(Primera Columna publicada el 30 de agosto de 2008)
Con cascos en la cabeza, como medida de precaución, César Pompeyo y don Vittorio Emmanuele Zerbbera y D’esacatto, doctor en mafiología por la Universidad de Palermo, analizaron ayer por la mañana con el reportero, en la Plaza Grande, el sentido, las interpretaciones y las perspectivas de la siembra masiva de decapitados en Yucatán.
—¿No te parece aventurado el título de “Matanza en Mérida” que le pusiste a tu primera plana, reportero? ¿Estás seguro de que los ejecutaron aquí?.
Con estas preguntas y apoyado en las investigaciones y experiencias de sus laureados estudios sobre el narcotráfico y el gangsterismo, sus métodos y sus metas, el doctor Zerbbera (con zeta y doble bb) propuso en la banca de costumbre una lectura entre líneas sobre el significado de las decapitaciones:
1. Su objetivo es nacional. Es la primera respuesta oficial de los barones de la droga a las 74 medidas de combate y prevención dispuestas en la ciudad de México por el presidente y los gobernadores.
Han escogido a Yucatán como medio de aviso porque es un estado con antigua fama —¿antigua nada más, César?— de estado tranquilo. A ustedes los utilizan para llamar la atención. En Ciudad Juárez, Culiacán o Tijuana, les cito tres nombres al azar, la siembra de cadáveres mutilados ya no es noticia. Ya se acostumbraron. Noticia por esos lares es que pase un día sin encajuelados, ejecuciones, secuestros y tiroteos.
2. Tiene relación con el número uno. La matanza fue en Quintana Roo, Campeche u otro sitio. Trajeron a los decapitados en avión o camión, envueltos en las mantas encontradas en Chichí Suárez. Pregunta, reportero, a la policía a qué hora fueron asesinados. Pide la publicación del parte de los médicos legistas que por ley deben practicar la autopsia. La hora de la muerte nos permitirá reforzar o descartar esta hipótesis del transporte de los cadáveres.
3. El decapitado de Buctzotz es una pista falsa. Se busca desorientar y confundir con la mira de desviar las pesquisas judiciales.
4. Las decapitaciones son un aviso de que los jerarcas de la droga han declarado a Yucatán en estado de guerra. Aviso espectacular, porque el récord anterior de México era de seis cabezas arrojadas a un bar del centro del país en 2006. Guerra intestina que ha llegado a un nivel de emergencia que exige una advertencia de ese calibre. Nos basamos aquí en la certidumbre, o por lo menos conjetura bien fundada, de que en Mérida está el centro motriz, el comando neuráligico del tránsito y la distribución de cocaína y de otros estupefaciantes con destino nacional e internacional.
Para robustecer esta teoría, don Vittorio abre un sobre manila y saca unos recortes de informaciones del “Diario”: “La capital yucateca es la principal ruta de envío de cocaína a Estados Unidos y está reconocida mundialmente como una de las rutas principales para el envío de droga a Europa” (30 de noviembre de 2007). Informante: la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
5. Tanto ha crecido el consumo de drogas en Yucatán, que se ha convertido en apetecible, tentador mercado. Los carteles recurren ya a la violencia, cada día en mayor grado, en sus enfrentamientos por el control de los sistemas de suministro a los yucatecos.
—No les han faltado a ustedes los avisos —indica el signore Zerbbera—, pero parece que no les hacen gran caso, a juzgar por la manera en que viven y las cosas que hacen con el alcohol, el sexo y la droga sin que les quite el sueño. Oigan esto: “El consumo del crack, el éxtasis y las metanfetaminas son las drogas de moda entre los jóvenes yucatecos”. Es el resumen de una nota publicada por tu periódico, reportero, el 28 de abril de este año.
—¿Recuerdan esto? —Continuó el italiano—: “Los recientes asesinatos en Yucatán, incluyendo a un decapitado, son la parte más visible de la lucha por el control del narcotráfico en esa zona” (12 de junio de 2008. Es un informe del Centro Nacional de Inteligencia contra las Drogas de Estados Unidos. El mismo Centro nos advirtió sobre la alianza que, con el nombre de “La Federación” han formado dos carteles para dominar “el corredor Yucatán-Caribe”.
6. Algo ha sucedido en Yucatán que ha exigido una represalia escandalosa. Alguna autoridad con un pendiente insoluto o deudas vencidas con el narco. Alguna disposición, como los retenes de vigilancia, que pueden afectar en calles y carreteras el libre tránsito de la droga. O sucesos como la clausura de los dos prostíbulos de lujo regenteados en Mérida por una madame y frecuentados por políticos locales de alto coturno y capos del narcotráfico establecidos en esta ciudad.
— ¿Qué hay detrás de esos prostíbulos? —Se preguntó don Vittorio—. Desde Palermo, que se entera de todo, me señalan un detalle sorprendente. Se refieren a la aparente incongruencia de que se mencione a elementos de la Agencia Federal de Investigaciones como presuntos protectores de la madame y se publique al mismo tiempo que fueron fuerzas de la misma Agencia (AFI) quienes clausuraron ambos lupanares.
7. La conexión cubana con sede en Miami funciona con éxito creciente en las cabezas de playa que ha conquistado en Mérida. Se asegura que en residencias del norte o en restaurantes, antros y otros giros negros, propiedad suya, gestionan y ultiman los ilícitos que se les cuelgan y los delitos que se les atribuyen: tráfico ilegal de refugiados, trata de blancas, lavado de dinero, venta de droga, liquidación de disidentes e infractores. Negocios que pueden ser una agresión a los intereses de los carteles.
Con información amplia, suficiente y oportuna que ustedes, los periodistas, deben reclamar, las autoridades pueden y deben contribuir a la evaluación de estas siete hipótesis que vía satélite me envió ayer el laboratorio de la Universidad de Palermo que analiza las actividades delictuosas en los escenarios continentales de la mafia y el crimen organizado. Una información, reportero, que sobresalga por su transparencia. Transparencia que transmita la voluntad de buscar, encontrar y aclarar en vez de la intención de ocultar y encubrir.
—En fin, César, que ya tenemos cuerda para rato. Ustedes ya no son lo que ustedes fueron. Poco o ningún valor le queda a la frase famosa de “Cuando se acabe el mundo nos venimos a Mérida”. Palermo me asignó una plaza en Yucatán cuando Sicilia, a la vista de la inversión y el derroche de tanto dinero, decidió que Mérida era el paraíso de las familias de los narcos, la ciudad prohibida para la violencia. La cuestión es qué van a hacer los yucatecos para que su capital, otrora la “tacita de plata” de la nación, no continúe, sobre cadáveres mutilados, su rumbo hacia su ubicación, en el mapa de la delincuencia, como metrópoli mundial del bajo mundo, cuartel general de sicarios y frente de batalla para dirimir sus conflictos y generar su expansión.
