(Primera Columna publicada el 15 de septiembre de 2010) 

Además de la patria, veremos hoy detalles y coincidencias que relacionan las vidas de los autores del himno nacional mexicano: ambos tenían 29 años de edad cuando lo compusieron: Francisco González Bocanegra, mexicano, autor de la letra, y Jaime Nunó Roca, español, de la música.

El himno original tenía diez estrofas. La versión actual, decretada por el presidente Manuel Ávila Camacho en 1943, eliminó seis, incluyendo una dedicada al general Antonio López de Santa Anna y otra a don Agustín de Iturbide, emperador de México.

Sancionadas por Ávila Camacho pero fruto de los vientos políticos reinantes en etapas diversas de nuestra historia, las mutilaciones, en el caso de don Antonio, comandante militar de Yucatán (1824-1825), obedecen al carácter dictatorial de sus gobiernos (siete veces fue presidente de la república) y su participación en la derrota militar mexicana que entregó Tejas a los Estados Unidos.

Como fue Santa Anna quien convocó a componer el himno, Bocanegra le dedicó la cuarta estrofa, que termina con estas palabras: “Él será el feliz mexicano —en la paz y la guerra el caudillo, —porque él supo sus armas de brillo —circundar en los campos de honor”.

El sectarismo ha sido la causa de que Iturbide no esté en el himno. Los liberales o pseudoliberales de la Reforma y la revolución de 1910, anticlericales, unidos en el tiempo a los gobernantes emanados de ambos movimientos, nunca han podido tragar que don Agustín, católico, creador de la bandera mexicana en su Plan de Iguala, sea el auténtico libertador de México y el héroe que consumó la independencia el 21 de septiembre de 1821 con la entrada triunfal del ejército trigarante en la ciudad de México.

El ejército de las tres garantías: la unión del pueblo con los españoles (el verde de la bandera), el predominio de la religión católica (el blanco) y la libertad (el rojo). Iturbide es el gran ausente en la ceremonia del “grito”.

En la tachada estrofa séptima, el himno dice: “Si a la lid contra hueste enemiga —nos convoca la trompa guerrera, —de Iturbide la sacra bandera —¡mexicanos! valiente seguid;”.

Regresamos a González Bocanegra, comerciante, poeta a ratos, censor teatral y director del Diario Oficial de la Federación, nacido en San Luis Potosí el 8 de enero de 1824. Regresamos para apuntar a la cuna romántica del himno: fruto del amor de una mujer.

Relata la tradición que un día de 1853, a las dos de la tarde, Guadalupe, prima y novia de Francisco, lo encerró con llave en una habitación y le dijo: “No te abro sino hasta que compongas el himno”. Cuatro horas después, a las seis, estaba terminado y la joven se comprometió en matrimonio con González Bocanegra. Fue el único premio que tuvo este bardo que murió de tifoidea en la ciudad de México a los 38 años de edad.

También en un día 8, en 1824 asimismo, pero en septiembre, nacía en Cataluña, España, el compositor de la música. Francisco tenía apenas seis meses de edad.

Huérfano desde los nueve años, último de siete hermanos, acogido en Barcelona por un tío comerciante en sedas, Jaime Nunó fue niño del coro y solista de la catedral de Barcelona, estudiante de música en Italia, autor de más de doscientas piezas —la mayoría valses, arias y misas— y director (1851) de la Banda del Regimiento de la Reina.

Enviado a Cuba con la misión de organizar bandas, conoció y trabó amistad con un mexicano: Antonio López de Santa Anna, expatriado en la Habana en el intermedio entre dos de sus presidencias. Invitado por el político, Nunó vendría más tarde a México, a organizar todas las bandas del país y convidado por don Antonio a participar en el concurso para poner música al himno. Lo hizo en 1853 y al año siguiente, el 12 de agosto de 1854, se anunció su triunfo.

Nadie volvió a saber de don Jaime en México sino hasta casi cincuenta años después. En 1901 lo descubrió un periodista mexicano, en la ciudad estadounidense de Buffalo, donde dirigía una academia de música después de residir en países de Europa.

Por expresa invitación del presidente don Porfirio Díaz vino a México en 1904, a participar en las bodas de oro del estreno del himno, y falleció en Nueva York a los 84 años, el 18 de julio de 1908.

Coincidencias y curiosidades de la historia: el nombre de dos presidentes se une a dos hombres que, nacidos el mismo día del mismo año, compusieron a la misma edad nuestro vibrante himno nacional. ¡Que el dedo de Dios haya escrito su eterno destino entre arcángeles, guirnaldas de oliva y laureles de gloria!— Mérida, 15 de septiembre de 2010.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán