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Recuerdan noche “insólita”

El profesor Luis Pérez Salazar

Relatan testigos el incendio del Palacio de Tizimín 

TIZIMÍN.— Habitantes de esta ciudad recuerdan un hecho histórico ocurrido el 19 de noviembre de 1972: cuando el Palacio Municipal ardió en llamas en protesta por el cambio de sede de las corridas de toros.

Al acercarse a la media centuria de los hechos, personas que vivieron de cerca aquella agitada noche coincidieron que la gran mayoría de los pobladores estaban en contra que se haya construido el parque Juárez donde por más de 50 años se realizó la fiesta taurina.

El gobierno municipal era presidido por el entonces alcalde Luis Fernely Rodríguez Canto, quien fue presidente municipal en dos ocasiones.

Cristina Tello Correa, diputada de la primera corrida de toros no habla mucho del tema, pero recuerda que muchos de sus compañeros diputados fueron arrestados y llevados a la fuerza.

Esa noche cuando la policía buscaba de casa en casa a cada uno de los organizadores de la fiesta de Reyes, ella prefirió esconderse, pues no participó en aquel suceso y solo escuchó el escándalo y vio las llamas desde su casa.

“Lo único que puedo decir es que la gente se molestó porque cambiaron la sede de las corridas de toros”, expresa.

El profesor Luis Pérez Salazar, conocido historiador de Tizimín, relata parte de los hechos vividos aquella noche que dejaron marcado al municipio.

Como antecedente, dice que el ahora parque Benito Juárez se le denominaba la placita Romero donde por casi 100 años se realizaron las corridas de toros.

“Era un lugar histórico para los diputados de feria y la mayoría de los tizimileños no estaban muy contentos que les hayan alejado su fiesta, pero además se conjugó la inconformidad política”.

Recordó que esa noche estaban desde el techo del ex convento con otros compañeros porque se iba a realizar un festival en el recién inaugurado parque Juárez

“Desde la tarde se puso la tarima, sillas y eran casi las 6:30 p.m. cuando anuncian que no llegaba el conjunto. La inconformidad salió a luz y la gente se comenzó alterar; comenzaron como un relajo a tirar sillas, hasta que fue creciendo, los varones rompieron candados de una cantina que estaba enfrente y todos comenzaron a ingerir bebidas alcohólicas”.

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“De repente la gente llega con picos, barretas, sogas y comienzan a destruir el parque; en ese entonces estaba de moda el programa ‘Sube Pelayo, sube…’ y con esas porras iban animando a los hombre a trepar las luminarias hasta bajarlas”.

“Desbarataron las bancas, lazaron la cabeza de la estatua de Benito Juárez y la tiraron, rompieron tuberías del agua potable y desbarataron en su totalidad el parque.

“Cuando vimos eso nos bajamos al convento y nos dirigimos donde iba la gente, porque se dirigían al Palacio Municipal”.

Recuerda que el primer lugar en el que entraron fue en la Policía municipal, donde tiraron las escopetas, documentos, muebles y hasta liberaron a los presos.

“La gente que estaba resguardada en el Palacio corrió, hasta los policías huyeron.

“Los instrumentos de la banda de música las usaron y luego las lanzaban a la calle; en el Registro Civil, después que sacaron los documentos, les prendieron fuego y fue así que comenzó el incendio.

“Se pasaron a las oficinas de tesorería y agua potable y también le prendieron fuego, de pronto vimos cómo empezó a caer el palacio, a las 3 de la mañana ya se había consumado el hecho”.

El historiador recuerda que a las 5 a.m., cuando llegó el Ejército y judiciales comenzaron a detener a todo aquel que pasaba en caballo o bicicleta con su escopeta, pereció gente inocente que solo por ociosa fue detenida.

“Es un hecho que quedará marcado en la mente de los que vivimos esa noche insólita”, expresó.

Por su parte, Bernabé Quintal Basto, mejor conocido como “Don Cuqui”, fue fotógrafo del Ayuntamiento durante esa época.

Señala que fue una tarde cuando la gente esperaba un festejo en el parque Juárez cuando de pronto llega un tumulto y comienza a tirar sillas y todo mundo empieza a correr y resguardarse.

“No tenía mucho que se había inaugurado el parque, lo habían trabajado de noche y aunque muchos estuvieron en contra y pidieron al gobierno que se suspendiera no se hizo nada, eran ya indicaciones del gobierno del Estado.

“Apenas estaba entrando la noche cuando comenzó el relajo, las personas se escondieron en los comercios de enfrente, yo estaba aturdido no podía tomar fotos me resguarde en la casa de Javier Medina que vivía enfrente porque la gente me conocía como fotógrafo; me querían linchar y quitarme mi cámara.

“Los que estaban fuera comenzaron a tirar piedras, en varias ocasiones intenté entregarme, pero no me lo permitieron, hasta que se fastidiaron y se retiraron pero ahora comenzaron a destruir el parque, bajar las luminarias, la estatua de Benito Juárez, no sabemos de dónde sacaron sogas.

“Las mujeres, al ver a los hombre subir a las luminarias para lazar, comenzaron a gritar en coro ‘Sube Pelayo, sube…’

“Me fui al Palacio, pero de pronto se asoma toda la gente y comenzaron a entrar, los empleados y policías corrieron, las personas que estaban enfurecidas rompieron puertas, voltearon una camioneta y querían prenderle fuego pero no lo lograron.

“Sacaron todos los papeles, yo me retiré a ver a mi familia y ya no me dejaron regresar, desde la casa y de lejos vimos las llamas y la humareda: el Palacio se estaba quemando”

“Las vigas eran de madera por eso con facilidad se cayó y se quemó todo. A las 5:30 de la madrugada salgo y cuando llego al Palacio Municipal me encuentro al presidente con el jefe de la Policía del Estado pidiéndome fotos, pero no les pude dar nada”.

“Estaba amaneciendo cuando comenzaron a detener a la gente que pasaba, solo pude tomar fotos de los destruido que quedó el palacio. Eso le costó a Tizimín, su palacio municipal y parte de su historia que estaba registrado ahí”, recuerda.— WENDY UCÁN CHAN

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