La Liga MX ha tenido juegos con máxima emoción
La emoción es subjetiva. Lo que a ti podría generarte un sentimiento parecido, al de junto todo lo contrario.
Pero lejos de lo que indica el imaginario popular, en México casi siempre se reconoce que, aunque tu equipo no esté presente, la liguilla y sobretodo las finales de la Liga MX son para seguir de cerca. Y en torneos cortos hay varias de ellas que se quedaron grabadas para siempre en la mente y las retinas de los aficionados al fútbol.
En la serie “Récords y Leyendas”, nos dimos a la tarea de recordar algunas de esas finales que tuvieron a los aficionados de los equipos — y a los de los demás — al borde de un colapso nervioso.
Sin un orden en concreto, porque enumerarlas sería un poco pretencioso de nuestra parte, aquí van las cinco finales de la Liga MX en torneos cortos que, de primera instancia, se nos vienen a la mente.
América – Necaxa (Verano 2002): “El América es campeón” gritó Raúl Pérez, infravalorado narrador de la actual TUDN cuando Hugo Norberto Castillo remató en un tiro de esquina en tiempo extra ante los Rayos del Necaxa para romper la sequía de 13 años sin título de Liga que, para un equipo grande como las Águilas, era inmensa.
El “Misionero” no destacó mucho con los azulcremas, pero eso no creo que le importe mucho a su afición, pues Hugo Norberto será recordado por ese cabezazo que supuso el 3-2 en el global ante el Necaxa, que se había impuesto 2-0 en la ida.
Con todo en contra, además de las aficiones de todos los demás equipos de la Liga, las Águilas apelaron a su historia para darle vuelta, en una de las últimas y más emocionantes definiciones por gol de oro que se puedan recordar dentro del balompié nacional
Un pletórico Estadio Azteca y una generación de águilas talentosas como Iván Zamorano, Pável Pardo, Adolfo Ríos y Duilio Davino harán que esta final se recuerde en mucho tiempo.
Chivas – Toros Neza (Verano 1997): Emoción poca, pero quién puede negar que era un deleite ver a aquel mítico equipo que jugaba en Ciudad Nezahualcóyotl.
Los Toros Neza tomaron tintes de equipo popular. Si no salían con máscaras lo hacían con el cabello multicolor. Pero no solo era eso, si no sus jugadores se prestaban a esa interacción y enamoramiento con la afición de todo el país.
Antonio Mohamed, Federico Lussenhoff, Miguel “Piojo” Herrera, Rodrigo “Pony” Ruiz, Germán Arangio, Pablo Larios Iwasaki… ¡Pfff! un compendio de jugadores pintorescos que, en sus respectivas trincheras, eran muy talentosos.
Pero fueron borrados por completo por el Guadalajara, quien con Ricardo Ferretti en la banca — fue su primer título de Liga — y tipos como Sergio “Gusano” Nápoles, Alberto Coyote, Paulo César “Tilón” Chávez y Ramón Ramírez, entre otros, les endilgó un 7-2 en el global.
Y seis meses más tarde despertó otro grande.
Cruz Azul – León (Invierno 1997): ¡Hey, Netflix, para cuando adaptas esta final en algún proyecto!
Digo, tiene todo para ser un guión digno de película o ya de perdido, miniserie.
Cruz Azul, con 17 años de sequía — la segunda más grande en su historia, ya todos sabemos que la actual es la primera — llegaba como segundo lugar general ante el primero, el León.
El uno contra el dos dejó dos batallas férreas, duras y que en general no llenaron con las expectativas… hasta los tiempos extra.
Carlos Hermosillo, máximo goleador cementero y que llegaba con la costilla fracturada, entró de cambio para tratar de desempatar ese 1-1 global — la Máquina ganó la ida con un pénalti de Benjamín Galindo y la vuelta la iba ganando 1-0 el León con gol de Misael Espinoza — y lo consiguió entre sangre.
David Comizzo le propinó una patada artera a Hermosillo quien, con la playera llena de líquido vital — ahora tendría que haberse ido a cambiar — marcó el gol que enmudeció al Nou Camp.
Toluca – Atlas (Verano 1999): Si con Toros Neza, un equipo que se recuerda hasta estos días por lo pintoresco que fue, el Atlas dirigido por el argentino Ricardo Antonio La Volpe es uno de esos equipos que, sin corona, serán siempre apreciados.
Contrario a otras finales en las que se dejan lo mejor para la segunda parte, Diablos y Rojinegros nos brindaron una montaña rusa de emociones desde la ida.
Con un 3-3 emocionante en el Estadio Jalisco, todo se tenía que definir en el Estadio Nemesio Díez.
Ingredientes al máximo. Doce del día — cuando se podía jugar a esa hora en liguilla — y un calor infernal en la casa del diablo.
El “Misionero” Castillo, en ese entonces con el Atlas, abrió el marcador al primer minuto, pero José Saturnino Cardozo hizo su segundo de la serie apenas dos minutos más tarde.
Alberto Macías, por Toluca y Miguel Zepeda por los Zorros marcaron para mandar todo al alargue y posteriormente a una cardiaca tanda de penales.
Parejos, con solo una falla por bando — Fabián Estay por los Diablos y Daniel Osorno por el Atlas —, el Toluca se fue al frente en la muerte súbita con el disparo de Salvador Carmona.
Hernán Cristante detuvo el pénalti de un joven Julio Estrada al que el destino le jugó chueco, pues después de eso no se supo mucho de él en el balompié.
Y cerramos con otra definida en los pénaltis, pero con la emoción en el tiempo de compensación.
América – Cruz Azul (Clausura 2013): La más contemporánea de todas y la más increíble también.
Por ser tan “reciente” — en mayo se cumplen siete años — no hay algo que se pueda decir que no sepamos ya.
La sequía de títulos de la Máquina parecía terminar, todos pensaban eso. En Twiter, Carlos Hermosillo aprendió a la mala a no celebrar antes de tiempo. Ya lo hacía previo a lo que todos conocemos: cabezazo de Moisés y gol del América.
Algarabía americanista, incredulidad cementera.
El partido se fue hasta la tanda de pénaltis, pero los aficionados cementeros — incluido un servidor — sabían que la corona, esa tan ansiada por años se había perdido con ese desvío de Alejandro Castro tras el vuelo en una descompuesta “palomita” de Moisés. Anímicamente la Máquina murió con el empate en el global.
En la tanda, no podía ser de otra forma. Miguel Layún, vapuleado por su propia afición por equivocaciones en varios duelos, marcó el gol con el que el América ganaría su undécimo título, uno de los más dulces de su consagrada historia.
Lo anticipamos, era un recuento de cinco. A la mente se viene la final Santos-Necaxa, Pumas-Chivas, pero no todas pudieron entrar.
Y es que en el encierro recordar es bueno, mejor aún momentos emocionantes. Para bien de algunos y para mal de otros.— MIGUEL ÁNGEL CALDERÓN LÓPEZ
