Gregorio Sánchez

Fallece Gregorio Sánchez a los  90 años de edad

La vida del matador de toros toledano Gregorio Sánchez, de 90 años de edad, se apagó el jueves pasado al filo de las siete de la tarde, en su domicilio, en Galicia, donde residía junto a su mujer.

Allí, en tierras gallegas, había fijado su hogar desde que colgó los trastos hace tres años como profesor de la Escuela Taurina de Madrid, donde impartió cátedra, la suya, esa que le permitió salir nueve veces —y otra más como novillero— de la Plaza de Las Ventas.

La pérdida se produjo debido a causas naturales, según informó la propia hija del diestro. Aún no se conoce si sus restos se trasladarán a Madrid, pues la última voluntad del maestro de Santa Olalla era que le incinerasen y esparcieran sus cenizas en  Las Ventas.

Precisamente, el coso de la plaza madrileña de la calle Alcalá fue la que más gloria le dio allá por los años 50 y 60, donde se erigió en figura del toreo gracias a las citadas salidas en hombros.

Diez en total. De todas ellas, siempre se recordará al genio manchego por despachar en apenas 80 minutos seis toros en solitario, de la ganadería de Barcial, a los que, además, cortó un total de siete orejas.

Fue en la entonces tradicional corrida a beneficio del Montepío de toreros del 19 de junio de 1960.

Una tarde que instauró definitivamente a Gregorio Sánchez en la cúspide del toreo de la época. Para entonces, ya había sido líder del escalafón durante dos temporadas (1957 y 1958).

Nacido el 9 de mayo de 1927, en la toledana Santa Olalla, sobrellevó enormes sinsabores, demasiadas penurias en la postguerra, donde vio cómo siete de sus once hermanos fallecían, además de su padre, que fue fusilado.

Entonces, el toro fue la vía de escape para huir del hambre y la miseria.

Torero reposado y dominador, de corte clásico, su debut en público tuvo lugar en 1948 y cuatro años más tarde debutó con picadores en Guadalajara.

Se presentó en Madrid, primero en Vistalegre, en 1953, y después en  Las Ventas, en 1954. Dos años más tarde, el 1 de abril de 1956, tomó la alternativa en Sevilla, de manos de Antonio Bienvenida y en presencia del mexicano Joselito Huerta.

En junio del mismo año, confirmó su doctorado en Madrid. Fue la primera de las muchas tardes de gloria que dio en el ruedo capitalino. Y es que Gregorio Sánchez hizo Madrid suya.

Toreó 50 corridas  y logró 39 orejas. Una cifra que solo superan Paco Camino, Antonio Bienvenida y Santiago Martín “El Viti”.

Además, en 1957, el 13 de junio, sumó su nombre a los pocos privilegiados que han logrado saldar su paseíllo en La Meca del toreo cortando cuatro orejas en una misma tarde. Logró desorejar a una decena de toros en este mismo escenario. Tras 18 años de matador de toros decidió retirarse en 1973 matando otros seis toros en solitario en Madrid.

Pero su vinculación con el toro no acabó al cortarse la coleta, pues pasó a convertirse en uno de los profesores de la Escuela Taurina de Madrid, donde trabajó hasta su jubilación, más de treinta años de labor. Su mayor éxito fue el ser uno de los valedores fundamentales de Julián López “El Juli”, así como de decenas de diestros del escalafón como Miguel Abellán, Cristina Sánchez, Uceda Leal, Alberto Aguilar, Fernando Robleño, Iván Vicente o Luis Miguel Encabo.

Todos ellos y un interminable etcetera solicitaron a la Comunidad de Madrid, mediante una petición firmada, la concesión de un azulejo que homenajeara a un torero inmensamente querido y respetado por profesionales y afición. Dicha mención se descubrió el año pasado durante la celebración de San Isidro. En el azulejo se inscribió la siguiente leyenda: “En recuerdo de sus nueve Puertas Grandes en Las Ventas y su magisterio impartido en la Escuela Taurina de Madrid”. — Mundororo.com

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