Foto: Megamedia

Gaspar Silveira Malaver

Me permito comenzar este espacio en que hemos analizado y expresado puntos de vista sobre los Juegos Olímpicos con algo que propiamente no tiene que ver con la magna justa de Tokio, pero sí con sus ideales.

Porque llegar alto, tan lejos como sea posible, es la meta siempre. “Citius, Altius, Fortius”, el lema de las Olimpíadas, significa “más rápido, más alto, más fuerte”. Y el que alcance ese objetivo, podrá decir “misión cumplida” o más.

Tenemos en los Juegos de Tokio a Rómmel Pacheco y a Henry Martín como únicos yucatecos, pero decenas, cientos de deportistas nacidos en estas tierras del Mayab, lo intentaron.

¿Tiene usted idea cuántos han intentado llegar a donde ayer llegó Manuel Rodríguez, el primer pelotero yucateco que aparece en un róster de equipos de Grandes Ligas? El béisbol es el deporte predilecto de la gran mayoría de los yucatecos, el de mayores historias escritas. Con el fútbol, creciente exponencialmente, se ha peleado las palmas y los escenarios. De otras disciplinas igual hay figurones yucatecos que no son conocidos como otros de los deportes mediáticos.

Fue, sin duda, la gran noticia para el deporte yucateco ayer. Los fans del béisbol esperábamos una noticia como esta desde hace décadas. El logro de Manuel no es pepita y cacahuate. Representa tanto esfuerzo como el que pudo hacer Rómmel para estar en la élite de los clavados, como el que llevó a Henry a ser el referente de la delantera del América, hoy reforzando la delantera del Tri en los Juegos.

Es, volvemos a lo mismo, el ideal de quien quiere ir, por ejemplo, a unos Juegos Olímpicos: los valores, el carácter, la conducta moral, la formación integral, la adaptación, el apoyo de los padres, los gastos enormes que se hacen, más el trabajo de entrenadores, de doctores y hasta directivos. Es parte de un todo. Pero es algo que no todos aguantan.

Así que no tiemble cuando venga un scout o un visor, o un metodólogo, a decirle que su hijo tiene proyección para llegar a donde todos soñamos. Pueden esperarle un Campeonato del Mundo, la Champions, unos Juegos Olímpicos o, como en el caso de Manuel Rodríguez, que ayer apareció en el róster de los Cachorros de Chicago en las Grandes Ligas de béisbol. Pero puede esperarle un rosario de sufrimientos, de dudas, antes de llegar.

No fue flor de un día. No lo es para nada, nunca lo ha sido, la trayectoria de quien alcanza el Olimpo de los dioses del deporte.

Raúl Ortega Rojas firmó a Manuel para los Leones en 2012 y ya estamos en 2021. Cualquiera, tras casi una década de picar piedra, de dejar la casa para ir al otro lado, a sufrir antes que gozar, pudo haberse rajado y dejarlo por la paz. Manuel no lo hizo. Habrá lanzado no sé cuántos partidos para poder, como ayer, debutar en el Gran Circo que es el béisbol de MLB. No tendrá usted, si no tiene hijos o ha jugado algún deporte, las emociones a raudales de verlo en la computadora o el teléfono, y lo emotivo de la emoción cuando en la pantalla gigante del Parque Kukulcán, enlazaron con el juego que se disputaba en el Nationals Park. Ovación grande desde el estadio donde todo comenzó en el profesionalismo.

Que pronto tengamos a más Rómmels, a más Henrys y a exponentes de otras disciplinas que, ya en las camadas dentro de los procesos que llevan de alto rendimiento al deporte de élite, están peleando y ya tienen sus años batiéndose en el sendero de la ilusión y la realidad.

Por ello creo en ti, México. Porque está probado que, si te lo propones, puedes llegar a donde todos soñamos, a pesar de los obstáculos que puedas encontrar.

 

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