Punto de vista… fútbol americano
Rafael J. Ramos Vázquez *
¡Que formen una valla interminable en el emparrillado los Montana, Manning, Elway, todos los mariscales de campo vivientes! Que levanten sus brazos, inclinen la cabeza y sostengan sendos ovoides, un triunfador pasará en ella con sus alforjas repletas de récords. Su nombre: Thomas Edward Patrick Brady Jr., en el mundo de las diagonales conocido como Tom Brady.
Hoy, sin lugar a dudas, es la máxima leyenda del fútbol americano. ¿Quién lo dice? Nadie. Lo afirman quienes no mienten ni tienen preferencias: los números, las estadísticas, los libros de récords, la historia. Ellos son imparciales. Antes de decidirse por emparrillados, Brady fue drafteado por los Expos de Montreal para las Ligas Mayores de Béisbol en 1995. Tenía 17 años y era considerado como promesa entre los receptores. Pero cambió de planes. La historia es grandiosa.
En Nueva Inglaterra
cuenta el dueño de los Patriotas que cuando vio por primera vez a Tom en el campo de entrenamiento, después de haberlo adquirido en el draft, en la sexta ronda, se acercó a él y le dijo: ¿Tú eres Brady? y éste le respondió: “Sí, señor Kraft, y soy la mejor decisión que esta organización tomó”.
Contaba con 22 años de edad, e ingresaba a un equipo mediocre que no poseía ningún título. Pero, el hombre que mueve montañas empieza con guijarros, dos décadas después con su brazo y talento, los Patriotas consiguieron seis trofeos Vince Lombardi, que se otorga al ganador del Super Bowl.
Su salida se debió al entrenador Bill Belichick, quien le sugirió al dueño dejarlo ir porque sus mejores años ya habían pasado. Tal vez, el mayor placer de Brady es hacer lo que la gente dice que no puede realizar y lograr lo imposible, para él eso debe ser especial, pero nos enseña que el éxito depende del esfuerzo y la disciplina. La vida, sin lugar a dudas, consiste en seguir adelante siempre.
Con Tampa Bay. A su salida de los “Pats”, firma un contrato de dos años con los Bucaneros, una franquicia regularmente perdedora que no había pasado a la postemporada con reales aspiraciones en muchos años. En el acuerdo pidió portar su número de siempre el 12, el cual tenía Cris Godwin, un ágil receptor, quien aceptó dárselo con la promesa de Tom de llevarlo al Super Bowl. Se la cumplió y además lo ganó. Para ello fue necesario derrotar a los tres mejores mariscales de la temporada, a dos, en sus propios estadios como visitante: a Drew Brees y Aaron Rodgers (el mejor pasador del año) y finalmente al joven talentoso Patrick Mahomes, quien comandó a los Jefes de Kansas en el partido de campeonato.
A sus 43 años, cuando nadie pensó que lo hiciera, conquista otro anillo y el Vince Lombardi, su séptimo, y es el único en ganarlo en tres décadas diferentes, cuando menos una vez.
¿A qué se debe el éxito de ese jugador cuando es imposible encontrar una estadística que no domine?
La confianza en sí mismo y la disciplina, pienso, son parte de su gloria. El fútbol es un deporte de conjunto, nadie puede tocar una sinfonía solo; Brady ha tenido la sensibilidad para lograr que su equipo, formado por gentes comunes que dan resultados increíbles, a eso se debe que hayan obtenido las preseas que lucen en sus vitrinas.
Sus récords
El californiano es poseedor de más de 50 récords en la NFL. Sólo mencionaré algunos: es ganador de 16 títulos divisionales, 10 de ellos en forma consecutiva, 10 campeonatos de conferencia, 10 participaciones en Super Bowl, habiendo ganado 7; él solo tiene más anillos que cualquier equipo, los más cercanos son los Acereros y su ex equipo, Nueva Inglaterra, con seis.
Cinco veces ha sido nombrado el Jugador Más Valioso del Súper Tazón. En 55 años de existencia del Súper Bowl es el primer mariscal en llevar a su equipo a jugar el gran evento en su casa, Tampa Bay, nunca había sucedido. Es el comandante con más victorias en temporada regular y postemporada y el más veterano en conquistar el Super Tazón. Etc., etc..
Pocos pueden negar los logros y hazañas de ese increíble profesional. Las estadísticas lo sitúan como el mejor jugador de americano de todos los tiempos.
¡Enhorabuena Tom! Que tus alforjas continúen acrecentándose con los récords que seguirás implantando, los mereces por triunfador. Nadie debe dudarlo.
