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¡Que me insulten... no me afecta!

Un silbato de color rosa

Adriana Gutiérrez: arbitrar, cuestión de aptitudes, no de sexo

La única dama que ha arbitrado en un partido de la Liga Estatal de Primera Fuerza sabe que, a sus espaldas o de frente, se dirán muchas cosas. Los insultos, las ofensas y la actitud machista, misógina incluso, la mayor parte de las veces resbalan.

Lo que no puede pasar inadvertido para Adriana del Rosario Gutiérrez Gómez, menos en su condición de mujer, es que, si quiere repetir como juez central en la liga de mayor proyección en el fútbol semiprofesional tiene que estar preparada para hacerlo. O no funcionará. No es de cortesías.

En 2019, Adriana se convirtió en la primera mujer que actuaba como central en esta categoría. Los directivos de equipos, la misma liga incluso, pegaron el grito al cielo al ser anunciada. Pero luego de 90 minutos vertiginosos en un partido clave entre Seyé y Motul, su actuación fue aprobada.

Ese visto bueno fue el seguimiento de una trayectoria que, para la protagonista de esta entrega en los “Domingos Especiales de www.yucatan.com.mx”, bien podría para alcanzarle un buen libro. Una hoja de vida en la que nada le ha sido regalado.

Deportista desde la cuna, jugó fútbol, también básquet (seleccionada en la preparatoria) y si había béisbol en la calle, también. Ni se diga eso de correr. Pero… ojo: es mujer. Y allá comenzaban algunos de los sobresaltos, en una época en la que la igualdad de género estaba muy, pero muy lejos de ser lo que es hoy.

“Sí, se espantaban muchos. Pero, ¿qué puedes hacer como niña si eso es lo que quieres?”, se pregunta.

Y sí. Había que ir adelante. Jugaba en las ligas entre varones. Y siempre le quedaba el gusanito de saber por qué razón los árbitros tomaban determinadas decisiones en sus partidos. Llegó entonces un momento que cambió su vida: tras un partido suyo, el mismo silbante tenía asignado sancionar otro, pero tuvo un percance y alguien tenía que suplirle. Sí: ¡Fue Adriana!

De eso, hace doce años. “Nunca imaginé que eso pudiera suceder, aunque me gustaba, pero se dio. Y pues una vez arriba del barco, a seguir luchando”. El cambio fue diametral. Además de ese reto, ella, en ese entonces cerca de casarse, tenía otro objetivo ya bien trazado: una carrera profesional “porque quería ayudar a mi mamá en lo económico”, así que se matriculó en la licenciatura en Contaduría y Administración por la CTM, graduándose con notas altas. ¿Cómo le hizo?

“Ahorraba con lo que me pagaban en los partidos en que arbitraba o era bandera. Eso me ayudó a salir adelante, me permitió costear mi carrera”.

Iba de categoría en categoría, subiendo, lo mismo en torneos locales que con oportunidades de ir a eventos regionales y nacionales, tratando de compaginar el interés por seguir siendo oficial y su labor como contadora, en la dura tarea en la empresa privada. Pero ser juez central era complicado al extremo. No es lo mismo portar vestido o jeans y usar tacones para ir a la oficina que vestirse de árbitro.

“Y no, es que a veces no confían en las capacidades de las mujeres para hacer las cosas. Dejemos de lado que estemos hablando de fútbol. En la vida en general es así”. Vio a Virginia Tovar en 2004 ser la primera mujer en silbar en Primera División y pensó: “Sí puedo. Pero tengo que prepararme bien. Esa fue una motivación extra”. Eso es algo igual a la contaduría: “Cuando empiezas, te piden experiencia. ¿Y cómo, si estás empezando?”.

Llegó el momento: en el torneo 2018-2019, le avisan que será central del Seyé-Motul, clave porque peleaban el pase a la liguilla. “Se espantaron muchos, pero llegó el momento. Y no creo que me hayan engañado diciéndome que lo hice bien, porque esa fue la respuesta al final: ¡Bien, Adriana!”.

“Me han preguntado que si me molesta o me preocupa que me insulten. La verdad no, mientras no pierdas la cabeza. A veces, estás de juez de línea y detrás escuchas las cosas, pero tratas de no hacer caso. Y cuando estás de central, ni lo escuchas. Pero cuando tienes que tomar una decisión, con serenidad. Para sacar una roja, piénsalo bien”.

No ha tenido problema ni con las amarillas, ni con las rojas, ni en la vida, ni en el soccer. Lo reitera varias veces en la charla: “Si tienes capacidad, hazlo, al menos intenta. Arbitrar es de aptitudes, no de sexo”

¿Lo entenderán los varones?

“Dirán que son lesbianas o marimachas. Ya sabe las catalogan, la gente siempre habla. A final de cuentas es hacer lo que nos gusta sin importar el qué dirán”.— Gaspar Silveira

 

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