La única oreja del festejo ayer la cortó Jesús Enrique Colombo. El diestro venezolano debutó como matador de toros en Pamplona, leyendo a la perfección la personalidad de esta plaza. Las peñas fueron su particulares aliados desde los tercios de banderillas, realizados por todos los terrenos de la plaza en un dominio total de todos ellos.

Fue el que cerraba plaza un toro de Cebada encastado en las primeras series, que se vino fuerte y de embestida recta. Colombo intentó reducir y atemperar la casta del toro, que tras un circular que subió decibelios en tendidos de sol, echó la persiana.

Una auténtica estocada, de enorme contundencia, puso en las manos del diestro un apéndice.

El tercero fue un toro de movimiento desordenado, sin ninguna humillación y entrega, que ya en el tercio de banderillas marcó la altura de la embestida.

Para el público de Pamplona, su tarde cumplió sus necesidades y si la espada hubiera viajado en el primer intento, como en el segundo, la oreja se hubiera concedido. Y, con ello, la Puerta Grande.

Juan Leal se fue con ovación tras aviso y silencio.

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