Paola Herrera Rordíguez (*)
Ante la petición clara de mi madre de “vive donde quieras, pero vuelve en Navidad”, hice una pausa en la búsqueda del sueño para recargarme de energía familiar. Y sin duda alguna, volver a casa es algo siempre enriquecedor.
Había pasado ya dos navidades en España, comiendo las 12 uvas en la Puerta del Sol o cenando en casa de algún conocido, con un frío al que difícilmente puedes acostumbrarte y con mucha nostalgia, recordando los años en los que compartía algo más que la mesa con mis abuelos. Finalizando el año 2017, una vez más, lo compartimos todo.
Aprovechando mis contados días en Mérida, hice mi primera parada deportiva en el Gimnasio Solidaridad. Entrar por esas puertas siempre fue mágico. Con aquellas niñas, algunas de ellas ya adolescentes, compartí las mejores experiencias como entrenadora de gimnasia rítmica. Viajamos y competimos. En muchas ocasiones celebramos medallas colgadas a sus pequeños cuellos, pero también sufrimos alguna calificación injusta que nos provocó una que otra lágrima. Así es el deporte.
La gimnasia es un mundo diferente. Desde niña aprendes que si repites dos mil veces un ejercicio, lo perfeccionas. Probablemente de ahí derive que cuando te haces mayor, esa premisa se te adhiera en el ADN, “repetir para lograr el éxito, no desistir, ser paciente y persistente”. Eso es lo que me tiene hoy en otro continente, tan lejos de casa.
Tuve la oportunidad también de coincidir con el Maratón de la Ciudad de Mérida. Quedé gratamente impresionada por la gran organización y creo que los corredores lo agradecieron. Si existe un lugar en el mundo en el que inevitablemente se me haga un nudo en la garganta, ese es, 100 metros antes de la meta de un maratón. Los runners me entenderán. Me vienen infinitas ideas a la mente, sobre todo lo que hay detrás de alguien que logró correr 42.195 kilómetros. Así que un año más, pude aplaudirle a los nuevos maratonistas.
Saludé a mis compañeros de medios en la presentación de la Carrera Teletón-Fundación Bepensa que se realizará en el mes de febrero. Desayunamos con Bruno Marioni, el técnico de Venados FC, un día antes de que el fútbol yucateco volviera con triunfo al “Carlos Iturralde Rivero”.
He tenido la oportunidad de visitar varios estadios en el mundo, algunos con magia, otros con jugadores que te hacen sentir esas misma magia, pero al menos a mí, el “Carlos Iturralde” y los Venados siempre me invitan a soñar una temporada más.
Ya de vuelta en Madrid, sólo puedo desear para la gran familia del deporte yucateco un motivante, prometedor y esplendoroso 2018. Que todas las dificultades que se nos presenten en el camino sólo sirvan para prepararnos a volar hacia destinos extraordinarios.
Por medio de este espacio que el Diario me ha abierto desde mi estadía en Madrid, pido salud y bienestar para mis queridos deportistas y sus familias y mi deseo para nosotros, para quienes el deporte mueve nuestras vidas, que Dios siga siempre jugando en nuestro equipo. Mi aventura al otro lado del océano continúa y se las seguiré contando.— Madrid, España, enero de 2018
