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Ricardo Alberto Gutiérrez López: La huella del padre Ramón Bueno y Bueno

Foto: Megamedia

Los Cursillos de Cristiandad y otras actividades en Yucatán

Conocí a don Ramón en 1964, ya que fui invitado a pertenecer a la corporación de estudiantes mexicanos que tenía como finalidad llevar a Cristo a la universidad.

Todos los martes había reuniones en las cuales don Ramón nos enseñaba el camino para ser mejores cristianos y como profesionistas cristianos servir a la sociedad. Don Ramón nos cambió a todos para bien y nos guió para sembrar la semilla de Dios en la universidad.

Este año se celebraron 60 años del primer cursillo en Yucatán del cual fue el padre Ramón Bueno y Bueno uno de sus fundadores. Razón por la cual, hubiera deseado que obtuviera más reconocimiento por su labor, no solo una línea. Después de todo, él fue uno de los pilares de Cursillos de Cristiandad.

Como una referencia a su vida y su trabajo me gustaría destacar esta pequeña semblanza tomada del Diario de Yucatán:

“Don Ramón entró de muy niño al seminario y se ordenó sacerdote el 28 de agosto de 1948. Aún no era sacerdote cuando conoció al Arzobispo Fernando Ruiz Solórzano en su primera visita a limina (Roma) como II Arzobispo de Yucatán.

“En una reunión con alumnos, entre los que se encontraba el Padre Bueno y Bueno, expuso la falta de sacerdotes que padecía nuestra arquidiócesis; en el seminarista don Ramón (apunto ya de graduarse) calaron con profundidad las palabras de don Fernando, así que fue a verlo y éste le ofreció venir a Mérida.

“Al recordar este encuentro don Ramón diría ya muerto el Dr. Ruiz Solórzano: “Nos vimos, nos conocimos, nos quisimos y desde entonces comprendimos que debíamos estar unidos”.

“Así lo estuvieron 20 años, desde el 7 de marzo de 1949 hasta el fallecimiento de don Fernando el 15 de mayo de 1969. Nadie estuvo más cerca de él. Convivir con el señor Arzobispo ha sido el más grande don que he recibido en mi vida —declaró don Ramón a la muerte del señor Arzobispo—.

“El padre Ramón también fue maestro del seminario, capellán del colegio teresiano y director espiritual de la corporación de estudiantes mexicanos. Como director de los cursillos de cristiandad, puso todo su vigor y toda su ilusión. Fue su director hasta el mes de junio de 1974 cuando calladamente, después de 35 años en Mérida, regreso a vivir a Macotera (España).

“Era una persona enérgica y elocuente, ingeniosa y brillante, buen orador. Siempre les dio prioridad a los jóvenes y era muy solicitado para todo tipo de actividades espirituales, por su manera clara y directa de hablar. Su pasión por el cursillo incluso llevó la obra a latitudes internacionales (Costa Rica y Guatemala).

“Dedicó de su vida 35 de sus 41 años como sacerdote, 20 años como secretario del Arzobispo Ruiz Solórzano, 16 como catedrático del Seminario Conciliar de San Idelfonso y 13 como director diocesano de cursillos de la cristiandad. Su dedicación en todo lo que hacía hizo que quienes lo conocieron en persona tuvieran un profundo respeto hacia a él”.

Lamentablemente el padre Ramón murió a causa de un trastorno circulatorio en el pecho el 24 de diciembre de 1989. Ese mismo año en agosto vino a Mérida. Por diversas circunstancias no lo vi, así que me quedaba pendiente despedirme de él.

En el año 2000 pude hacer un viaje a Europa y fui a España con la intención de ir a Macotera, cosa que hice. Estuve en su casa y tuve la oportunidad de conocer a su hermana.

Su cuarto estaba intacto, tal como lo dejó cuando partió. Ahí se encontraba su ropa, su cama y la máquina de escribir que utilizaba. Resulta que su hermana era la cuidadora del cementerio, así que pude despedirme de él y rezar en su tumba, la cual tiene una leyenda; “se muere para vivir”.

Don Ramón movió muchísimos corazones y almas, las movió para hacer el bien, para ser buenos cristianos y definitivamente todas ellas son mejores hoy por haberlo conocido. Hoy existe en innumerables obras materiales que esas personas realizaron para servir a los demás.

La biblioteca de la Preparatoria México se llama Padre Don Ramón Bueno y Bueno. La palabra padre no está sobrando pues fue literalmente mi padre espiritual. Sé que no cumplí muchas de sus expectativas y de las mías, pero lo intenté y lo sigo intentando; fracasé y me pude levantar gracias a que don Ramón me cuida desde el cielo.— Mérida, Yucatán.

leconser@yahoo.com

Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado

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