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En 1981 Borges “murió” en Yucatán

Borges Uxmal Yucatán
Jorge Luis Borges, con su bastón chino, y el maestro Jorge Álvarez Rendón en Uxmal. Foto de cortesía

Jorge Luis Borges “murió” en Yucatán, horas después de celebrar su cumpleaños en Uxmal, en el verano de 1981.

Este agosto de 2019 se cumplieron 120 años de que Jorge Francisco Isidoro Borges Acevedo nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires.

También se cumplieron 38 años de la única visita que el escritor argentino hizo a Yucatán, después del 25 de agosto de 1981, con 82 años de edad recién cumplidos.

En entrevista con motivo de ambos aniversarios, el maestro Jorge Humberto Álvarez Rendón recuerda que gracias al alcalde (1979-1981) Gaspar Gómez Chacón tuvo la oportunidad de pasar dos días con Borges.

Reviviendo sus recuerdos, el hoy cronista de Mérida nos pinta al Borges de carne y hueso, como el laureado poeta lo hizo con el nazareno en su obra “Cristo en la cruz”.

Maestro, ¿cómo recuerda usted la visita de Borges?

Borges vino a México para recibir un premio (el Ollin Yoliztli, “vida y movimiento” en nahuatl, que le confirió el Festival Cervantino de Guanajuato, consistió en diploma, medalla y un cheque de $1.750,000, y el presidente José López Portillo en Los Pinos se lo entregó el martes 25 de agosto). 

Uxmal, en dos poemas

Pero como (en su primer viaje a México, en 1973) fue a Teotihuacán, se le ocurrió venir aquí, a Yucatán, porque él tiene un poema muy bonito de Uxmal (ciudad maya que menciona en “La suma” y “Elegía de un parque”).

En ese entonces se tenía  más interés por Uxmal que por Chichén Itzá.

Resulta que de repente decidió, en vez de regresar directamente a Buenos Aires, pasar acá; la Secretaría de Gobernación avisó al alcalde de Mérida, que era el señor Gómez Chacón.

Nada más que había una súplica. Venía acompañado de María Kodama, quien era su alumna entonces; un director de cine llamado (Adolfo García) Videla y también un matrimonio, el señor era de la Embajada de México en Yugoeslavia (Javier Wimer y su esposa, Estela Troya).

¿Ese Videla era pariente del dictador argentino Jorge Rafael Videla (quien gobernó de 1976 a 1981)?

No lo sé; lo que sí, es que era director de cine.

El problema que había es que yo no podía aparecer en absoluto tomando datos porque el señor (Borges) puso como condición que ningún periodista se le acercase. Permitió tres fotógrafos, pero hasta allá.

Ningún periodista le sacó una nota. De manera que la mía fue la única. Su condición fue que no hubiera periodistas cerca. Así que yo tenía que ser muy prudente. Tenía  mi grabadorcita, una Sony  chiquitita de casete.

“Mira, llega Borges”

A las  5 de la mañana me habló Gómez Chacón. Me dijo: “Mira, llega este señor”. Y me pidieron que, de favor, yo le buscara a alguien que esté a su lado, porque los que estaban con él quieren pasear Chichén, quieren conocerlo, y el señor, como es invidente, para él no tiene caso ir viendo los monumentos, quiere a alguien con quien conversar mientras los otros pasean.

Ya te puedes imaginar la impresión que me causó, siendo como era yo un admirador de este señor. “Desde luego, claro que sí. Te agradezco que hayas pensado en mí”.

Nos fuimos al aeropuerto a esperar su vuelo y me dijo: “Se te va a dar una cantidad de dinero para que hagas el favor de pagar todos los gastos, comida, desayuno…”.

¿Cuánto le dieron?

Unos diez mil pesos, que en aquel entonces era una buena cantidad, para pagar hoteles, comida, todo lo que necesitara.

El Ayuntamiento me dio ese dinero y yo, desde luego, tomé todos los recibos para rendir cuentas.

Borges visita Yucatán
Jorge Luis Borges y María Kodama llegan a Mérida, Yucatán. Foto de cortesía

No hubo problema del vehículo porque el gobernador (1976-1982, Francisco) Luna Kan nos dio su camioneta grande,  muy bonita, muy cómoda, con aire acondicionado y con su chofer.

En ella nos fuimos primero a comer porque (Borges, quien bajó el avión a la 1:30 del día) no había ni desayunado. Comimos en un restaurante que estaba por la galletería Dónde y que ya no existe, era de un señor de apellido Bello.

Ahí comió y le pusieron su guayabera. Se la regalaron y él pidió que se la pusieran. María Kodama se lo llevó al baño y se la puso, porque tenía traje, corbata, para que estuviera más cómodo.

Ya que terminó de comer, viajamos hacia Uxmal. Los señores  esos querían asistir al espectáculo de luz y sonido y quedarse a dormir allá.

Borges en Uxmal
El maestro Jorge Álvarez Rendón, Jorge Luis Borges, María Kodama y Adolfo García Videla en Uxmal. Foto de cortesía

A Borges le gustaba hablar

Aprovechando que los otros se iban, yo sacaba la grabadora y le hacía algunas preguntas, pero lo característico de ese señor era que él hablaba, le gustaba hablar. Si le tocabas un tema que le gustase, él se extendía porque era un erudito.

Así que yo más estaba escuchando de ese señor; yo debía de hablarle de Uxmal, pero él sabía más de Uxmal que yo.

Me habló de los incas, de un montón de cosas. No sabía, no notaba que yo tenía la grabadora, no veía nada. Y ese día asistí al luz y sonido.

Borges y su pastel de cumpleaños

Ya después pasamos a un hotel con una piscina muy bonita y allá veo que le dan un pastel de chocolate, muy bonito. Era su día de cumpleaños, creo.

Yo le  pedí a Eduardo Huchim, el jefe de Redacción del Diario,  que  no me fuera a publicar la nota al día siguiente, para que el señor no la viera. La publicación se hizo días después (el sábado 29 y el domingo 30 de agosto) porque él no debía verla porque si no, imagínate, que saliera al día siguiente y, en Chichén,  yo le diga: “Oye, soy periodista”. Entonces, yo le pedí a Huchim de favor que aplazara varias días la publicación.

Le dieron ese pastel, pero yo no sabía por qué le estaban dando el pastel. Solamente repartieron el pastel.

Incluso, había agentes de Gobernación, supuestamente nadie debía verlos, pero todo mundo sabía que eran de Gobernación; nos estaban siguiendo por todo el trayecto, y también les tocó su pedazo de pastel.

Ya después yo me quité, me trajo a Mérida el chofer en la camioneta, para ir a buscarlo al día siguiente en la mañana. Borges se quedó a dormir en un hotel de Uxmal, que solo tenía camas, así que no durmió en hamaca.

Borges “murió”

Yo me fui al Diario a hacer la nota, la tenía fresca. Estaba yo estaba haciéndola cuando me pregunta Eduardo Huchim: “Oiga señor don Jorge, ¿encontraste bien a Borges? ¿Lo dejaste bien?”. Sí (contestó el cronista). “Porque Jacobo Zabludosky está preguntando sobre su salud, porque está corriendo el rumor de que murió en Uxmal”.

Y le dije: “No lo creo”.

Se trató de llamar por teléfono al hotel, que era de un francés, y no se concretó, para  hablar si había ocurrido algo porque pudo haberse muerto en cualquier momento.

La razón de esto es que circuló el rumor que había muerto por su propia mano porque en un escrito  Borges, que nunca se constató en cuál, decía que no quería pasar de los 80 años, que ese día que cumpliese años sea la nada, volver a la nada. Eso nos dijeron, pero yo hablé con Borges (todo el día) y estuve buscando (el escrito), pero nunca encontré ni el poema ni el texto.

Pero, bueno, ese rumor corrió en Ciudad de México. Zabludovsky se comunicó al Diario y preguntó. Se le dijo: “Pues aquí está el señor que estuvo con Borges todo el día, pregúnteselo”.

Me preguntó y le dije: “Yo lo encontré bien”.  Ahí supe que era su cumpleaños (82). “Hoy es su cumpleaños” (dijo el cronista). “Sí, hoy” (replicó Zabludovsky).

Al día siguiente me pasó a buscar el chofer de Luna Kan, 5  de la mañana en mi casa, y nos fuimos a Uxmal. Y los de Gobernación me dijeron que también les habían preguntado “¿cómo estaba el señor?” porque había corrido el rumor… Yo ya lo sabía.

Borges come miel y recita a Virgilio

Borges desayunó. El francés le regaló un tarro de miel y Borges empezó a recitar un poema muy bonito sobre la miel, de Virgilio, “Las bucólicas”. Era un erudito, siempre estaba hablando de poesía y de autores.

Después nos fuimos a Chichén. Pero este señor que manejaba la camioneta de Luna Kan sabía mucho de caminos y dijo: “Vamos a pasar, si quiere, a Izamal, que es una ciudad colonial”.

Ahí ocurrió un percance; me da pena contarlo; creo que no lo puse (en la crónica de 1981), pero lo voy a contar.

Borges… en el mercado de Izamal

El señor Borges tenía urgencia de ir al baño. Llegamos a la alcaldía (de Izamal) y no había nadie; eran las 8 de la mañana,  (el Palacio) estaba cerrado. Buscando dónde, encontramos el mercado.  ¿Y sabes qué tuve que hacer? Tuve que comprar una escoba, tuve que llevar alcohol, para  limpiar (narra el cronista mientras con las manos muestra cómo limpió).

Luego le dije a María Kodama: “Ya puede venir el señor”… al mercado. No era un lugar digno, pero ¿dónde más? La alcaldía estaba cerrada, ahí hubiera sido el lugar apropiado.

El paseo en Chichén

Después nos dirigimos a Chichén. Ahí estuvimos muy poco. Llegamos como a las 9:30 de la mañana. María Kodama y compañía fueron a ver la acústica del juego de pelota, después fueron a ver el cenote y ya está.

Luego fuimos al hotel  Barbachano para que almorzara el señor, sería como  a la 1 (de la tarde), ya luego nos metimos en la camioneta hacia Mérida porque su vuelo salía a las 6 de la tarde y tenían que estar en el aeropuerto a las 5. Antes te pedían llegar a la terminal aérea una hora antes de tu vuelo; ahora son dos horas antes.

Allá en Chichén le quitaron la guayabera y le pusieron otra vez su traje, pensando en el viaje, le pusieron su corbata, un traje claro. Y así fue conversando hasta que llegamos al aeropuerto, (donde se dijo) agradecido con la ciudad de  Mérida por el detalle (de los paseos).

Eso es a grandes rasgos (la visita de Borges a Yucatán). Las notas se publicaron después, se espaciaron para que no haya posibilidades de que las lea Borges aquí.

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Borges Uxmal Yucatán
Jorge Luis Borges, con su bastón chino, y el maestro Jorge Álvarez Rendón en Uxmal. Foto de cortesía

Era María Kodama, el señor Videla, quien tomó muchas fotos, como una en la que estoy con Borges en Uxmal, esa foto me encanta.

El maestro Álvarez Rendón se refiere a la foto de Borges y él sentados ante un vestigio maya, ambos de alba guayabera, Borges de cabello blanco, mirando al horizonte y las manos cruzadas sobre su bastón; el cronista, con lentes y bigote negros y mirando a la lente. La imagen la cual compartió en su cuenta de Facebook el 13 de agosto de 2016 con el texto: “Escuchando a Borges… Se suponía que yo debía describirle Uxmal, pero él sabía muchísimo más sobre el sitio y sus leyendas. Mejor se callaba uno para aprender un poco. Si se fijan luce su bellísimo y querido bastón chino”.

El Diario la usó, rememora el cronista de Mérida.

Había otra que se perdió en el Diario; era una foto donde estamos sentados en un tronco Borges y yo, esa me gustaba, y yo di la original, sin copiar. Hoy con esos aparatos las copias (dice señalando al celular con la grabadora encendida). Pero no me la devolvieron los formadores (de planas del periódico), quien sabe dónde la asentaron.

Foto de Megateca

“Murió Borges”

Cuando murió Borges me pidieron una notita y la ilustraron con esa foto. Me habló por teléfono una muchacha, quien por cierto ya falleció, era secretaria de allá, y me dijo: “Don Jorge, murió Borges. Quiere Don Carlos que se haga una notita, como usted estuvo en contacto con él, cuente usted algo de él”.

Hice la nota, tres cuartillas, y di mis fotos, de una sí tenía copia, de la otra no. Y a pesar de que estuve detrás de los que formaban las planas “¿Dónde están mis fotos?” Nunca aparecieron. Las fotos se perdieron.

Yo estuve cinco años haciendo el suplemento  cultural, que ya no existe. Yo lo formaba. Era un lío porque los que escribían a veces mandaban fotos, pero había que cuidarlas o desaparecían y luego con qué cara les decía yo: “Se me perdió su foto”, así que estaba yo pendiente… y esa del tronco se perdió.

Maestro, ¿De casualidad Borges le comentó cuánto pagó por el bastón chino que compró en Manhattan, Nueva York?

No. Su bastón chino lo adoraba.  (Dijo que) Le encanta que porque tiene una especie de magia, que desde que lo compró sentía que había una relación  con el bastón, era su preferido.

Maestro, ¿a qué olía Borges, a perfume, a jabón…?

Normal, tenía perfume, no le sentí un olor especial.

¿Qué imagen le dejó Borges a usted?

Yo lo veía con esa admiración, con ese respeto. Yo había leído sus cuentos. Era un hombre respetado hasta por sus enemigos políticos. Era un poco de derecha, pero aún así furibundo izquierdista. Era un maestro del idioma.

Julio Cortázar, por ejemplo, le estaba muy agradecido porque tenía Borges una revista muy famosa, un día  se presentó  Cortázar y le dio un cuento, nada menos que “Casa tomada”, uno de los cuentos más brillantes de Cortázar. Le impresionó a Borges y se lo publicó; por eso le vivió eternamente agradecido porque un espaldarazo así, de él. Cortázar era también genial, un gigante, pero siempre se agradece (el apoyo).

Maestro, ¿cuál fue su primera lectura de Borges?

“El jardín de los senderos que se bifurcan” y “El Aleph”, tenía de 15 a 16 años (de edad). Después sus poesías, a mí me gustaban mucho sus poesías.

Una de las primeras obras que leí fue una antología  en la que decía la influencia que tenían sobre él los modernistas y, sobre todo, Vicente Huidobro, que era de la corriente del ultraísmo, hasta llegar a sus poesías.

¿Qué libro de Borges atesora en su biblioteca personal?

Compré las obras completas, son cuatro volúmenes, porque tenía yo muchas de sus obras esparcidas en libritos de Alianza Editorial, como“Historial Universal de la Infamia”; me ofrecieron las obras completas, no me acuerdo de qué editorial, y las compré.

¿Cuánto le costó?

En aquella época me costó como 3,000 pesos, en 1987, al año de su muerte.

¿La compró aquí en Mérida o en la metrópoli?

En (Ciudad de) México… Creo que la compré en Ghandi. Aquí no había muchas librerías.

¿Cuántos años tenía usted cuando acompañó a Borges?

35 años tenía yo.  En ese entonces trabajaba en la Secundaria Federal 4, en Cinco Colonias, y el problema fue que  el curso escolar había comenzado y los profesores teníamos que presentarnos a firmar en la escuela.

Así que tenía que justificar mi ausencia. En ese entonces los profesores podíamos tomar hasta nueve días de descanso, sin ninguna razón, al año. Fue así que me dieron tres días y pude acompañar a Borges.

En su crónica de 1981 anotó que el alcalde le acercó a Borges el Libro de Visitantes Distinguidos para que firme…

Borges en Yucatán
Foto de Megateca

Es libro del aeropuerto, no del Ayuntamiento. Borges lo firmó en un espacio donde no dejan entrar a nadie (más).

Afuera esperaban escritores que sabían que iba a llegar, estaban esperando hablando con él, pero no pudieron.

Yo no podía decir que era del Diario. Claro, a mí no me invitaron porque trabajaba ahí, me invitaron para acompañar a Borges, aunque en esa época se dijeron varias cosas,  que se dio preferencia al Diario; los que esperaban como que estaban un poco disgustados porque no les dejaron hablar con Borges, algunos tenían hasta libros para que se los autografíe.

¿Borges firmaba libros a la gente que se le acercaba?

Yo le pedí que me firmara un libro de poesías, lo tengo. Nomás me puso su firma: Borges. Ahí lo tengo.

El que sí me dedicó es (Gabriel) García Márquez, la segunda vez que vino (a Yucatán);  escribió: “Para mi entrevistador tenaz”, o sea terco (rememora riéndose), “con todo cariño”, burlándose, semejante dedicatoria.

¿Cómo firmaba él? ¿Con todo su nombre, con sus iniciales o un garabato?

Un garabato… Lo importante era la novela. Hoy hay gente que tiene hasta libreta donde colecciona autógrafos de autores.

La charla continuó sobre otros escritores con quienes el maestro Álvarez Rendón tuvo la oportunidad de convivir y entrevistar.

Borges murió en Ginebra

Menos de cinco años después del rumor de que murió en Uxmal, Yucatán, Borges falleció  en Ginebra, Suiza, el 14 de julio de 1986.

En 1985, a la edad de 86 años, le diagnosticaron cáncer de hígado, rehusó la quimioterapia y se fue a Ginebra a encontrarse con la muerte. “Ahora siento cierta impaciencia; me parece que debo morirme, y debo morirme pronto. Que ya he vivido demasiado. Y además, tengo una gran curiosidad”, dijo Borges en su ocaso, según reveló su hoy viuda, María Kodama, con quien se casó meses antes de morir.

Nueve años después del deceso de Borges, en 1995, el Ayuntamiento nombró al maestro Álvarez Rendón cronista de Mérida. Lo hizo  precisamente el 24 de agosto, a los 96 años del natalicio de Borges, quien decía que todos los tiempos, todos los hombres, son solo uno, un círculo infinito, eterno.

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