Con la lengua afuera y sin la cadencia habitual de su pedaleo, las esperanzas de Chris Froome de un quinto título del Tour de Francia se diluyeron lentamente.
En la neblina que cubre el Col du Portet —considerado como el segundo ascenso más brutal en la historia del Tour— Froome flaqueó en la temida etapa 17 en los Pirineos. Su rendición deja a Geraint Thomas, su compañero en el equipo Sky, más firme con la casaca amarilla.
“Froome decía por la radio que quizás faltando 5 y 4 kilómetros no se sentía”, contó Thomas tras incrementar su ventaja en la clasificación general, en casi dos minutos sobre Tom Dumoulin. “Eso me dio la confianza porque sabía que si Froomey sufría, todo el mundo sufría”.
“No quisiera tener un mal día como el que él ha tenido, pero me da confianza el saber que alguien de la categoría de Froome puede pasarla mala, y tenía la seguridad de que podría responder a los ataques”.
Froome cruzó la meta en el octavo puesto, 1 minuto y 35 segundos detrás del ganador de la etapa, el colombiano Nairo Quintana, y se deslizó del segundo al tercer puesto general, rezagado a unos distantes 2:31 de Thomas.
El día para el olvido del británico empeoró tras el final de la temporada al sufrir una caída cuando la policía le confundió con un fanático.— AP
