(Primera Columna publicada el 5 de marzo de 2009)
Los yucatecos tienen a la vista a esta hora dos maneras opuestas de ejercer la autoridad. Recomendable una, porque denota un entendimiento claro de las responsabilidades de los funcionarios públicos. Lamentable la otra, porque delata un sentido extraviado, si es que no viciado, de los deberes y compromisos de los gobernantes. El contraste, muy marcado, reviste especial interés porque estamos en vísperas de elecciones.
La manera recomendable está representada por las decisiones espontáneas del alcalde César Bojórquez Zapata de abrir las puertas de su administración a cualquier ciudadano, a los profesionales de la contabilidad e incluso a sus adversarios políticos, como son los regidores de la oposición y la Procuraduría, para que se cercioren, con las investigaciones pertinentes, de si es cierto que Cecilia Flores, ex directora de Comunicación Social del Ayuntamiento, no utilizó fondos públicos en los infortunados negocios personales que el viernes último ocasionaron su renuncia al cargo.
El presidente municipal anunció de inmediato que ha dispuesto una auditoría interna y contratado otra, externa, para que verifiquen si hubo inversión de recursos del erario en las actividades particulares de la funcionaria dimitente.
También de manera espontánea, Acción Nacional, partido al que pertenece el alcalde, se solidarizó sin reservas con las solicitudes de una revisión independiente de la hacienda municipal y del castigo que corresponda al empleado que haya dispuesto de recursos de la Comuna para apoyar las actividades personales de la renunciante.
El señor Bojórquez y su partido están ofreciendo un ejemplo de funcionarios públicos y dirigentes políticos que toman la iniciativa de ser los primeros en informar sobre un asunto que podría afectar su buen nombre y, en defensa de éste, son los primeros también en ofrecer y pedir una averiguación ajena, imparcial, que deslinde responsabilidades y esclarezca el conflicto, de modo que los contribuyentes obtengan las comprobables garantías de rectitud administrativa en la gestión municipal.
No ha sucedido lo mismo en el Congreso local, donde los diputados del PRI propusieron anteayer que la Contaduría Mayor del Poder Legislativo practique una investigación a fondo que determine si el Ayuntamiento meridano es culpable de una intervención ilícita en el caso de la señorita Flores. La proposición priista fue aprobada sin debate, porque votaron a favor todos los diputados del PAN, en una manifestación colectiva de civismo.
Los legisladores panistas solicitaron luego que el Congreso, en una resolución semejante, apruebe una auditoría independiente de los fondos públicos que el Gobierno del Estado ha invertido en las reparaciones al avión de su titular, Ivonne Ortega Pacheco, y en el concierto de Plácido Domingo en Chichén Itzá. Se trata de gastos polémicos, porque la administración de la señora Ortega Pacheco, surgida del PRI, se niega a informar cuánto costaron las composturas de la aeronave, a pesar de los expresados temores de que se haya cargado a la hacienda pública, por esos trabajos, una cantidad inflada que podría ser mayor que el precio de un avión nuevo de los mismos marca y modelo. Igual suerte han corrido las frecuentes demandas de que el Gobierno del Estado informe sobre el costo del espectáculo que el tenor español presentó en la ciudad maya. No, no y no, como en la canción que Olga Guillot hizo famosa.
Regresemos a la sesión de anteayer en el Congreso. Todos los diputados del PRI se negaron a secundar la proposición del PAN y, validos de su mayoría, impidieron que la Legislatura pida al Ejecutivo estatal que proporcione los informes que se niega a dar. En otras palabras, en el mismo acto el PAN apoya la solicitud del PRI de que rinda cuentas una autoridad panista, pero el PRI rechaza la del PAN de que rinda cuentas una autoridad priísta.
Esta actitud tan vulnerable del partido de Ivonne Ortega evoca refranes que le vienen como anillo al dedo: Que se haga la voluntad de Dios, pero en los bueyes de mi compadre… Ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el nuestro… Árbol que crece torcido jamás su tronco endereza.
Pésimo servicio hacen los diputados del PRI a las aspiraciones electorales de su partido al presentar este nuevo ejemplo del obcecado criterio partidista que distinguió a sus antecesores durante los 70 años que usufructuaron el dominio absolutista del poder. ¡Qué pena! Esperábamos que se hubiera superado este trasnochado sectarismo político.
A pesar de todo, creemos que puede haber personas de buenas intenciones entre los diputados del PRI. Lo malo es que poco o nada valen si están supeditadas a las órdenes precisas del gobernante, si han recibido instrucciones terminantes que en cada ocasión les imponen, como primer compromiso, proteger a ultranza los intereses peculiares del partido, a toda costa, aunque al hacerlo atropellen el sentido común, los intereses del pueblo y las normas indispensables del buen gobierno.
Ojalá que la dirección nacional del PRI, la local o la misma Ivonne Ortega, en una muestra de la buena voluntad que sus adversarios políticos les están restregando en la cara, acuerden someter al escrutinio público independiente las cuentas del avión y el concierto. Por cierto, ¿se atreverían los candidatos priístas, en un testimonio de libre albedrío, a expresar su opinión sobre estas testarudas incongruencias que tanto los lastiman?
