Foto: Megamedia

Gris inicio de la temporada en la Plaza Mérida

Amigos aficionados…

Se nos cumplió el adagio y generó tanta expectación en los taurinos la inauguración de la temporada que terminó en, sino en una corrida de decepción, si en una de esas que, digámoslo como es, dejó poca historia. Y pasemos la página.

Los toros, sí, echaron por la borda la apertura en la Plaza Mérida. Porque, igual, con insistencia, los tres toreros porfiaron ante seis astados marcados por el hierro de Fernando de la Mora que sirvieron para muy poco. Muy poco, de verdad.

Una oreja para “El Payo”, gracias a su toreo de artista, dos tandas de Enrique Ponce y los intentos de un nuevo matador de toros. Anote eso y ya.

Y pues los toros. Sí.

Pero, ¿y los aficionados? El cartel que presentó Toros Yucatán fue chuleado aquí y allá. Pero a la hora buena, ni tres cuartos del aforo de la Mérida se cubrió. A toro pasado dirán… Los toros, sí.

Y al pozo lo que esperábamos fuera de gozo.

La alternativa del principal novillero yucateco en un lustro quedará solo en el anecdotario. No porque André Lagravere no haya querido. “El Galo”, que en Europa toreaba novillotes o casi cuatreños, se topó con “Altivo”. Y lo que nos dejará para recuerdo es la ceremonia. Porque el astado no tuvo palabra de honor. Y sí mostró el lado duro a la hora de la suerte suprema. Menudo paquete el que tuvo que sortear. Sudó lo mismo del bochorno climático que del papelón que estaba viviendo en la tarde de su vida. Seamos honestos: ganas, voluntad, pundonor y agréguele el adjetivo que quiera. Solo eso pudimos verle. Me quedo con su declaración de principios: salir a portagayola a enfrentar al primer toro de su vida. Ahora tiene que pasar la página y pronto, que tiene otras citas para cumplir.

La alternativa 18 en la Mérida es un dato más. La carrera de André, si quiere, puede ser en adelante una historia distinta.

Y así, amigos, se fue el resto de la tarde.

Condicionado todo por el toro. Porque los otros cinco fueron igual de difíciles, casi nulos en eso que se necesita para destacar en la estirpe de la bravura.

Ponce se esforzó mucho más que otras veces, con todo y esos gritos agoreros de que torea con comodidad (encierros escogidos a descaro). Le quiso a sus dos enemigos. Y a ratos hubo esbozos del arte de su concepto que le tiene en el primer escalón. El que es figura es figura, hasta para pararse en el ruedo.

Se llevó “El Payo” el único trofeo de la tarde aciaga. Fue con el tercero. Y no fue por otra cosa que no sea la porfía del matador queretano. Nos dejó ver lo más artista de la corrida. No hay duda que en las cartas de nuestra baraja está él. Y su fuerza de voluntad, que le ha permitido superar desgracias, le ha hecho atesorar algo que todos quieren y pocos logran: solvencia moral.

Esa forma de correr la mano abajo, de izquierda y de derecha, alimentaron el entonces deseo de una tarde de triunfo que no llegó. Y el que lo vio, lo disfrutó, lo sintió, y también se frustró cuando Octavio falló en el primer intento con la espada. Porque luego la tuvo que regatear, casi mendigar.

Así pues, amigos. Esa fue la primera tarde-noche del otoño taurino. Que cambie la suerte para la próxima. Y que se reflexione en todo.

¿La olvidamos? No, mejor aprendemos de ella.— Gaspar Silveira Malaver

 

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