(Primera Columna publicada el 31 de diciembre de 2010)
En vísperas de la nochevieja, César Pompeyo y Vittorio Zerbbera meditan sobre las causas de la vejez prematura que se ha apoderado del gobierno de Yucatán y ha convertido en una zona arqueológica sus instalaciones políticas, económicas y sociales.
—¿Juzga usted, César, que madame Ortega es la responsable de esta ruina que Carlos Salinas de Gortari ha venido a evaluar en su inspección de dos días?
—Vittorio, para mí Ivonne Ortega es la niña de pueblo que llegó a la gran ciudad: una mitad se ha quedado en Dzemul, la pensante, y otra en Mérida, el figurín. Terca, antojadiza, no ha podido ni querido aprender el oficio de gobernar. Su administración es un archipiélago feudal comunicado con puentes de derroche. Cada caciquelo hace lo que se le ocurre en su ínsula Barataria si comparte el botín con la gerencia del saqueo.
—Ivonne, hay que reconocerlo, lo está pasando muy bien. Se divierte. Se da la gran vida mientras satisface aficiones y quimeras que arrastra quizá desde una infancia que no ha conseguido dejar atrás. Pero ella no es la verdadera responsable del desPEÑAdero en que nos debatimos. La señora puede decir misa, pero no puede hacer nada sin la complicidad de sus feligreses y la bendición de la curia.
—Más responsable de esta decrepitud progresiva que la señora preside es su compañero sentimental: la Legislatura. La constitución prohíbe el matrimonio, pero es un hecho que el Ejecutivo y la Legislatura viven sin decoro en amasiato. En el momento que quieran los diputados pueden decirle que no a los caprichos de Ivonne, pero han dimitido de esa facultad. Dóciles feligreses, le dicen que sí a todas sus ocurrencias. Las aprueban sin pudor con los ojos cerrados. En esta ceguera bien remunerada la división de poderes degeneró en un matriarcado.
—Debo aclararte, Vittorio, que cuando digo Congreso me refiero en realidad a los legisladores de la mayoría. Hay que hacer la salvedad de que la oposición ejerce su derecho al pataleo. No se suma a la ignominia: presenta con cierto éxito la otra cara de la luna.
—En la investigación de los desastres, la mayoría suele ser el PRI. Más responsable que la matriarca alegre y despreocupada, más que los diputados sin pantalones, es el partido que los ha puesto donde están y los respalda porque lucra con los desmanes. Es la maquinación lubricada, el delito organizado que caracteriza a las dictaduras con careta de democracia.
—Pero el auténtico responsable de este descarrilamiento es la curia: el sistema político que ha creado a Ivonne, a su séquito de diputados y al PRI. Un sistema que tiene como prioridad la satisfacción personal de los apetitos de las bandas que se suceden y remplazan en la cúpula con la consigna de que permanezcan intactas y funcionales las bases de dominación colocadas hace ochenta años.
—Te haré más fácil, Vittorio, el entendimiento de este fenómeno, de este mexicanísimo invento llamado PRI que ha sido un generador de desgracias para Yucatán. El sistema se nutre de esta filosofía de observancia obligatoria: si lo que vamos a hacer beneficia al partido y a México, estupendo; si beneficia al país, pero no al partido, inmediata marcha atrás; si sólo beneficia al partido, pero no al país, adelante: al diablo con el pueblo. Se han levantado así y se levantan cordilleras de fortunas.
—Reconozco que la implantación repelida de nuevos impuestos puede ser la gota que rebose este vaso. Pero enseguida pondrán otro, cada vez más grande, a menos que cerremos la fábrica que los produce en serie. Antes que la gobernadora casquivana, antes que los diputados “mandilones”, antes que el PRI, el enemigo público número uno es el sistema político que lucra con la república desde 1929 con una farsa cada vez más refinada cuanto voraz.
—Puede ser que Salinas de Gortari sea el enviado venido a reparar las grietas de un edificio en ruinas. Nos parece una misión imposible, pero revela un esfuerzo digno de tomarse en cuenta como advertencia, como señal de peligro, como recordatorio de que la tarea primordial de los yucatecos en el año que comienza mañana será desmontar pieza por pieza el sistema prevaricador que en sucesivos partos múltiples ha engendrado crisis políticas, económicas y sociales al por mayor y al menudeo.
—Lo que has oído, Vittorio, en esta meditación de nochevieja es una opinión mía que te externo con mis buenos deseos de año nuevo. Buenos deseos que extiendo a quienes me lean, con la intención de que cada quien actúe en los doce meses venideros como le dicten sus conciencias, no sus intereses, con el pujante civismo invencible de anteponer el bien común al bienestar personal, en la inteligencia de que la prosperidad general se busca y consigue cuando primero estamos nosotros y después yo.— Mérida, 31 de diciembre de 2010.
