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Fue un parteaguas

Decenas de habitantes de Progreso y comunidades cercanas

 

Repaso a las horas eternas que vivió Yucatán por los embates del huracán “Gilberto” y su estela de destrucción.— En la entidad las cosas nunca volvieron a ser iguales

Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos (Ciafeme) de la Uady, asegura que la Península de Yucatán ha sufrido el embate de huracanes intensos durante toda su existencia y desde que se lleva un control escrito de estos fenómenos, a partir de 1890, se han observado épocas de mucha y de poca actividad.

La última gran actividad de los huracanes, dijo, terminó a fines de los años 60, y al final de los años 80 empezó una época de gran actividad que ha durado hasta la fecha y que coincidió con otro fenómeno: el calentamiento global, mismo que provocó un cambio climático y una nueva generación de estos fenómenos.

El meteorólogo relata que poco antes de la llegada de “Gilberto” se vivió una temporada en donde los ciclones tropicales dejaron descansar a la Península. La última afectación registrada fue en 1955 con los huracanes “Gilda”, cuya lluvia inundó Mérida, y “Janet”, que destruyó la ciudad de Chetumal.

Después vinieron otros ciclones tropicales pero sin gran afectación hasta que en 1966 y 1967 afectaron dos huracanes de importancia: “Inés”, que provoco la mayor evacuación nunca antes vista en Progreso, y “Beulah”, que arrasó Cozumel.

Tras esto llegó una etapa de “descanso” para la Península de Yucatán y solo se tuvo un susto en 1980 con el huracán “Allen”, que amenazó, mas no afectó, ya que se dirigió hacia el Canal de Yucatán y pasó frente a la costa norte de la Península.

Llegó 1988, y el 8 de septiembre de ese año nació la depresión tropical No. 12 en el océano Atlántico, la cual ganó intensidad y se convirtió en tormenta tropical, llevando por nombre “Gilberto”, ciclón que ya para el 10 de septiembre era un huracán intenso categoría 3 de la escala Saffir Simpson, y en el centro del mar Caribe.

“Mientras esto sucedía, en la Península de Yucatán se le prestaba muy poca atención a lo que ocurría con este sistema tropical, confiados ampliamente que no representaba ninguna amenaza real”, recordó el entrevistado.

Ante la gravedad de la situación en Quintana Roo, las autoridades yucatecas iniciaron con los desalojos de la costa noreste la tarde y noche del día 13 de septiembre e incluso al amanecer del día 14, cuando ya el huracán destruía el Caribe mexicano, parte de la costa yucateca y el oriente del Estado.

“Esa mañana en el interior de la entidad y en la ciudad de Mérida mucha gente se fue a trabajar, pero fueron retirados alrededor de las 10 horas, cuando las lluvias y rachas de viento provocaban los primero daños”, recordó Vázquez Montalvo.

“Gilberto” fue el primer huracán de la historia en afectar a la Península de Yucatán y costas mexicanas como huracán intenso, de categoría 5.

Tocó tierra al amanecer, primero en la isla de Cozumel, e ingresó a la Península por un punto de la costa entre Puerto Morelos y Playa del Carmen.

“El huracán ‘Gilberto’ fue un verdadero parteaguas en la historia del estado de Yucatán a tal grado que se puede decir que el estado estaba así antes de ‘Gilberto’ y ahora está así después de ‘Gilberto’”, aseguró el meteorólogo yucateco.

“Las cosas no volvieron a ser nunca iguales, provocó una destrucción jamás vista y la frase más usada fue: ‘por primera vez pasó esto’, ‘por primera vez pasó lo otro’, ‘esto nunca había sucedido con otros huracanes’. La población estaba incrédula ante lo sucedido y empezaron a tener mucho respeto por este tipo de fenómenos meteorológicos”, apuntó Vázquez Montalvo.

“Para quienes vivimos todo lo sucedido en esas larguísimas horas que se nos volvieron eternas en aquel momento fue algo que jamás se nos olvidará”, añadió.

“Recuerdo aquel ruido tan especial que hacía el viento al sacudir las estructuras, era algo para Ripley. Provocó muertes, eso sí, muchas de ellas por descuidos y falta de la cultura de la prevención, que no había en aquel momento y que ahora gozamos”, indicó. “La pregunta a 30 años de distancia es: ¿volverá algún día un huracán así?”.— Luis Alpuche

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