Yucatán cae y su situación es cada vez más delicada
Le oímos decir muchas veces a Carlos Reinoso que a veces es preciso una sola ocasión para ganar un partido. Y así fue anoche con sus Correcaminos ante los Venados FC Yucatan.
No fue una. Habrán sido dos o tres. Pero una metieron y les bastó para salir con los tres puntos del Estadio “Carlos Iturralde Rivero”.
La noche de sábado de carnaval no fue de fantasía y máscaras para los Venados. Más pareció que el entierro de Juan Carnaval leyéndoles el testamento. Quizá les diría a Sergio Orduña y sus jugadores que no olviden que antes del torneo ofrecieron jugar todos los partidos como si fueran finales.
No hacerlo puede propiciar debacles tan crueles como la de anoche. Sí. Porque ayer, en su partido de la fecha nueve de un Clausura 2019 que se les va de las manos, pudieron ganar y ganar bien ante un equipo que no fue un ultradefensivo sino paciente y eficiente.
Los ciervos se quedaron en la zona de abajo de la tabla merced a una primera mitad en que trataron, pero no pudieron hacer nada. Unos 45 minutos para el olvido. De ambos equipos no se pudo ver nada y el ruido que había era de las porras que intentaban animar.
Y eso es precisamente lo que los Venados, en esta precaria situación en la que se encuentran, no se pueden dar el lujo de hacer.
Si en ese primer tiempo hubiesen encontrado la forma, la segunda mitad no les daría tanta presión. Pero vamos al grano: en la complementaria salieron más agresivos e incisivos. Pero fue poco el empuje.
La primera intención clara de gol fue ub tiro de José Carlos Robles que besó el poste. Y de inmediato los Correcaminos respondieron y perdonaron porque Edimson Toloza se quedó solo ante Armando Navarrete pero falló su tiró cruzado. Era el minuto 13 de la segunda mitad cuando se rompió la tenue acción. Se salieron entonces los dos equipos de la monotonía y mejoró todo considerablemente.
Orduña metió a Víctor Hugo Lojero y en minutos dio otra cara al equipo de casa. Él en una banda y Alfonso Tamay por la otra.
Crearon opciones. Pero nunca terminaron de concretar. Quizá falte un central que mate o que intente hacerlo. Anoche Alan Murialdo no pudo. En algunos puntos pedían su sustitución.
Fue la mejor parte del partido. Los de casa iban bien hasta que se descuidaron y Darwin Torres tuvo una y mientras la defensa pedía el fuera de juego, aprovechó para mandarla a las redes.
Solo una para los de Reinoso y listo. Fácil aunque parezca complicado.
Mala noche para unos Venados que perdieron su segunda “final” seguida. Debió dolerles muchísimo.
Así es esto. La promesa de ir a matarse en cada juego debe lanzarse otra vez. Anoche se les olvidó a ratos.
Ah… y ver al maestro Reinoso será siempre un deleite.— GASPAR SILVEIRA
