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Cruzada ciudadana por una mejor vista a Progreso

Perspectiva de la calle 80

Vecinos de Progreso insisten en devolverle al puerto su entrada original, la calle que lleva directamente a los sitios más emblemáticos

Por más que lo intenta, el arquitecto Mauricio Mier y Terán no logra entender la actitud intransigente de las autoridades de Progreso, que, vulnerando las normas de cortesía política más elementales, se niegan a escuchar propuestas ciudadanas que buscan ayudar al mejoramiento de la imagen urbana del puerto y devolverle su identidad.

Mier y Terán Calero, integrante de la Coordinadora Ciudadana de Progreso, insiste en que es absurdo que el puerto más importante de Yucatán tenga como entrada principal una calle fea, irrelevante, en lugar del acceso amplio que lleva sin rodeos al parque principal, a los edificios más emblemáticos, al malecón, al mar… Un desatino que además, señala, contradice la historia de la ciudad.

La oposición frontal del alcalde a por lo menos analizar esta propuesta y otras que la Coordinadora le ha planteado parece ir en sentido contrario a los propósitos de convertir Progreso en un destino turístico de primer nivel, comenta el arquitecto.

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Hace unos meses, recuerda, la secretaria estatal de Turismo declaró que estaba convencida de que Progreso tiene casi todo para hacer realidad esa aspiración. Sólo haría falta, dijo, “el deseo auténtico de que sea un sitio turístico de primera”. En el mismo foro, organizado por el Diario, el empresario hotelero Jorge Torre Loría subrayó que en cualquier proyecto tiene que ser primordial cuidar la imagen urbana del puerto, “porque es con lo que se queda el turista”.

Y eso es precisamente por lo que abogan Mier y Terán y la asociación de vecinos. “El meollo del asunto, independientemente de lo que se haga o deshaga, es que si tenemos algunas ventajas inobjetables que nos ponen en una buena posición para promovernos turísticamente ¿por qué no aprovecharlas? Además, en este caso es una medida que cuesta muy poco dinero”.

Apuntes de diseño

Lo que esboza la Coordinadora no es el capricho de un grupo ni hay intereses egoístas de por medio, sino el deseo de proyectar la mejor imagen urbana de Progreso, afirma el arquitecto.

“Que los visitantes entren por la puerta de servicio no es la mejor promoción turística”, dice y con un tono ligeramente académico explica que todo diseño empieza por lo más importante y de ahí va llegando a lo básico, lo elemental. En un desarrollo habitacional, por ejemplo, lo primero que debe hacerse es la zonificación del área a trabajar, para repartir los tres espacios básicos de todo diseño: el privado, el público y el de servicios. “Esas tres áreas existen tanto en un proyecto pequeño —una casa de interés social— como en el más grande y complejo: una colonia, una ciudad… un país”.

Para entenderlo mejor, continúa, al proyectar una casa primero se define dónde va a estar el área privada: obviamente se debe escoger la mejor ubicación en el terreno. Segundo, se establece dónde queda la entrada social o pública: un área importante para que el anfitrión reciba a sus invitados y disfrute la casa. Y en tercer lugar se delimita el área de servicio, que es por donde se va a sacar la basura, meter el gas… etcétera.

“Un buen diseño busca que estas tres áreas funcionen. Si no están proporcionadas o no se utilizan de forma apropiada, se crea un organismo que puede vivir mucho tiempo, pero que no funciona correctamente. Un ejemplo sería poner la cocina del lado donde soplan los vientos… los olores van a contaminar toda la casa”.

Caso Progreso

La función primaria de Progreso es prestar servicios al estado de Yucatán, así fue creado, como un puerto para recibir las mercancías que necesita la entidad, prosigue. “Sin embargo, nuestros ancestros, además de inteligentes, tenían buen gusto. Querían una entrada de servicios, que llevara a la parte industrial, donde están los muelles, los ferrocarriles, etcétera. Pero también diseñaron un acceso principal, hermoso, para recibir a sus invitados: la calle 80, que tiene una amplitud impresionante”.

Y para explicar lo que significa una calle principal para un poblado, saca a colación las películas del Viejo Oeste: en todos los pueblos hay una calle central donde están el banco, la cantina, el hotel, la oficina del alguacil, donde son los duelos a balazos… Lo demás son áreas del pueblo que no vale la pena mostrar.

“Mi abuelo era un progreseño que mandó a sus hijos, nacidos en Progreso, a estudiar a Mérida para que trajeran al puerto ideas y conocimientos nuevos. Mi papá hizo lo mismo con sus hijos. Yo vivo aquí desde hace casi 30 años. Así que esta conexión con esta tierra me permite ver la incongruencia entre lo que decimos y lo que practicamos. Se nos llena la boca al decir ‘Progreso es el principal puerto de Yucatán’, pero metemos a nuestros invitados por una calle de segunda, fea, que se inunda con cualquier llovizna, que se estrangula, que no llega a ningún lado”.

“Es una calle de servicio, está muy claro su destino, por eso es inexplicable que quienes gobiernan se nieguen a reconocer que la entrada debe ser por la calle principal, la calle que nuestros antepasados decidieron que fuera el acceso de bienvenida y que por eso conduce directamente a los edificios emblemáticos”.

Según el arquitecto, lo único que se requiere para que la calle 80 vuelva a ser la puerta de entrada es voluntad política, “no voluntariedad, eso de que yo hago lo que me da la gana y punto. Se necesita voluntad política e inteligencia y sensibilidad. Somos gobernados por personas a las que no les interesa el arte, la arquitectura, el urbanismo, la historia. Es un asunto de formación”.

Mier y Terán dice que cuando llegaron con sus sugerencias, la respuesta del alcalde Julián Zacarías fue de cerrazón absoluta. “Sin ninguna capacidad de negociación y liderazgo nos dijo ‘llegaron tarde’, en una muestra de prepotencia, de intransigencia, porque nuestra petición no es nueva, la hemos venido cantando desde hace años”.

Zacarías los despachó diciéndoles que los proyectos ya no se hacen en Yucatán, que llega gente que les envían de Ciudad de México, a la que tienen que hospedar y pagarle viáticos. “En pocas palabras, nos dijo que los proyectos para Progreso son impuestos desde fuera, que personas que están a cientos de kilómetros deciden qué es lo mejor para nosotros”.

“Entiendo que es difícil ejercer el liderazgo, pero sólo hay dos maneras de hacerlo: por la fuerza o con la participación de la sociedad, pero colaboración verdadera, no simulaciones “como pretenden ahora, que cuando todo está decidido comienzan a llamar a los ciudadanos para explicarles los proyectos”.

“Necesitamos políticos que sean capaces de entender que son sólo una pieza del esfuerzo colectivo, que no son los dueños de la ciudad”.

Las obras

Acerca de los actuales trabajos de mejoramiento de la imagen urbana y turística del puerto, en los que se invierten casi 60 millones de pesos, Mier y Terán señala que a simple vista parecen lo mismo de siempre, “arrancar el pavimento de la calle para poner otro, destruir para reconstruir, nada nuevo”. Sin embargo, aclara que en realidad ni siquiera puede opinar al respecto, porque no conoce la propuesta. “Ya que están avanzados los trabajos nos dicen lo que están haciendo”, pero las cosas no se hacen así. El alcalde debió hacernos gente antes de comenzar”.

Mier y Terán asegura que habla en nombre de los ciudadanos comunes y corrientes de Progreso, que no es comerciante, no tiene ningún negocio, ningún local o terreno en la calle 80. “No soy político ni le estoy vendiendo al gobierno un proyecto, no tengo más interés que el de impulsar al puerto para que pueda alcanzar todo su potencial como destino turístico de primer nivel”.

“Lo único que ganaría de aprobarse esta propuesta es la satisfacción de contribuir con el desarrollo de Progreso, exactamente lo mismo que gané con la ampliación de la carretera a Mérida, porque fui el primero que, en un escrito en el Diario de Yucatán, lancé la idea de modernizarla, porque Patricio (Patrón Laviada) quería hacer una carretera nueva, que pasara por Conkal, por presión de los constructores”.

“¿Qué gano yo? La satisfacción de responder al compromiso moral con la sociedad que tenemos todos los que gozamos la oportunidad de estudiar una carrera. Y eso es algo que no tiene precio”, concluye.

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