(Artículo publicado el 5 de marzo de 1999)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

No puedo evitar el profundo desasosiego que siento cuando, al leer las noticias que nos trae el Diario de Yucatán en el caso Medina-Abraham, veo al órgano de procuración de justicia del estado y al juzgado cuarto de defensa social embadurnados de mugre.

Basta analizar las contumaces negativas a permitir lo que pueda rasgar el velo del misterio y sacar a cielo descubierto la verdad de lo sucedido el 15 de noviembre de 1995. Podemos señalar como ejemplo el modelo de desobediencia de la Contralora adscrita a la Procuraduría General, que en abierto desacato a la justicia federal esquiva el cumplimiento de una sentencia e insiste en su absurda postura de no entregar unas copias a la doctora Marianela Espejo Salazar. O las marrullerías de la jueza Leticia Cobá Magaña, que en reciente junta de peritos, con porfía que indigna no accedió a que se observara una evidencia para determinar si, efectivamente, la prueba principal que acusa al joven Medina Millet fue practicada conforme a los protocolos científicos, para obtener un resultado certero. O las evasivas del señor Procurador, para no dar curso a ninguna de las denuncias que justamente reclama el acusado, con elementos contundentes de los que el Diario nos dio constancia gráfica en la pasada edición dominical, evasivas que nos llevan a la conclusión que se ha edificado un tabernáculo que alberga las arcas de la injusticia ejercida por funcionarios que están propiciando que Yucatán sea el líder de la deshonra en materia de administración gubernamental.

No, señor Gobernador, no. Gobernar a un pueblo no es solamente repartir bicicletas como usted lo hace, prolongar muelles, inaugurar centros de convenciones o pronunciar discursos demagógicos para exaltar su imagen. Gobernar es también velar por la cabal administración de justicia; es, dentro de la esfera de sus atribuciones y con el respeto a la independencia de poderes, no permitir ninguna burla a la ley. ¡Cómo es posible que una jueza haga y deshaga a su antojo lo que mejor conviene a los poderosos y usted lo permita! ¿Cómo es que sigan gozando de impunidad los funcionarios de la Procuraduría General que viciaron todo un expediente para someter a encarcelamiento a alguien que no lo merece y usted permanece impávido ante tales acontecimientos que denigran a su gobierno? Los ciudadanos de este sufrido jirón de la patria, ¿sabremos algún día la respuesta?- E.R.A.- Mérida, Yucatán, marzo de 1999.

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