La primera vez que escuché la palabra “líbero” fue de Ángel Fernández, inolvidable narrador que me acompañó en mi infancia y adolescencia, en el deporte de mis amores, el fútbol.
Don Ángel se refería a un jugador de la selección de Alemania, el número 4, de figura alargada, alto y de gran velocidad, con el balón un jugador de lo fácil, pases seguros, cortos, rasos y fuertes, pero con un característica: la elegancia.
Franz Beckenbauer, “El Káiser”, el emperador, que seguramente junto con su entrenador apreciado, Helmut Schon, crearon la posición y función del hombre libre, central con particularidad de estar “libre” de obligaciones de marca cuando su equipo está en posesión del balón, lo que le permite sumarse al mediocampo en funciones de construcción de juego; la versatilidad, la depurada técnica y la inteligencia de Beckenbauer, lo convirtieron en el paradigma de la posición.
“El Káiser” fue reconocido como el mejor futbolista alemán del Siglo XX y para muchos está entre los 10 mejores de todos los tiempos, campeón mundial en 1974 en su patria como jugador y como entrenador en 1990 en Italia, dos Balones de Oro y múltiples campeonatos alemanes y europeos con el Bayern Múnich.
Muchos futbolistas, de todos los niveles, de mi generación, disfrutamos a Franz Beckenbauer y jugamos contra él, en la calle y en los campos llaneros, y otras veces usábamos el 4 para que los demás supieran qué se siente jugar contra “El Káiser”.
Murió Franz Beckenbauer, un adelantado a su época, un espíritu trascendente. Que en paz descanse, “Der Kaiser”.
