“… Y no tienen ustedes idea de todo lo que Julián ha hecho para llegar y mantenerse donde está”.
Tal vez se pueda tener una idea cercana a esa frase, salida de la boca de Armando Gutiérrez Galán, el hombre que cuidó, desde niño, a Julián López “El Juli”, cuando había que esconderlo de la autoridad, que prohibía que toree por la edad.
Esas, puede decirse igual, son cosas menores junto a toda la trayectoria que aparece en el palmarés de un torero de esta época que puede ser parte de la leyenda de todas las otras épocas que ha tenido el toreo.
Si de Joselito “El Gallo” señalaban que era un genio, de Manolete y El Cordobés auténticos mitos, y a Paco Camino y Curro Romero los idolatraron, como ahora los “istas” quieren ver a José Tomás y a Morante, a Julián López Escobar hay que ponerle en un apartado especial cuando se reescriban las enciclopedias.
Hoy vuelve a la Plaza Mérida, donde no se presenta desde una corrida de miércoles en la noche, 4 de febrero de 2009, para cerrar una temporada que se ha extendido más de la cuenta, simple y sencillamente porque viene “El Juli”. La campaña de sus bodas de plata.
Muchos son, en todas las facetas de la vida, los que surgen como niños prodigios y se consolidan en papel de figuras con el paso de los años. En el toreo es larga la lista de quienes han sido echados a la nube como astros fulgurantes y terminaron estrellándose en piso en la dura realidad.
Lo que a los expertos en el arte taurómaco tiene de boca abierta desde que Julián era un chiquillo de primera comunión es que lo que de él se dijo, se ha cumplido. O, dicho de otra forma, lo ha cumplido él cabalmente.
Armando Gutiérrez Galán estuvo al lado de “El Juli” casi toda la vida hasta que los problemas de salud le hicieron separarse del equipo. Platicamos con él antes de una tarde de San Isidro el año pasado. Reconoció, por el acento de voz, que éramos mexicanos, y muchas anécdotas salieron a relucir.
Una realidad muy clara es que el que llegó de niño a México en 1998 y paralizó los relojes, llenó todas las plazas (la Mérida, la México y todas las demás) tiene en este país a parte indudable del éxito como persona y como torero, de su crecimiento y consolidación. Recordaba Armando la faena a “Feligrés”, novillo indultado en el coso Insurgentes, y cómo todo mundo quería llevárselo a sus programas, pero a Julián le habían prometido que iría a Disney a celebrar sus 15 años, y se fue después.
Ni 15 años y ya era figura. Y él no fue a gritarles a todos que lo era. Se lo reconocieron tirios y troyanos, como hacen hasta ahora. Y hoy, con 25 años de haberse convertido en matador de toros, lo sigue siendo. Bueno, no solo es figura, sino que puede añadirse, con valor justo, la de “primera figura del toreo”.
Porque va a todas las ferias, a todas las plazas, no se guarda nada. Habla como torea, parece conocer de la a a la zeta de cara toro que tiene enfrente.
Recordamos una entrevista, casi a empujones, en la desapareceida Plaza “Joselito Huerta” en Tixcacal Canto, en ocasión de un festival nocturno, de mano a mano con Fernando Ochoa: “Quiero ser alguien que trascienda y que se le recuerde con el paso de los años”.
Vive “El Juli” trascendiendo. No se ha ido, y el toreo necesita que se quede muchos años más, pero ya se le recuerda como un grande. Cuando llenó por primera vez la Plaza Mérida, en enero de 1998, ya pudo dar, con su precoz mando, lecciones hasta de cómo pararse en el ruedo. La Mérida estaba a reventar como no se ha visto en estos años.
Apoderado hoy por Luis Manuel Lozano (de la casa Lozano de Madrid), antes lo tuvo en su mando Roberto Domínguez, un exigente torero que le quitó las banderillas. Domínguez dijo entonces, en 2009, que “verán al mejor ‘Juli’ de todos”.
Y así ha crecido este Julián López Escobar que hoy, millonario, padre de familia y torero, sigue metiéndose en los carteles grandes porque le apasiona lo que hace.
“Por dinero no lo hace”, espeta Armando Gutiérrez.
Seguramente no. La corrida de hoy, con “El Conde” y Arturo Macías, será muy cara para quienes la organizan, pero puede estar seguro que no será que venga porque necesita unos miles de dólares.
Lo hace, se puede tener certeza, porque aún le falta crear la faena de su vida. Las siete salidas en hombros por la Puerta del Príncipe, el concierto de toreo que le hizo a “Cantapájaros” en Las Ventas y las dos o tres veces que le han birlado el triunfo en Madrid por los tacaños presidentes. La México lo tiene como torero consentido, y su cátedra ha llegado a todos los puntos donde hay toros.
“El Juli” se acostumbró a triunfar desde niño (si pueden busquen en las redes el famoso festival de Chinchón, para darse una idea de su niñez), pero también tuvo la costumbre de prepararse para llegar a primera figura.
“El mejor torero que me ha tocado ver. El más completo, somos privilegiados de haberle visto”, dijo “Ele Carfelo”, veterano cronista taurino, que escribió casi todas las apariciones en Yucatán.
Su cargada agenda le tuvo anoche en San Luis Potosí, hoy en la Mérida y mañana en Aguascalientes, en mano a mano con Joselito Adame. Sorprendió Toros Yucatán, empresa gestora de la Mérida, cuando anunció su retorno para hoy, 15 de abril, en una corrida fuera de abono. “Desde que somos empresarios siempre hemos querido traerlo y por una u otra no habíamos podido. Es el torero que está en las ferias importantes, figura, y lo buscamos siempre. Apareció esta fecha y no dudamos. Ahora estará, primero Dios, en la Mérida”, dice Alberto Hagar Goff. Y replicamos un comentario del doctor César Briceño Navarrete, que le organizó una cena en 2009: “Ya estamos nerviosos”, adjuntando varias fotos del tema.— Gaspar Silveira Malaver
