(Artículo publicado el 14 de julio de 2006)
Por Eugenio RIVAS ALONSO
¿Qué relación puede haber entre Yucatán y la joven francesa que 316 años después de su muerte llega con sus reliquias a hacernos una visita de tres días? Hija de juez y notario, Margarita María de Alacoque definió desde su nacimiento hasta su muerte la existencia de una víctima: pobre, enfermiza, impresionable, torpe, miedosa.
Su amor propio intensificaba sus sufrimientos. Cuatro años en cama con fiebre reumática. A los nueve años la clorosis: anemia en que la piel se pone transparente, o toma la palidez de la muerte, y los huesos llegan a perforarla. Las úlceras pestilentes que atormentan su juventud.
Vive contra la corriente. Cuando está sana, su madre la lleva a fiestas y devaneos sociales, la disfraza en el carnaval, la quiere casar con un buen partido para que el matrimonio de un solo golpe saque a la familia de la pobreza.
Vence una tras otra las barreras que le ponen a su vocación religiosa. Profesa a los 23 años en el convento de las madres de la Visitación de Nuestra Señora. Sus éxtasis y visiones, sus revelaciones se encuentran con la burla, la humillación y el desprecio de monjas y superiores: la tratan de idiota y endemoniada.
Esta mujer incomprendida, que padece en el anonimato una vida zarandeada por el infortunio, es la escogida para poner la primera piedra de uno de los cultos fundamentales de la Iglesia Católica. Por deseo personal de Jesucristo, expresado en apariciones, Margarita instituye en diciembre de 1673 la práctica piadosa de comulgar los primeros viernes de mes. Es ella quien establece el 21 de junio de 1675 la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Es un culto destinado precisamente a reparar los agravios de la humanidad al corazón de Jesús en una época en que la herejía, la ambición, la molicie y el relajamiento en general de las costumbres propician en la cristiandad una decadencia política y moral que, como uno de sus síntomas, aleja a los hombres de la Eucaristía.
Jesucristo se abre el pecho y muestra a la monja la imagen del corazón que vemos hoy en las estampitas, en los estandartes, en los cuadros, en las imágenes: un corazón “más brillante que el sol y transparente como un cristal, con una herida claramente visible, rodeado por una corona de espinas y con una cruz por encima”.
“He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres -dice a Margarita- y sólo recibe la ingratitud de la mayor parte de ellos… y lo más doloroso es que son los corazones que se han consagrado a mí los que me tratan así”. Clara alusión a sacerdotes y monjas.
La práctica heroica de las virtudes termina por imponerse: Margarita muere en olor de santidad. 230 años después, cuando el penúltimo Papa que ha tomado el nombre de Benedicto, nos referimos a Benedicto XV, la canoniza el 13 de mayo de 1920, ya es una institución de la Iglesia este culto en que se presenta a la Eucaristía como un camino hacia la solución de los problemas de estos tiempos: el ejercicio de los valores y las virtudes cristianos.
Durante los 44 años de la existencia de Margarita, desde su nacimiento en 1647 hasta su muerte en 1690, ¿cuáles son los sucesos de Yucatán y quiénes sus protagonistas? En 1647 es gobernador Marcos de Torre y Rueda, un avaro poco recomendable para los altos cargos… En 1648 una epidemia de peste se propaga por la península y causa grandes estragos. Entre los muertos está el gobernador Esteban de Azcárraga… En 1650 cunde “una de las hambres más espantosas” en tiempos de la Colonia, “con todos sus horrores”… En 1651 muere en la cama de su aposento, apuñalado en el corazón -unos dicen que por una mujer-, el discutido gobernador: el Conde de Peñalva. Lo habían acusado de ser la causa del hambre por acaparar y encarecer el maíz hasta agotarlo… En 1660 los piratas infestan y saquean los puertos peninsulares. Ante la amenaza de que Lorencillo invada y tome Mérida se planea e inaugura, en 1669, la famosa Ciudadela de San Benito, más o menos donde se alza hoy el polémico mercado construido en el ayuntamiento de Ana Rosa Payán Cervera… El historiador Eligio Ancona dice que la segunda mitad del siglo XVII, la que comprende la vida de Margarita María de Alacoque, es “una época aciaga” para Yucatán.
Ancona, Cogolludo, don Nicolás de Lara nos dicen que los protagonistas de la época aciaga son: gobernadores que explotaban su posición para satisfacer su inmoderada ambición de riquezas y su afición a los placeres… Autoridades que subastan los cargos… Obispos intrigantes, ávidos de poder… Párrocos que caen en censurables excesos y rigores con sus exigencias de limosnas y remuneraciones a cambio de sus servicios… Frailes que se convierten el púlpito en escandalosa tribuna de ataques políticos o llegan a la agresión para proteger sus privilegios económicos… Jueces que por sus “extorsiones” y su “fatal influencia” son “un espanto”, pues “con su solo nombre causaban horror a la clase indígena”.
No todo está podrido en Dinamarca, claro. En lo peor de la peste que diezma a la población, Mérida no pide más doctores o medicinas: pide que le traigan a la Virgen de Izamal. Los indios de la ciudad de los cerros la conceden en un préstamo de 17 días: cuatro para el viaje de ida, nueve de estancia y cuatro para el retorno al santuario. La capital sale al camino a recibirla, la pasea en procesión por las calles, libera a los presos para que la aclamen, saca a los enfermos a la calle para que los vea, la veneran en las visitas a los templos… Milagro tras milagro se va la peste. Cuando la vida aprieta, la sociedad yucateca vuelve los ojos a su fe.
Entre los sucesos de Yucatán y sus protagonistas durante el medio siglo en que vivió Margarita María de Alacoque, ¿hay alguna semejanza con los sucesos de Yucatán y sus protagonistas cuando, tres siglos después, las reliquias de la santa nos vienen a visitar? Como lo fue en el siglo XVII, ¿es la decadencia de los valores y las virtudes cristianas la verdadera causa de los problemas? ¿Qué puede significar, cómo podemos interpretar que hoy venga a vernos la fundadora de un culto destinado a reparar agravios e ingratitudes? Cuando, terminada una contienda política, iniciamos una temporada de reflexión antes de comenzar otro año escolar y empezar a prepararnos para nueva contienda política en 2007, ¿debemos, como Mérida en 1650, volver los ojos a Izamal y todo lo que representa?- Mérida, Yucatán, 13 de julio de 2006.
