(Artículo publicado el 3 de febrero de 2010)
La palinodia que canta Ana Rosa Payán en los umbrales del PAN, o sea, su retractación pública de una deserción política que ha sido piedra de escándalo, es un golpe de timón que puede modificar el rumbo de la nave política yucateca y orientarla mejor hacia la democracia.
Hay varias maneras de ver el perdón. Nosotros proponemos la tesis de José Ortega y Gasset: el filósofo español proponía juzgar al hombre no sólo por él mismo sino también por las circunstancias que lo rodean, que en el caso que nos ocupa están bien explicadas por tres factores:
1. El personal. Por el olor contestatario que la acompaña, por ese cariz de desafío al “establishment” que le asignan, por el ánimo restaurador que se atribuye, la precandidatura panista de Salvador Vitelli le abre a Ana Rosa la puerta que esperaba, o buscaba, para regresar al redil en una forma compatible con las reclamaciones que hizo al partido para justificar su desvío separatista, esto es: a un precio que no le deje cicatrices muy visibles en la cara. Hay cierta lógica que asocia el momento que se escoge con el fin que se persigue.
¿Es una muestra sincera de arrepentimiento? ¿Es un des plante oportunista para recuperar mañana la abandonada estatura de líder que fue adquiriendo en su paso por las alcaldías, las curules de diputada, los escaños de senadora y la presidencia de su partido? ¿O es un caballo de Troya que por rencor o recompensa se presta a las estrategias diseñadas para dividir a Acción Nacional?
2. El factor doctrinario. ¿Tiene cupo el perdón dentro de la moral y la disciplina predicadas por los principios y las normas del PAN?
3. El electoral. ¿Es favorable el perdón a las esperanzas y expectativas del PAN en las elecciones de mayo? Un factor polivalente:
a) ¿Será un síntoma de debilidad, un mal ejemplo que fomente la pugna y la aventura? ¿Una ofensa que los fieles se sientan tentados a repudiar en las urnas?
b) O, todo lo contrario, lejos de desgarrar, el perdón sea una terapia reconstructiva que tenga el efecto de favorecer el acercamiento de los descontentos, de los disidentes, en gesto generoso de buena voluntad que lejos de alejar un solo voto atraiga a los que se fueron. Una medida profiláctica, prudente y sabia, como aconseja el Evangelio, que minimice y devalúe los odios y los recelos, los antagonismos, protagonismos, personalismos y tantos otros ismos que salen a bailar en las denuncias que divos y santurrones se lanzan desde uno y otro lado de la acera.
c) El perdón puede también confinar a un aislamiento inofensivo a la intransigencia recalcitrante que no admite otro curso de acción que aquel dictado por sus pasiones y sus apetitos.
d) Alguien dirá que ella no llega sola sino seguida por el peligro de indeseables y desacreditados que la han acompañado y aclamado en el destierro. Un peligro que es tan fácil de exagerar como de conjurar, porque se ha pedido perdón sin fijar condiciones ni exigir garantías. Porque se puede conceder sin contraer un solo compromiso.
e) Y ese perdón al extraviado que regresa puede contribuir además a devolver al servicio activo los valores que están relegados al pasivo porque se hace caso de las arremetidas de sus enemigos, que no tienen más origen que el miedo que revela su incontinente inconsistencia. ¿Dime a quién atacas y te diré a quién le temes?
¿Cuáles son, entre todas, las opiniones recomendables? Nosotros proponemos un enfoque ciudadano, no partidario: la necesidad de una oposición fuerte, temible, que tenga una probabilidad viable de triunfo, de manera que obligue al sistema que gobierna al estado y a sus candidatos a rectificar su equivocado curso actual de acción y omisión, so pena, si no reconocen y enmiendan sus desaciertos, de perder el poder que hoy pretenden consolidar con la reconquista a cualquier costo de la alcaldía de Mérida.
Concretamente: ¿fortalece a la oposición y favorece a la democracia la solicitud que Ana Rosa Payán Cervera le plantea a su partido? ¿Le conviene a Yucatán una respuesta positiva a la hija pródiga que regresa a pedir perdón?— Mérida, Yucatán, 2 de febrero de 2010.
