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Nada frena a los peregrinos: cumplen con las medidas para cuidar la salud

Un integrante de uno de los grupos de devotos guadalupanos que llegaron ayer al santuario de Tizimín. Llamó la atención que en sus motos llevaran cada uno un altar dedicado a la Virgen Morena

A pesar de las restricciones y prohibiciones, los antorchistas guadalupanos se hicieron presentes en las carreteras del interior del Estado.

Numerosos grupos desafiaron los retos nacidos por la pandemia del coronavirus. Por ejemplo, entre Timucuy y Acanceh, varios grupos cumplieron con la promesa del esfuerzo que significa ser “guadalupano”.

La fiesta tradicional en honor a la Virgen de Guadalupe que se celebra en Acanceh se suspendió por la pandemia. Sin embargo, no fue suficiente para impedir las carreras antorchistas.

Con cubrebocas, en bicicletas, con luces y sonidos preventivos, jóvenes y adultos recorrieron varios tramos carreteros. Las caravanas fueron mucho menos que antes de la pandemia.

En Progreso se observó a familias enteras, algunas procedentes de comunidades como Tecoh y Kanasín.

En Tizimín, Ventura Miss Caamal, de Xcalacoop, comisaría de Tinum, dijo que llevan 12 años de cumplir con la promesa: “No podíamos fallarle a nuestra morenita, la fe es primero”.

En Motul, Manuel Canché expresó que no importaba que no pudieran entrar al santuario, porque “es la misma fe que nos mueve a seguir peregrinando y la promesa de poder volver”.

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