Foto: Megamedia

A Manuel Escribano le sigue doliendo los golpes que recibió el domingo en la Plaza Mérida, por una voltereta muy fea que le propinó un toro de Mimiahuápam.

Pero por lo demás, el torero sevillano sigue de pie con su carrera en los ruedos, y confía en regresar algún día a dejar su huella en el coso de la Avenida Reforma.

“No tuve opciones, ni pude mostrar nada ante esa corrida tan mala”, dijo ayer por la tarde el español en una charla con el Diario.

“Claro, yo siempre quiero volver a una plaza y me gusaría regresar. Quitando lo de que no me toquen música, por lo demás me gustó todo”, señaló el diestro, quien se fue con las manos vacías pese a su esfuerzo con el primero, que le pegó una paliza, y el segundo, que no le permitió la más mínima opción.

Su primero, el más grande del encierro (“Barbaján”, de 620 kilos), le prendió cuando iniciaba su faena y lo levantó por los aires. Tras fea caída, el diestro quedó a merced del toro, pero por fortuna no hizo más daño, y continuó en la lidia.— Gaspar Silveira

 

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