Paola Herrera Rodríguez

 

Paola Herrera Rodríguez (*)

El madridismo no se cansa de ganar horas de vuelo, largos trayectos por cielo y tierra. Una final de la Champions League complicada desde que se supo que el Real Madrid estaría en Kiev la noche del 26 de mayo.

No bastaba con ser socio o abonado madridista. El problema en esta ocasión no era conseguirte una entrada para el Olímpico de Kiev. La verdadera complicación se encontraba en lograr llegar a Europa del Este.

Incluso, muchos socios devolvieron entradas al club, al no tener la posibilidad de recorrer tantos kilómetros. A esto, había que sumar el excesivo costo de los hospedajes, las recientes cancelaciones para quienes tenían una reserva hecha con anticipación, incluso sin saber qué equipo llegaría a la final, solo para poder revender con precios estratosféricos las habitaciones.

Pero a pesar de todos estos inconvenientes, llegó el día. El resultado ya lo conocen. Sin embargo, déjenme contarles un poco cómo se vive la fiesta del madridismo en la capital española. Cibeles recibió a sus primeros aficionados la noche del sábado pero fue hasta el domingo por la mañana que los jugadores arribaron a Madrid.

Visitas al Rey, a la Catedral de la Almudena y al Ayuntamiento, donde por primera vez Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo se dirigieron a los asistentes en plena Puerta del Sol. “Aquí es donde se evalúan los títulos y el estar en este club y representar este escudo nos obliga a pensar en la decimocuarta”, señaló el capitán.

Tras la insistencia de los fanáticos, que coreaban una y otra vez “Cristiano, quédate”, al astro portugués tomó el micrófono y reivindicó el desafortunado comentario de horas antes, justo cuando concluyó el partido, mensaje con el que ponía en duda su permanencia en el feudo blanco. En esta ocasión sus palabras fueron distintas: “Gracias afición, hasta el próximo año”, pero ¿habrá próximo año?.

Ante esto, poco que decir, mejor esperemos las declaraciones de “CR7” en los siguientes días.

El equipo de las 13 “Champions” hizo una parada obligada donde la Diosa Cibeles esperaba ansiosa. Entre bailes, cantos y ovaciones, Ramos, como en los últimos años, la besó y le colocó la bandera del Real en el cuello y la bufanda en la corona.

La gran cita de la noche se dio en la casa blanca. El Santiago Bernabéu, abarrotado, recibió a los jugadores que fueron presentados uno a uno y así se rindió un emotivo homenaje a los héroes de Kiev.

La decimotercera ya está aquí y ya es del Real Madrid. Estamos siendo partícipes de las más grandes leyendas madridistas, de la supremacía del fútbol español en el continente europeo.

Hace tres años aterricé en este país y he podido ser testigo de las últimas tres grandes conquistas blancas (¿seré el amuleto de la buena suerte? Quiero pensarlo así y que mientras ellos acumulen orejonas, yo acumule historias para contarles).

Es un verdadero privilegio que mis ojos puedan retransmitirles en papel un capítulo de la historia del deporte más grande del mundo. ¡Qué Viva el Campeón!— Madrid, España, mayo de 2018

 

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