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Se cumplen 94 años de la primera incineración de un difunto en Yucatán

pira funeraria
Imagen ilustrativa tomada de internet

Este 2020, cuando la cremación cobra auge por la pandemia de Covid-19, se cumplieron 94 años de la primera incineración de un difunto en Yucatán.

La primera persona incinerada en Yucatán fue Francisco Gómez Rul, quien fuera pintor, fotógrafo y masón y en su testamento expresó su última voluntad de ser cremado.

primera incineración YucatánFrancisco Gómez Rul, español avecindado en Mérida, es considerado el fotógrafo de Yucatán de principios del siglo XX.

La lente de Gómez Rul se centró en las zonas arqueológicas y en el Carnaval.

El hijo adoptivo de Mérida publicó dos libros, “Los llamados chacmooles encontrados en Yucatán” y “Uxmal”.

Gómez Rul fue suegro de Fernando Barbachano Peón, pionero del turismo en la entidad.

La primera incineración en Yucatán se hizo con una pira

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Imagen ilustrativa

Debido a que la entonces Cámara Legislativa  del Estado no autorizó la solicitud de Gómez Rul y otras personas para instalar un horno crematorio en Yucatán, la primera incineración de un cadáver se hizo en una pira en el Cementerio General de Mérida.

La primera incineración funeraria en Yucatán se realizó el sábado 17 de abril de 1926, año cuando según el Inafed la entidad tuvo tres gobernadores: José María Iturralde Traconis (1924-1926), Álvaro Torres Díaz (1926-1930) y Bartolomé García Correa (1926).

La crónica de la primera incineración en Yucatán

A continuación reproducimos la nota que el Diario publicó hace 94 años, el domingo 18 de abril de 1926, a una columna, para informar sobre la primera incineración de un cadáver en Yucatán:

“El cadáver del Sr. D. Francisco Rul fue cremado, al estilo de los primitivos cristianos griegos”

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La nota del Diario en 1926

Desde el momento en que se supo la noticia del fallecimiento del señor don Francisco Gómez Rul, la casa mortuoria se vio invadida por numerosas personas, especialmente por miembros de las diversas agrupaciones a las que él perteneció. Durante todo el día y en la noche, estuvieron haciendo guardia ante el cadáver los componentes de la Logia Masónica “Itzá”, de la que era Venerable  Maestro at vitam (en la vida, en latín). A las diez y media de la mañana de ayer, se efectuaron sus funerales con gran suntuosidad. El cadáver fue conducido en hombros, desde la casa mortuoria hasta el carro fúnebre que estaba situado en la esquina de las calles 63 y 64 (donde se ubica la iglesia de Monjas); numerosas coronas fueron ofrendadas, entre las que pudimos anotar las de las Logias Teosóficas “Mayab”, “Zamná” y “Amado Nervo”; de la Logia Masónica “Itzá”, de la  Orden de la Estrella de Oriente, de la cual era jefe en Yucatán; una de la Beneficiencia de Dependientes, y otras de los señores Arturo Cosgaya, Fernando Barbachano, Fernando Gutiérrez, Gerardo Manzanilla, y de sus numerosas amistades.

primera incineración yucatánAl llegar el cortejo fúnebre al Cementerio, el cadáver fue depositado en la cámara mortuoria,  en donde el señor Manuel Domínguez Zubieta, en nombre de las Logias Teosóficas de Yucatán, pronunció una sentida oración fúnebre. Le siguió en el uso de la palabra el señor Alfred Tamayo, en nombre de las diversas Logias Masónicas de la República.

Durante todo el día de ayer, los componentes de las Logias Teosóficas hicieron guardia de honor en la cámara mortuoria del Cementerio.

De acuerdo con la última voluntad del señor Gómez Rul y a solicitud de su familia, ayer mismo, a la puesta del sol y en presencia de un grupo de teósofos, algunos familiares del extinto y bajo la inmediata dirección e inspección de la Junta Superior de Sanidad, representada por su secretario, el Dr. Don Conrado Menéndez Mena, se procedió a la cremación del cadáver, conforme a la costumbre de los antiguos cristianos griegos, revistiendo el acto gran solemnidad, por el recogimiento con que fue presenciado.

Supimos que el señor Gómez Rul y distinguidas personas gestionaron en diferentes ocasiones ante la Cámara Legislativa del Estado la instalación de un horno crematorio de cadáveres aquí en Yucatán, tal como existe en la mayor parte de las ciudades de varios países cultos de Europa y Estados Unidos, sin haberlo conseguido, y a falta del horno en referencia, el cadáver fue colocado en una pira que se formó durante el día, para quedar reducido a cenizas.

Este es el primer caso de esta naturaleza que se registra en nuestro Estado.

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Incineración en el Yucatán prehispánico

Años después, en Mérida, se encontraron vestigios de una cremación que data de la época prehispánica. En 2011, el INAH informó sobre el hallazgo de dos entierros mayas en el parque Hidalgo, a 100 metros de la plaza principal de la capital yucateca.

Uno de esos dos entierros mayas consiste en restos de huesos calcinados y cenizas, estaban dentro de una vasija, así que “se piensa que se trató de una cremación”.

El primer horno crematorio de Yucatán

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Horno crematorio de Xoclán en 2002

El primer horno crematorio de Yucatán se instaló en Mérida, en el cementerio municipal de Xoclán, en 1982; tardaba tres horas en quemar un cadáver y tenía una chimenea que despedía humo, de acuerdo con los archivos del Diario.

El 27 de febrero de 2006 fue reemplazado por otro horno, marca Mathews y modelo Power Pack II, que se compró en $1.050,000, tardaba  de 90 a 120 minutos en incinerar el cuerpo de un adulto y su chimenea emanaba aire transparente 100% y libre de olores.

Ser incinerado costaba 245,000 pesos

En 1989, el entonces director de Cementerios de Yucatán, informó que la incineración implica un gasto de $245,000 ($180,000 de derecho y $65,000 por la caja), en tanto la inhumación cuesta mucho más, y que en el Cementerio de Xoclán se cremaban de 30 a 40 cuerpos al mes, contra 330 inhumaciones en ese mismo lapso.

Hay que tener en cuenta que los precios son de antes de 1993, cuando se les quitó tres ceros a los billetes y monedas que circulaban. Así los 245,000 pesos de 1989 equivalen a 245 pesos de ahora.

La aceptación de la incineración, de la tolerancia a la preferencia

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Aviso de una iglesia de Conkal, Yucatán

En ese mismo año, el entonces arzobispo, el hoy extinto monseñor Manuel Castro Ruiz, declaró al Diario que “la Iglesia (Católica) veía en la incineración un simbolismo pagano y por eso estableció penas muy graves para los católicos que la practicaban, salvo en casos de excepción. Últimamente, viendo que ya no es un símbolo pagano y por razones prácticas, la Iglesia ha quitado las penas que habían para la cremación y la ha tolerado”.

Hoy en día, la incineración tiene mayor aceptación entre los yucatecos y católicos —en noviembre de 2019 Lidia Durán Capistrán, ejecutiva de ventas de funerarias locales, dijo que el 85% de los clientes piden ahora la cremación—, y en varias iglesias ya se construyeron espacios funerarios con criptas que los fieles pueden adquirir para sus familiares incinerados.—  Flor Estrella Santana

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