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David Silveti y la leyenda del “Rey”

David Silveti

Dejó un legado de faenas para tener en la memoria

Amigos aficionados…

No hace mucho platicaba con unos amigos sobre ciertas tardes que marcaron una época en los toros. Hay muchas, sí. Y de todos colores y sabores.

Recordaba en estos días la mención que hace el abogado Rafael Ramos a la anunciada despedida de Rodolfo Rodríguez “El Pana” en la Plaza México, que fue especialmente para eso y terminó siendo la resurrección del famoso “Brujo de Apizaco”.

Más atrás, el adiós del “Compadre” Silverio Pérez, las grandes tardes de Manolo Martínez, el último mandón del toreo (digan lo que digan, así fue), y otras muchas más.

Pero me vienen a la mente un par de acontecimientos que en lo personal calaron hondo. Soy silvetista desde siempre y ver a David Silveti prácticamente inmolarse en la Plaza México en sus dos últimas tardes, resulta, en lo personal, algo que es más que un hito. Para el toreo, para la universalidad de la Fiesta.

David Silveti, el hijo del “Tigrillo” Juan Silveti, sufrió gravísimas cornadas y no menos de 50 operaciones, que casi le dejaron sin caminar y, por ende, le retiraron del toreo, hasta que pudo volver luego de su enésima cirugía para prodigarse. Y las faenas ante “Solitario” y ante “Mar de Nubes” quedaron para la posteridad.

Hace unos días por azar en redes sociales pude ver la de “Solitario”. El torero hace su parte ante un toro parado. Hace lo que puede, porque las piernas apenas le responden y cada movimiento que da para bajar, subir y correr la muleta resultan una ola de sentimientos diversos, de una sensación que te permite gritar un “olé” a todo lo que puede darte el corazón y otra, de sufrimiento porque sabes muy bien que, al siguiente lance, se puede acabar todo si el astado lo derriba.

Para el recuerdo

Como la de “El Pana” con “Rey Mago” y su resurrección el 7 de enero de 2007, la de David a “Solitario” me dejó taurinamente enamorado de esta apasionante fiesta brava. Me contagió, claro, la ronca voz de Valeriano Sauceda “Giraldés”, que la narró en vivo. Fue una amalgama total, encrispando a los aficionados que hacen del arte páginas que recuerdan por siempre.

En una de más de 400 imágenes que recoge “Legado de la Fiesta en Yucatán”, un compendio por los primeros 90 años de vida de la Plaza Mérida, el “Rey David” aparece inmortalizado en fotos con su indulto a “Lunero”, de Sinkeuel, dando la vuelta al ruedo con Juan Castillo González, el ganadero de la dehesa yucateca de Maxcanú. Y sobre la imagen, su hijo Diego Silveti del Bosque, en una tarde que nos visitó en años recientes, nos pidió se la obsequiáramos, aludiendo que su padre recordaba esa faena entre las más grandes de su vida, con las de “Solitario” y “Mar de Nubes”.

Luego de sus dos ilustres pinturas en la México, cuando iba a recibir el trofeo a lo más destacado de la temporada grande, David se quitó la vida de un balazo. Y creció la leyenda.

Quizá por ello verle en esas dos faenas en Insurgentes, te parten el corazón. Compartes la lágrima del toreo, sientes tuya la casi suicida razón personal de pararse frente al toro, metiéndose en los cuernos. No había más que hacer que inmolarse.

Y así lo recordamos. Grandes faenas, gran torero y superior persona.— Gaspar Silveira Malaver

 

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