Hay nervios en el París Saint-Germain, que en menos de un mes se jugará buena parte de su temporada contra el Real Madrid y que, ante la llegada de ese choque, está multiplicando los síntomas de pérdida de la serenidad.
La expulsión del veterano lateral brasileño Dani Alves el domingo pasado en Lyon, cuando el equipo firmó la segunda derrota en un campeonato doméstico que lidera aún con holgura, mostró que el PSG cae en estado febril cuando enfrente campa un rival de peso.
Son pocas las ocasiones en las que el PSG se mide a adversarios de su talla y, por eso, la reacción del equipo en esos momentos despierta dudas, que tendrán un momento culminante en el doble duelo de octavos de final de la Liga de Campeones ante el Madrid, ganador de las dos últimas ediciones de la máxima competición europea.
Los nervios pueden crecer a medida que se acerque el duelo contra el Madrid en un vestuario en el que las necesidades financieras del club obligarán a salir a algunos de sus componentes.
Más tensión para un equipo que entró a una dimensión galáctica y que debe demostrar que está preparado para su nuevo estatus.— EFE
