple Luis Braille, enfocado a la atención de niños y adolescentes con discapacidad visual. Solicitó al doctor Eduardo Batllori Sampedro, titular de Seduma, apoyo para estudiar aun trabajando y el secretario le otorgó el respaldo.

Como el centro Luis Braille estaba más dirigido a menores de edad, buscó nuevas opciones y así llegó al Cecati, que tiene un módulo para personas con discapacidad. Allí perfeccionó la lectura y escritura en Braille y se inició en el estudio de la movilidad con el bastón.

Continuó sus funciones en el área jurídica de la Secretaría, aunque, como era de esperarse, los resultados no eran de la misma celeridad de antes.

Con la nueva secretaria de la dependencia, Sayda Rodríguez Gómez, recibió nuevo equipo al que se dotó con el software Jaws. Esto le ha sido de mucha utilidad, pues le permite leer todo lo que esté en su computadora.

Cuando se le pregunta cómo se desplaza en la oficina y en su casa, Michelle responde:

“Conozco las instalaciones de la Secretaría, pues sí la llegué a ver. Con ese conocimiento desarrollé un sentido de orientación. Cuando voy a ciertos lugares ya tengo un mapa mental que me permite moverme, pues ya sé dónde hay puertas y muebles. Claro, si alguien cambia una mesa o una silla sin avisarme, seguramente me voy a tropezar, pero mientras estén en su lugar de origen me puedo desplazar sin mayor problema.

“En mi casa es lo mismo. Allá me muevo sin bastón porque la conozco perfectamente”.

Su afición por la repostería se reforzó en un tiempo que estuvo en Guanajuato, en 2015, cuando recibió una licencia para separarse temporalmente del trabajo.

Sobre el apoyo que brindó para responder con el sistema Braille a una solicitud de información oficial, recuerda que este caso correspondió a datos sobre las tortugas en Yucatán. Le resultó una experiencia gratificante que no se ha repetido.

Antes de perder la visión practicaba la natación. Ahora está dedicada al atletismo, por invitación de René Ledezma Abdala, director del Centro Deportivo Paralímpico de Yucatán, quien la puso en contacto con el instructor Miguel Aguilar.

Entrena con frecuencia en el estadio Salvador Alvarado y dice que, aunque tiene ya 40 años de edad, “me encantaría” entrar a una competencia.— ÁNGEL NOH ESTRADA

 

Historia Inspiración

Michelle Castillo Novelo nació con retinosis pigmentaria y perdió la vista en 2012.

En el gobierno desde 2002

Es licenciada en Derecho y lleva más de 16 años trabajando en el área jurídica de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, que sustituyó a la Seduma.

Un hecho inédito

Sentó un precedente al responder a una solicitud de información pública con el sistema Braille.

Los únicos obstáculos que hay en la vida son los que cada persona se pone a sí misma, sostiene Michelle Castillo

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