Tarde gris para los de casa en la Plaza Mérida
En esto del toro, uno nunca sabe. O un triunfo, o una prueba de sangre. O las dos cosas. Como sea, son los gajes del oficio.
Como anoche en la Plaza Mérida, donde el aire fresco de la Fiesta nos regaló la mejor versión de un Luis David Adame que se fue en hombros como triunfador de una corrida extraordinaria que, sin embargo, no nos dejó ver al Diego Ventura que arrasó en Madrid y en México, ni al matador yucateco Ángel Lizama “El Papo”.
Como a Adame le llegó el triunfo grande, a Lizama le llegó el infortunio: una cornada cuando se tiró a matar a su primer enemigo le dejó fuera de acción. Sus lágrimas en la enfermería, mientras le estabilizaban para llevarlo a la Clínica de Mérida, hablaban de lo frustrante que puede resultar ver que la tarde en que te juegas todo se va en las astas de un toro.
Pero bien lo decía Vicente Zabala… Así en los toros: triunfo y tragedia… y expectación.
Fue interesante, ver por ejemplo, el expectante grito de “Zorrillo, vine por ti”. Y, créanlo, fueron muchos los que pagaron por ver a José Roberto Gómez Valladares. Detractores habrá, claro está, pero pudo mostrarles que esas intenciones que le llevaron a pedir una oportunidad las tenía bien claras. No fue fácil porque el novillo de Manolo Martínez se paró muy pronto y con la muleta no pudo hacerle nada. Los que saben de esto habrán entendido. Su labor con el capote, asentada y con las banderillas igual.
Y ya. De los de casa esperamos una pronta recuperación del “Papo” y que Gómez Valladares pueda tener más toro. Las cosas así son. “No le voy a dar coba”, me confió Apolinar Mendoza “Poli”, el subalterno que recomendó a Roberto esforzarse hasta donde quieras llegar. De él depende nada más.
Toca tratar la miel de una tarde-noche que se fue para adelante por la frescura y torería que tiene Luis David.
Y los toros de Julián Handam. El primero de la lidia ordinaria, “Paz Interna”, ha sido el mejor toro de esta temporada y parte del público le pidió incluso el indulto. Lo toreó Luis David con solidez, con mucha cabeza, suelto.
Un fallo con la espada le privó de asegurar su primera salida en hombros de la Mérida, que sin embargo, firmó con el que cerró plaza, “Fulgurante”, que mató en lugar de Lizama.
Allí dejó ver una versión que encantó al público y que a la crítica asentó. Llevó al toro con un galleo de cuatro lances para que lo piquen y luego quitó por zapopinas alegres.
Con la muleta, igual que con su primero, le puso donde quiso la tela al toro y le embestía. Y se le miraba alegre, sonriente. De eso, dicen, veces no se puede amalgamar en un solo tirón.
Se fueron casi todos contentos por la tarde emocionante que se vivió. El ganadero Handam, contento por su estreno en una plaza, que, dice, siempre le gustó por ser torista, Adame, feliz “por cuajar dos toros y por fin salir en hombros aquí”.
De los de casa, diremos que la Fiesta sigue. La vida va. Y. mientras haya vida, soñemos como cuando soñaron Lizama y Gómez para estar en la Mérida. Soñando se vive y se disfruta siempre.— Gaspar Silveira Malaver
