(Artículo publicado el 25 de febrero de 2010)
“Yo no quiero que un cobarde sea el próximo líder de nuestra nación” —dijo la rubia Yulia Tymoshenko, candidata a la presidencia de Ucrania, la vecina de Rusia, cuando su adversario en las recientes elecciones presidenciales, Viktor Yanukovych, se negó a un debate público entre ambos.
“Me dicen que es inútil, que es un error discutir con una mujer… Y si es una mujer, se debe ir a la cocina” —contestó Yanukovych.
En Yucatán se presenta de otra manera esa ausencia de debate. Ivonne Ortega Pacheco proyecta la imagen de una funcionaria empeñada en ignorar las críticas a su gobierno. Puerta cerrada o plantón a quien no esté de acuerdo con ella, a quien ella tema o sospeche que le pueda decir algo que no sea de su agrado.
Se está rodeando de un blindaje de halagos y servilismos que, según parece, la hacen inmune a un consejo saludable. Una inmunidad que impide la rectificación de rumbos extraviados y favorece la terquedad de hacer precisamente lo contrario de lo que se le sugiera o empecinarse en continuar aquello que se le censura.
Esa falta de debate y ese exceso de blindaje, que impiden el diálogo civilizado entre gobernantes y gobernados, suelen generar en el pueblo un estado de irritación creciente que busca válvulas de escape como la rechifla torrencial que recibió la jefa del Ejecutivo en el poliforo Zamná y la obligó a bajarse del cuadrilátero.
La rechifla puede tener una causa ucraniana: que la gente esté convencida de que discutir con Ivonne Ortega es inútil. Que esperar de la gobernadora una respuesta es vivir en el error. Hay que ver, padecer y aguantar. Aplaudir con obediencia de rebaño. Callar en una confesión de cobardía. O chiflar.
Que se preocupe el PRI. Que se preocupe si, como afirma este partido, la rechifla fue organizada y ejecutada por el PAN en su estrategia de “guerra sucia” electoral. Si son panistas, si son enemigos de Ivonne los ocho mil espectadores que llenaron el estadio de silbidos estamos ante una capacidad de convocatoria, ante una demostración de fuerza que es toda una hazaña política.
Si no es plan de guerra sucia, que se preocupe también el PRI: la rechifla es un aviso de que la Magdalena no está para tafetanes ni la gente para chifladuras. Es la advertencia de que “no nos vamos a quedar chiflando en la loma”: el chiflido, vestido de plebiscito, puede bajar de la loma a las urnas y convertirse en voto.
Sobran los motivos de preocupación para el PRI. El partido y sus candidatos, sobre todo Angélica Araujo, son todos criaturas de Ivonne Ortega, creados a su imagen y semejanza. La lluvia torrencial de chiflidos los empapa a todos.
Estamos ante un aviso que el PRI no quiere aprovechar, como lo demuestra esa salida inverosímil de “guerra sucia” que le busca dar a la espontánea catarata de silbidos a boca limpia y a pulmón crecido.
Si interpretamos a la ucraniania la defensa a ciegas o el silencio cómplice que se hace o se guarda en el PRI cuando se trata de críticas a la gobernadora, se podría pensar que la blonda Timoshenko diría que los cobardes no pueden ser los líderes del estado. Preferimos callar lo que podría decir Yanukovich sobre la rechifla: ya vimos, en el primer párrafo de este escrito, que Viktor mandó a Yulia a la cocina. ¡Quién sabe a dónde mandaría a Ivonne Ortega! En boca cerrada no entran moscas.— Mérida, 25 de febrero de 2010.
