Miguel Ángel Perera cuajó una gran tarde en la última corrida de la feria de Santiago, en la plaza de Santander, tras indultar a “Hurón”, de La Quinta.
El extremeño trazó a una faena emotiva a un toro que tuvo mucha clase, pero apenas recibió castigo en varas y tendió a perder el celo al final de los muletazos. Un indulto basado en el temple y en el fondo del astado.
Buena tarde también de José Garrido que tuvo que hacer frente al lote más complicado y deslucido de una noble corrida de La Quinta, a la que faltó mayor fondo y celo en los remates de las embestidas.
Inteligente estuvo Antonio Ferrera, muy en lidiador toda la tarde.
Bien presentado, como toda la corrida, fue el quinto, un astado que salió abanto en los primeros tercios, aunque pronto evidenció el buen son y aire en su embestida, siempre con el pitón de adentro. Poco castigo recibió el toro en el caballo, pues desmontó al picador y salió suelto.
Sin embargo, la faena empezó a tomar vuelo con un gran quite de Perera, que cuajó una de las más redondas tardes de su carrera. Las tandas tuvieron mucha profundidad, poder y longitud con un astado de mucho fondo y gran clase, que tuvo en ocasiones el defecto de perder el celo en los finales de los muletazos. El extremeño siempre dio ese celo al astado dejando la muleta en la cara, encadenando los muletazos en su eje.— Mundotoro
