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“Y ahí nació Miguel Gilberto”

Peripecias de una mujer que daba a luz en esos días

“Me faltaban tres semanas para dar a luz, pero con lo del huracán se me adelantó el parto, pues estaba muy nerviosa”, recuerda Aída María Cervera Buenfil.

Platicó que cuando empezó todo el movimiento por el huracán “Gilberto”, el 14 de septiembre, ella y su esposo, Miguel Ángel López Arceo, vivían en la colonia Pensiones y como se sentía bien decidieron quedarse en su domicilio y no trasladarse al hogar de los papás de Miguel, a espaldas de lo que hoy es Súper Akí Centenario.

“Al medio día me comenzó a doler la espalda y me empecé a sentir mal, pero no podíamos salir: estaba horrible la lluvia y el viento, no había celulares y todos los hermanos de Miguel se refugiaron en casa de sus papás, menos nosotros”, comentó.

Aída María recuerda que cuando pasaba lo que llamaban el ojo del huracán aprovecharon la aparente calma y se fueron a casa de su suegra. “Con todo y ‘panza’ nos fuimos y recuerdo que en la travesía de mi casa a la de doña Ligia tuvimos que transitar la avenida Itzaes y estaba toda inundada, muchos árboles en el suelo y en la radio pedían ayuda”, recordó.

Al llegar a la casa los regañaron por haber salido a esa hora, y como no había luz en ninguna clínica decidieron pasar la noche ahí, pero ya Aída María no pudo dormir nada.

“Todos jugaban o platicaban y yo con mis dolores. Así pasé toda la noche, me aguanté, porque no podíamos hacer nada, estaba horrible afuera y preferí aguantar y no decir nada”, comentó.

Amaneció el 15 y la futura mamá ya tenía sangrado. Lo tuvo que decir y empezó la odisea de buscar un quirófano para operar, pues ninguna clínica tenía luz. Buscaba algún hospital con equipo para saber si ya nacía el bebé, porque hasta esa semana le hacían los estudios para determinar si sería parto normal o cesárea.

El matrimonio recorrió la Clínica Mérida, el Hospital Juárez, la T-1 y en ninguno había energía eléctrica, menos ginecólogos. Por fin, en el Centro Médico de Las Américas, un quirófano funcionaba con planta.

“ Y ahí pegué el Grito y nació Miguel Gilberto … pero no le quise dejar así, por lo que le pusimos Miguel Ángel”.

La operó la prima de su esposo, la doctora Elda Arceo, con su papá, el doctor Luis Francisco Arceo Mendoza, quien vio todo su embarazo. “Cuando nació Miguel no había pediatra que lo atendiera y ellos mismos, la doctora Elda y el doctor Luis lo hicieron”.— Luis Alpuche Escalante

 

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