Llegó Carlos Franco Cantón a la cita con el Diario luego de una sesión de resistencia, parte de su preparación para el desafío que tiene en puerta. Las manos le temblaban.
Pero en cuatro meses, planea seguir agrandando el palmarés que le convierten en un yucateco de época, gracias a la épica de hacer lo que otras personas comunes y corrientes no soñarían siquiera. Lo suyo es soñar e intentar lograr.
Temblaba porque acababa de salir de una tina de agua que no solo tenía líquido helado, sino que contenía varios trozos de hielo. Esa es, desde hace mucho, parte de la forma de vida del primer yucateco que decide dejar de nadar por nadar, y buscar proezas, sueños.
Primero, cruzar el Canal de la Mancha, de Gran Bretaña a Francia, y de allí encaminarse a la Triple Corona, sumando las gemas de Isla de Manhattan, en la emblemática Nueva York, y la Isla Catalina, entre aguas infestadas por tiburones y otras especies marinas.
“Estoy medio cimbrado… pero acabo de salir de agua helada, así que pues trato de estar relax”, comenta. Sus facciones muestran ese sentir, raro, tembloroso, con cierto nervio.
Este yucateco que es contador público, auditor, padre de familia y maestro de natación, no se detiene en sus intenciones de hacer realidad los sueños. Ahora, tiene en mente otra meta, en una avalancha de locuras: el Estrecho de Gibraltar, que une a Europa con África y resulta ser una de las travesías más famosas del mundo.
“Es lo que sigue, pero no lo es todo. Hay mucho más, muchísimo mas”, comenta Franco desde su acuática, donde están de fiesta porque están celebrando 15 años de haber iniciado la travesía de la enseñanza de la natación.
Para todo ese “mucho más”, hay que dejar de lado muchas cosas y convertirse en un ser humano, literal, distinto a los demás.
La mayoría de las aguas que surca con sus brazadas “son distintas a las que tenemos en nuestro precioso litoral. Nuestra costa es especial, maravillosa, pero las aguas donde se realizan las principales travesías abiertas, son totalmente distintas”, indica. Son, generalmente, heladas o más frías, con oleajes que pueden hacer claudicar a cualquiera, con mar picado, y con riesgos diversos. A veces lo mira uno en la televisión y alcanza a tener una idea de lo que se vive en mar abierto, pero estar allá, nadar allá, puede ser algo más que titánico.
La Mancha, por ejemplo, es una travesía de poco más de 30 kilómetros, pero él, llevado por las olas de un lado a otro, cubrió la distancia en 59 kilómetros. El zig-zag que se aprecia en la ruta oficial es verdaderamente impresionante, además de que el termómetro baja considerablemente (mismo caso de Manhattan, y Catalina, ésta en el Pacífico).
Carlos Franco no quita del renglón lo que le hizo pensar en sus primeras aventuras en mar abierto. “Fue la primera locura, el primer sueño que me vino a la mente cuando pensaba esto: nadar en la Antártica”.
Y, tras cumplir Gibraltar, “primero Dios, la Virgen de Guadalupe y con apoyo de mi familia y todos, vamos por la Antártica”.
Gibraltar está firmado para hacerse en julio, a partir del 12 de ese mes. Es famoso el estrecho por ser uno de los más transitados del mundo, y también por ser zona de conflicto durante muchos años, y por unir a dos continentes, Europa y África. Un lugar por donde se produce la unión natural de dos masas de agua: el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, con 14.14 kilómetros de océano, con profundidad de 300 a 900 metros, y temperaturas de agua que bajan incluso a 12 grados. Se mira en los mapas, teniendo un punto enfrente del otro, se ve fácil.
“Esa es la razón del por qué la preparación va entre aguas heladas. Aquí tenemos adaptada una máquina para mantener helada el agua, y le metemos marquetas de hielo para poder trabajar. Existe preparación de resistencia, que es estar remojado en la tina solamente para poder aguantar, y otra, aquí en la alberca, con hielo, para movernos y adaptarnos a las condiciones. A veces sientes que la piel te quema por el hielo, aunque suene irónico”.
El reportero y el fotógrafo que cubren esta historia para los Domingos Especiales de www.yucatan.com.mx son invitados a meter las manos a la piscina, cubierta con lonas, y la temperatura era entonces de 4 grados, a las 12 del día. Lo primero que se nos viene a la mente es que todo esto es una verdadera locura. No puede ser distinto.
Y para Carlos Franco Cantón casi todos los días la misma rutina, igual que nadar en la alberca con agua templada.
“La verdad es una lucha enorme, desgasta, y más en mi caso, que tengo que ser el deportista, el gestor, el promotor, además de padre de familia y esposo. Pero tengo muchos sueños. Por la edad, quizá el reto del Estrecho de Gibraltar sea uno más, y luego la Antártica permita cerrar esta hoja de vida. La edad (cercano a los 50 años) también ya pesa, y con todo esto, es difícil recibir patrocinios. No me canso de tocar puerta tras puerta buscando apoyos, pero a veces no todos pueden respaldarte”.
Quiere ser el primer nadador nacido en zona de aguas y clima tropical en nadar en la Antártica. El esmero, lo costoso de la inversión, hacen que se vea esto como una verdadera proeza. Debe ser increíble pensar que un ser humano nade un kilómetro en aguas gélidas. “Como con los pingüinos”, bromeamos.
Y sí, efectivamente, será sumergirse como esas famosas aves en su hábitat.
Antes, quiere sumergir mente y alma en el Estrecho de Gibraltar. Una de las frases de estas aventuras que comenzó desde antes de 2018 es “uniendo puertos”; otra, “cumpliendo sueños”.
El mes de julio, si todo va como está planeado, permitirá ver a un mexicano, yucateco de nacimiento, uniendo a Europa con África. Gibraltar es un referente universal. Carlos Franco quiere ser también referente.
Él vive en el mundo de los que se atreven a cumplir sueños e ilusiones. Los suyos, su entorno cercano, se han acostumbrado a sus sacrificios bárbaros.
“No sé cuánto más dure esto, pero mientras pueda hacerlo, mientras mi familia me apoye, estaré día a día intentando hacer algo distinto. Y si alguien decide seguir la huella, me sentiré afortunado porque hice algo que quedará para la posteridad”. Seguramente una torta de lechón le esperará después de julio, recordando al “crossaint de cochinita” que se hizo famoso en el Canal de la Mancha en 2018.— Gaspar Silveira Malaver

