Amigos aficionados…

Pasarán los años, las épocas y las modas, y el toreo tendrá siempre una máxima: el juego de la vida ante la cara de un toro.

No queremos imaginar la que habrá pensado Emilio de Justo el domingo en el callejón de la Monumental de Aguascalientes cuando vio caer herido, con tremenda cornada, a Arturo Macías. Y al día siguiente, al compartir cartel con Joselito Adame, mirar cómo Joselito se iba por los aires, como a él le sucedió poco más de un año en el Domingo de Ramos en Las Ventas, Madrid.

Las impresiones vividas en dos días en el ruedo de Aguascalientes fueron verdaderamente impresionantes y siguen con los focos de alarma en la sala del hospital donde se atiende a los dos toreros caídos luego de las brutales cornadas.

Impactaron las dos. Como se escribió en la reseña un día antes, las dos hicieron retroceder los vídeos mentales. Y es que hay cornadas y percances que marcan.

Lo de Macías, paseado como un muñeco en las astas del toro, igual como “Burlero” hizo con el malogrado José Cubero “Yiyo” en la corrida de Colmenar Viejo en 1985, y la de Manolo Montoliú en la Feria de Abril de 1992 en la Maestranza de Sevilla. Víctor Barrio y David Fandiño fueron las más recientes víctimas por cornadas al corazón. Esas fueron mortales de necesidad. Cuando los toreros llegaron a la enfermería fue solo para cumplir el trámite de declararles muertos. Por caídas como la de Joselito y la de De Justo, figuras como Julio Robles y Nimeño II dejaron de torear y sus vidas se acabaron después, por mano propia. Y es que, ellos dicen, vivir sin torear no es vivir. ¿Recuerdan a David Silveti? Casi lo mismo. Como cuando al pintor le quitas el pincel, o al cantante el micrófono.

Y dos apuntes sobre estos toreros que parecen estar hechos de otra pasta.

Joselito, herido grave en Las Ventas en el San Isidro pasado, nos dijo en la explanada de la calle de Alcalá ocho días después: “Esta es nuestra vida, no vivimos para morir, pero sí estamos dispuestos a entregar la vida si fuera necesario”. Y Macías, en los previos de su actuación reciente en la Plaza Mérida, sonriente, nos comentó: “En hombros o en camilla”. Claro, todos prefieren la salida cargados luego de un triunfo, incluso preferible que irse a pie.

Los dueños de la vida son los mismos toreros. Ese honor de vestirse de luces, de sentir los pitones rozando el terno. El juego de la vida es la verdad más grande que tiene el torero.

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