La final de la temporada 2021-22 de la Liga de Primera Fuerza Estatal podría servir para una serie de dramatización. Superaría, por mucho, a cualquier churro de los que aparecen hoy en día en las pantallas.

Se concretó el final de la temporada con la coronación, vibrante, emotiva a todo lo que da, de Deportivo Dzan. No hay duda que los de la tierra de los limones, chivas todos, merecieron la corona. También la merecían, sin temor a equivocarnos, los Halcones de la Secretaría de Seguridad Pública. Pero el fútbol, la vida en sí, no es de merecimientos, sino de acciones. Dzan ganó porque, ahora sí, llevó la pelota a las redes: 2-1 el marcador de una vuelta trepidante.

El sublíder terminó pegándole al superlíder en su propia casa en el último partido de una temporada difícil para todos. De eso se hablará mucho, pero ya se acabó la campaña.

Nunca el emblemático campo “Iches Burgos” de Chuburná había vivido una tarde como la de ayer. Cinco, o qué tal seis mil espectadores entre sus gradas, en los alrededores, en los árboles incluso, presenciaron el segundo round de esta batalla que será épica.

¿Qué paso en la final de la Liga de Primera Fuerza?

Todo, después de una torrencial lluvia que casi pospone el partido. La primera pulseada de la tarde fue entre la gente de pantalón largo, con representantes de equipos, directivos de la Liga, de la Asociación. ¿Se juega o no se juega? Que si los seguros de los jugadores vencían ayer, que si la cancha en mal estado. Que “nosotros no venimos mañana”, o que “nosotros no jugamos así”.

Con el graderío repleto, con la cerveza corriendo por todos los alrededores, con porras, cánticos, batucadas, enmascarados, banderolas. Casi todo Dzan se hizo presente en el inmueble del “Chubas”, en taxis, camiones. Parecía una versión II del Campo Pick.

Pues se da porque se da. Y se dio el partido en una cancha convertida en un potrero, que hizo que la calidad no fuera tanta, pero no importó, porque la intensidad se notaba. Los jugadores terminaron llenos de lodo. Unos celebrando, otros llorando.

El partido

Los Halcones, que siguen siendo los “ya merito”, se lanzaron con todo desde temprano, pero como que se gasearon. Tiraron la carne al asador en la primera media hora de juego y luego mermaron su ritmo. Dzan, mientras tanto, se estableció.

Pero todo era belicoso, había un ambiente demasiado raro, de sensación festiva y también de peligro, en la cancha y fuera. Más allá del perímetro, el fanatismo estaba ganando la partida en el momento más importante, con gritos, insultos y ofensas de todo tipo a quien se les ocurriera a los aficionados. Llegaron al extremo de corear el grito homofóbico que puso en jaque al fútbol mexicano (“eehhh p…”) y el árbitro Jair Villanueva, atinadamente, paró dos veces el partido. No se recuerda que esto pasara en otros encuentros. Pero si algo de lunar tuvo la temporada fue que los aficionados, en prácticamente todos los campos, rebasaban la conducta propia. Se olvida que hay niños y familias siguiendo los juegos. No puedes, o no debes, ir a mentarle la madre al que pase solamente porque estás picado o tienes unas cheves encima. Ni eres mejor aficionado por gritar más.

Dzan tomó ventaja en la primera jugada de la segunda mitad. La SSP tenía que jugar perfecto y se descuidó, permitiendo a Raymundo Trejo romper el ostión. Y minutos después, Jonathan Moo marcó el segundo.

Deportivo Dzan Vs. Halcones de la SSP

Muchos pensaron que estaba definido todo, pero nada. Todavía quedaba historia para el guión de esta serie.

Óscar Salazar acercó peligrosamente a los policías, y cuando iba por el balón para reanudar la acción, Eduardo Chavira, de acuerdo con el silbante, dio un codazo a un rival, y vio la roja directa. No se aprecia en las repeticiones que haya habido contacto, en los tradicionales forcejeos para ganar la pelota entre las redes. Pero la expulsión estaba marcada.

Ni eso sentenció todo. La SSP se fue al ataque, con diez casi la mitad del segundo tiempo, y estuvo cerca de marcar el 2-2. El milagro parecía llegar.

Pero igual Dzan estuvo a nada de marcar el 3-1. Ninguno acertó.

Así, hasta consumir los cinco de prórroga, que parecieron pocos con todos los parones que hubo.

Ninguno de los dos mereció ser menos, pero alguien tenía que ganar. Y lo hizo el que metió los goles. Dzan, con su legión de aficionados nobles y una larga fila de fanáticos, sigue reinando en la principal categoría del fútbol yucateco.— Gaspar Silveira