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Experta asegura que la aceptación ayuda a ser feliz

Foto: Megamedia

Muchas veces nos consideramos fracasados porque las cosas no nos salen como las planeamos o decepcionados de la gente porque se comporta de manera diferente a lo que esperamos de ella.

Aunque estos sentimientos son naturales, no son buenos porque pueden robarnos la tranquilidad e impedirnos disfrutar de la vida, ser felices, comenta Oralia Canepa Martínez, maestra en coaching directivo y liderazgo por la Universidad de Barcelona.

En esas situaciones conviene recordar que muchas circunstancias de la vida —la mayoría— no podemos controlarlas y que si nos resistimos a la realidad o la rechazamos, esos sentimientos negativos se harán más fuertes, más molestos, hasta convertirse en una fuente de sufrimiento, porque luchar contra una realidad que no podemos cambiar es un gasto de energía inútil y dañino.

La aceptación es una de las actitudes vitales que nos ayudan a mejorar como personas y vivir con mayor plenitud, señala la directora de Canepa Consultores, firma que brinda asesoría estratégica y de gestión a las empresas. “La aceptación es comprender que las personas y las situaciones que vivimos son como son y que no depende de nosotros que cambien”.

Muchas veces hemos confiado a amigos o familiares que determinada situación nos enojó mucho o nos hizo repensar nuestra relación con alguien. “Seguramente a todos nos ha pasado alguna vez. Y de manera consciente o inconsciente en nuestra cabeza no deja de revolotear la idea de que debimos de haber respondido de tal o cual manera y quisiéramos haber dejado de manifiesto nuestra inconformidad, nuestra protesta o desacuerdo”.

Y este tema no resuelto no solamente nos hace sentir incómodos, sino también nos genera ansiedad, depresión o simplemente un enojo que nos hace que nos atasquemos en un bache emocional que si no lo superamos, con el tiempo sigue creciendo, añade. Este tipo de situaciones emocionales que no resolvemos son el detonador de muchos otros males de nuestro tiempo, como el estrés y otras enfermedades.

Si no resolvemos, cargamos con el problema a donde vayamos, como una piedra en el zapato que nos recuerda que ahí está o como un baúl que llevamos de lugar en lugar y que aparte de ocupar espacio consume nuestras energías, nuestro ánimo, nuestra alegría y en no pocas ocasiones nuestra felicidad.

¿Cómo resolver esto?

Para encontrar una salida a esta intranquilidad, a este sufrimiento inútil, debemos aprender a aceptar. Tenemos que reconocer que la persona o personas con las cuales tenemos un conflicto o diferencia de opinión que tanto nos incomodan, no van a cambiar solo para agradarnos o para darnos la razón.

“Las personas son como son. Todas pasan por procesos de aprendizaje sobre las situaciones que viven y no somos responsables de su actuar, cada quien tiene que asumir ese compromiso”.

La aceptación de los demás se logra con empatía, comprendiéndolos, poniéndonos en su lugar, conociendo su realidad, sabiendo que sus reacciones obedecen a sus experiencias de vida, dice.

Escuchar

Para desarrollar esta capacidad hay que aprender a escuchar de manera activa: ponerse en silencio uno mismo y prestar toda la atención a la otra persona, no pensar en qué le voy a contestar, sino simplemente escucharla con verdadero interés.

“Si hacemos este ejercicio, comenzaremos a aceptar a las personas por quienes son y no por quienes queremos que sean”.

Rasgo común de los líderes

Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos encontrado con una persona que es un líder sensacional e inspirador, continúa Oralia. Este líder de alguna manera ha logrado aceptar la realidad y tiene un talento maravilloso para escuchar a las personas, dedicarles su atención en el aquí y ahora. El común denominador de los líderes auténticos es que pueden “aceptar” lo que viven.

Los líderes ocupan su espacio, pero dan el lugar que le corresponde a cada quien y son una fuente de inspiración. No generan conflictos, unifican. Tienen una gran capacidad de escucha y ellos son los que cambian, no los demás, considera.

Tolerancia y adaptación.

La experta en coaching advierte que aceptar no significa desafiar nuestras creencias y valores, sino entender que todos tenemos un marco diferente de creencias, valores y experiencias que nos complementan. Es un proceso de tolerancia y adaptación.

“Recordemos que el mundo y la realidad no cambian, los que tenemos que cambiar y movernos hacia adelante somos nosotros. Si aceptamos que la otra persona es diferente a nosotros porque mediante la escucha activa hemos detectado cuáles son sus ideales e intereses —que incluso pueden ser similares a los nuestros— comenzamos a ver en perspectiva la situación, la vemos desde otra silla diferente y comenzamos a dejar de resistirnos a la realidad”.

Aceptar tampoco significa pensar igual que el otro. Aceptar es ver una situación y entenderla, comprender por qué una persona actúa de una manera determinada, es saber por qué se ha dado un hecho que nos resulta difícil procesar. “Ver las cosas en perspectiva hace la diferencia”.

Aceptar es aprender a soltar y no quedarnos con lo que nos inquieta. Dejar de forzar las cosas, desprendernos de relaciones, sentimientos y momentos dolorosos o molestos, nos ayudan a resolverlos en lugar de seguirlos cargando.—D.Y.

“Soltemos lo que ya se fue, no lo retengamos. Soltemos a la persona, la situación y agradezcamos haber vivido esa experiencia”, aconseja la experta. “Preguntémonos que aprendimos y sigamos adelante, sin detenernos. Tenemos que decidirnos a ser felices todos los días y en todas las circunstancias”.

“La felicidad también se consigue después de aceptar que una persona o una situación no me traerán la felicidad, sino que yo soy feliz por quien soy y por mi vida misma”, sentencia.

Al entender que la vida es como es y que no todo puede ser bueno o agradable nos hacemos más libres y esto nos conduce a la felicidad y a la comprensión de nosotros como parte de una gran comunidad, finaliza Oralia (oraliaanepa@gmail.com).-

De un vistazo

Soltar

Oralia Canepa Martínez, maestra en coaching directivo y liderazgo, aconseja aprender a soltar y no quedarnos con lo que nos inquieta”.

Seguir adelante

“Soltemos lo que ya se fue, no lo retengamos. Soltemos a la persona, la situación y agradezcamos haber vivido esa experiencia”, aconseja la experta. “Preguntémonos que aprendimos y sigamos adelante. Tenemos que decidirnos a ser felices todos los días y en todas las circunstancias”.

Felicidad

“La felicidad también se consigue después de aceptar que una persona o una situación no me traerán la felicidad, sino que yo soy feliz por quien soy y por mi vida misma”, sentencia.

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