Dijo Sebastián Castella tras su faena de triunfo grande en la Plaza de Las Ventas: “Dejé de buscar el triunfo, ahora busco el toreo”.

Quizá sea la razón más grande de la sexta salida en hombros del torero francés, el triunfador con un rotundo aporte, en la novena corrida de la Feria de San Isidro.

Otro lleno de “no hay billetes” sirvió de marco para la reaparición en Las Ventas de un torero que, en esta era moderna, es llamado “rey de Madrid”. Fue la sexta vez que Sebastián sale en hombros hacia la calle de Alcalá, algo que pocos pueden presumir por estos años. Se fue un tiempo de la Fiesta, algo así como tres años, y su retorno a los ruedos no había sido propiamente como esperaba, pero ayer, abriendo su faena al cuarto de la tarde con el estoicismo que se le conoce, dejó ver que es el Sebastián Castella de siempre. Fue con los pies bien clavados en la tierra en una cadena de estatuarios, sin enmendar, como tragándose la respiración, ante el ir y venir de un toro de bandera. Se produjeron, entonces, los olés más rotundos de este San Isidro que se había quedado sin el suspiro varios días.

Y cuajó al toro de Jandilla, venciendo también al viento, que jugó muy malas pasadas a los tres diestros. El cuarto de la tarde fue un cromo de toro, al estilo de este hierro legendario.

Toreó con la derecha soportando al viento y, tal vez, pensando en que, no seguir con el parámetro de su lidia personal, podría irse al río su intento por volver a ser él. Cambió de manos la muleta y lo que hizo toreando al natural encantó. Dejó una estocada hasta la empuñadura para que le concedan los dos trofeos, con los tendidos de Madrid poblados de pañuelos blancos.

Aseguró, así, su nueva salida en hombros. Confesó varias cosas al micrófono en vivo de la transmisión. Una, que el retorno a los toros no estaba siendo como esperaba, que eso le estaba robando un poco el sueño y que esperaba que cambiara todo al llegar a Madrid, considerando que ha sido una plaza clave en su carrera. Fue entonces cuando habló de la frase del inicio de estas líneas: “Dejé de buscar el triunfo, ahora busco el toreo”. Su concepto personal de ver la fiesta es el que, a final de cuentas, le hizo volver a torear.

A José Mari Manzanares le ovacionaron tras la faena al segundo de la tarde, que tuvo un buen tranco, y el quinto no ofreció mucho. El torero alicantino le dejó un estoconazo de esos que hacen escuela, pero fue al segundo viaje, sino, seguramente hubiera valido para algún trofeo.

Pablo Aguado sigue sin hacerse presente en Madrid como aquellas tardes de Sevilla que le permitieron meterse a la primera línea del toreo.— Gaspar Silveira

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