Max Schmeling, campeón de la Alemania nazi
En la mayoría de los listados que hacen los expertos sobre los mejores pesos completos de la historia del boxeo no aparece Max Schmeling. Y eso que tuvo méritos deportivos tan grandes como enormes fueron los puntos que le hicieron una leyenda de todos los tiempos.
Algunos boxeadores dejan todo en el cuadrilátero, otros además, dejan su alma en nuestro mundo. Este es Maximilan Adolph Otto Siegfried Schmeling, conocido universalmente como Max Schmeling, y apodado “El terror del Rihn” o “El Perro Nazi” (¿qué sería de un boxeador sin apodo?), nació en Alemania y la creencia general era que por ser teutón de nacemiento era parte del aparato nazi y que también fue usado por los nacionalistas para demostrar al mundo la superioridad de la raza aria.
Nació el 28 de septiembre de 1905 en una localidad de Brandeburgo, Alemania.
Debutó en el boxeo profesional en 1924. Se proclamó campeón de Europa en 1927 y logró importantes triunfos sobre los más destacados pesos pesados del momento (como el español Paulino Uzcudun), lo que le permitió aspirar al cetro mundial de la categoría, vacante tras la retirada de Gene Tunney.
En 1936, Schmeling llegó a Estados Unidos para enfrentarse al temido Joe Louis, el famoso “Bombardero café”, que además de estar invicto, era el campeón de peso completo. Max, en un apunte tomado de Rafael Duque en “Chicago Tribune”, comentó antes de la pelea que Louis bajaba la guardia demasiado después de dar un golpe, y que iba a aprovechar eso para ganarle la pelea. Dicho y hecho, el alemán le quitó el trono y lo derribó en el cuarto episodio.
Ni tardo ni perezoso, Joseph Goebbels (ministro de Propaganda Nazi), lo usó para declarar que esta victoria es “más que algo deportivo, es una cuestión de prestigio de nuestra raza”.
La realidad es que Schmeling nunca tuvo nada que ver con el partido nazi, aunque en una ocasión acudió a una cena en la que estuvo el Führer y las fotos donde aparece platicando con Adolfo Hitler tuvieron repercusiones que fueron vistas de otro sentido al que Max en realidad vivía.
Desde que ganó su primer campeonato en 1930, se mantuvo alejado de la política. Desgraciadamente, Max era visto en Estados Unidos y el resto del mundo como un nazi. Y Hitler lo vio siempre como una razón clave en su propaganda.
Schmeling no solo era ajeno al partido, sino que desde 1928 contrató al judío Joe Jacobs como su mánager, y a pesar de presiones de los nazis, lo conservó toda su carrera. Más aun, cuando la trágica “noche de los cristales” sucedió en 1938, Max escondió a dos jóvenes judíos (Henry y Werner Lewin) en su habitación en Berlín a pesar del riesgo que representaba y también los ayudó a escaparse de Alemania.
Revancha histórica
La revancha se realizó en 1938 en el Yankee Stadium ante más de 70 mil espectadores que lo vieron en vivo y muchos miles más que lo escucharon por radio. En el sentido deportivo la pelea no cumplió con las expectativas pues Louis se despachó a Max en el primer asalto. Los alemanes reclamaron que Louis dio varios golpes ilegales al riñón (cosa que algunas fotos validan), pero las protestas fueron en vano. Luego de eso, Max seguía siendo considerado como un nazi en Estados Unidos y en Alemania un perdedor.
A pesar de eso, a Max le fue muy bien en el mundo de los negocios cuando tomó la representación de una “pequeña” compañía de refrescos llamada Coca Cola. Joe Louis, por su parte, tuvo una carrera fantástica como boxeador, pero su vida personal fue un desastre y sus últimos días los pasó en un hospital sin dinero siquiera para poder pagar las cuentas médicas. Schmeling, que fuera del ring hizo una relación amistosa con Louis, fue quien le pagó muchos de los gastos médicos e incluso se hizo cargo de cubrir el costo del funeral de su gran amigo y rival deportivo. Cuando Louis falleció en 1981, Max fue uno de los cuatro que cargaron el féretro de la leyenda de Detroit.
Cuando el 28 de septiembre de 2004 Max cumplió 99 años de edad, prometió hacer una gran fiesta para su centenario, pero sus deseos se quedaron cortos: entró en estado de coma después de complicaciones respiratorias y falleció el 2 de febrero de 2005.
Lo enterraron junto a su esposa de toda la vida, la actriz Anny Ondra, con quien nunca tuvo hijos. Su único hijo falleció a los 7 meses de edad, y mucha de su herencia fue destinada a niños con carencias económicas. Recibió en vida incontables reconocimientos por lo hecho en su vida, dentro y fuera de los cuadriláteros. Y nunca protestó por no ser considerado entre los mejores completos de la historia. Siempre supo que su vida tenía una estrella especial.—Recopilación de Gaspar Silveira Malaver
