De izquierda a derecha: el “Chapo” Gómez

Un recuerdo a perpetuidad

De pronto, en la pantalla gigante del Kukulcán apareció la imagen de Jesse Castillo y se escuchó la narración original de Ernesto Jerez en ESPN. Quizá sea para los yucatecos el “noooo, no no no noooo…” que nos llevaremos a la tumba.

Fue el domingo 27 de agosto de 2006, hace 12 años como el lunes. Y para muchos es como si fuera un suspiro.

“Mmm no sé. Está c… de verdad. ¿Cómo te lo describo? Es como cuando nace tu primer hijo. Una sensación increíble”, dijo Héctor Castañeda, uno de los receptores de los Leones esa noche y que ayer estuvo con varios integrantes de esa novena legendaria, llamados por el equipo para conmemorar la efeméride.

Óscar Rivera, Oswaldo Verdugo, Oswaldo Salvador Arellano, Oswaldo Morejón, Said Gutiérrez, Raúl Sánchez (ahora piloto de los Tigres), Raúl Ortega, Salvador Garibay, igual que el trainer “Chapo” Gómez y el batboy José Carbonel fueron mencionados anoche, estando presentes en el escenario en que escribieron historia venciendo en 14 actos a los Sultanes para izar el banderín por tercera vez.

Los ganadores del cuarto gallardete fueron sus anfitriones en la noche de la conmemoración. Arellano y Verdugo lanzaron la primera bola, y los receptores fueron Morejón y Rivera. “Es algo increíble cada que recordamos esa fecha. Para nosotros, para los aficionados… para todos”, añadió.

Eran muy pocos los aficionados anoche en el Kukulcán comparado con aquella noche en que unos 16 mil abarrotaron el estadio. Pero quienes estuvieron presentes vibraron.

“Bonito… Muy bonito recordarlo”, dijo el “Poc chuc”. Hay quienes dicen que es uno de los momentos épicos del deporte yucateco, y también para toda la entidad.

“Es que el béisbol es otra cosa. Algo especial para los yucatecos”, nos dijo Verdugo, un sinaloense bien arropado en estas tierras.

Y luego, al juego del día. Estas batallas Tigres-Leones son un clásico para nuestro béisbol. “Luego de recordar esto, vamos a jugar con todo. Esto es vida”, dijo Sánchez, el “Rocket de Navolato” que se voló la barda casi cojeando una noche antes de la coronación. Miente quien diga que no vibró esa noche. Y más quien no la recuerde siempre.— Gaspar Silveira Malaver

 

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