(Primera Columna publicada el 24 de junio de 2011)

A su regreso de Europa, donde atendió algunos asuntos particulares y asistió a un juego del Manchester United y el Chelsea en el estadio londinense de Wembley, don Vittorio Zerbbera se reunió en el parque de San Juan con César Pompeyo y una multitud inesperada que se congregó alrededor de la fuente.
Una multitud vociferante de carboneros, carretilleros, cocheros, lustrabotas, choferes, albañiles que descansan los lunes y fámulas que se van el sábado y regresan el martes al mediodía, cuando la señora ya cocinó, lavó y planchó.


El tema de la asamblea, propuesto por un cochero encabritado, fue un proyecto irreversible para cavar un túnel que comenzaría en el parque de San Juan y terminaría en la plataforma central de la Plaza Grande. La plataforma donde antes tocaba los domingos la banda de música de la Inspección de Policía y ahora se levanta el astabandera monumental.


Un proyecto secreto para comunicar los dos parques con un subterráneo que partiría debajo de un almendro de la calle 69, recorrería la 62 y atravesaría la 63 antes de asomar frente a la Catedral.


—Como les pasa a los “hospitalistas” de Valladolid y a los vecinos de Chelem, el gobierno no nos hace caso —habló el cochero—. A las señoras del ayuntamiento les comió la lengua el gato: cuando se les pregunta sobre los túneles no dicen ni pío.


—No sabemos si es chisme o filtración —añadió un albañil—, pero nos aseguran que quieren hacer un túnel para llevar agua de la fuente de San Juan a la Plaza. Que lo van a terminar antes que el hospital, el museo de la ciudad, el palacio de la civilización maya y la investigación sobre las facturas fantasmas y los vales (préstamos) que se autoriza a sí mismo ese secretario Bojórquez. Por mí, que se los lleve la tostada (corrección).


Un carretillero explicó lo que ha trascendido: el agua de la fuente de San Juan servirá para regar los laureles y los arbolitos de la Plaza Grande, al mayor costo posible, con un ramal de boca ancha al palacio municipal, para llevar a los regidores la mitad de la inversión. “Que se vayan todos al demonio” (corrección).


—Leímos en la Primera Columna de ayer —prosiguió un carbonero— la descripción que ustedes, don César y don Vittoriano, hicieron sobre las obras del gobierno en el análisis de los barbarismos y las barbaridades. Queremos que nos aclaren si el túnel es un barbarismo, una barbaridad o una pendoneada (corrección).


La transcripción de comentarios y preguntas ha sido maquillada, para suprimir los insultos, corregir las expresiones vulgares y enmendar las discordancias entre el sujeto, el verbo y el predicado, pero se conservan inalterados el sentido y la intención.


—Entre nosotros, los túneles podrían ser un barbarismo si los consideramos como una imitación de extranjerismos como el metro de Londres y el “subway” de Nueva York —contestó Pompeyo—. Serían algo así como el aplatanamiento de obras formidables como los túneles del Simplón y de San Gotardo, que perforaron la cordillera de los Alpes para unir a Suiza e Italia. Soñar no cuesta nada, cavar es lo que te joroba (corrección).


—Los túneles yucatecos, amigo carbonero —intervino don Vittorio, no Vittoriano—, podrían también ser una barbaridad, pero vuestra Cámara de la Industria de la Construcción no lo considera así, tal vez porque ellos están en el ajo.


—Veteranos usuarios del agua potable —regresó Pompeyo— temen que el líquido se escurra en el trayecto de la fuente de San Juan y no llegue con presión suficiente a la Plaza Grande. Que no dé para regar los arbolitos y sólo sirva para inundar las carteras de los concejales. En este caso sería un refinamiento de la tendencia arboricida de la Comuna: árbol que ve, árbol que se echa al plato. Por cierto, señores y señoras, ¿en qué partido militan?


Por elemental respeto a la moral y el decoro, la columna se abstiene de mencionar la sarta de palabrotas, acompañada de cuchufletas, que fue la respuesta del gentío.


Una lavandera, en el colmo de la ira, gritó que cualquiera diría que el Manchester United es el autor del proyecto del túnel.


—No entiendo, señora —observó don Vittorio—, por qué compara usted a un equipo de fútbol con un proyecto de obra pública como el túnel.


—Señorita, no señora, aunque usted no lo crea —repuso la interpelada—. Yo mencioné al Manchester porque el fútbol se juega con los pies y el proyecto del túnel está hecho con las patas, según oigo en la casa de mis patrones priístas
Lectora asidua de la página deportiva, la señorita lavandera lleva un conteo de los goles de “Chicharito” y jura que son menos que los goles que le está metiendo y le quiere meter a Mérida el equipo de Angélica. No hay quien le quite esa idea de la cabeza.— Mérida, Yucatán, 24 de junio de 2011.

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