Se intentó, pero a veces la voluntad no es suficiente.

No se puede, ni se debe, demeritar el esfuerzo titánico hecho por todos los involucrados en los trabajos de construcción que convirtieron un campo amateur en un mini estadio de béisbol profesional. Pero le faltó mucho al Estadio “Víctor Cervera Pacheco” para estar listo para la fiesta que se vivió anoche. Pasará a la historia, no hay duda de ello.

Los Leones, anfitriones en su nueva sede, tienen para presumir una rica historia iniciada siete décadas atrás, fortificada en los años recientes por los esfuerzos de sus actuales propietarios, que se han encargado de llevar a los selváticos a ser los más dominantes de la Liga Mexicana.

Pero no se pudo lucir. Las condiciones del nuevo escenario no eran las adecuadas para lucir todavía. Fueron algunos detalles pendientes en diversas áreas, que, eso sí, son subsanados con el esfuerzo y entusiasmo.

Eso es lo que valdrá la pena resaltar hoy y siempre: los esfuerzos por dejar lista la casa amateur para una sede profesional. En dos meses y medio se hicieron monumentales trabajos. Se espera que pronto pueda verse al completo la nueva cueva en el paraíso de los panuchos.

La historia de los Leones, de grandes estrellas, muchos recuerdos y cinco campeonatos, fue proyectada en una pantalla que tuvo la activación para servir de pizarra, como piden los protocolos de la Liga Mexicana. La pantalla gigante estaba todavía en instalación a unos metros. No era lo que se esperaba, pero, decían muchos, peor es nada. Otros, con desencanto, hablaban de que no era lo que esperaban por el costo de los boletos (440 pesos los más baratos).

Los precios de las entradas tuvieron mucho que ver para que la ceremonia inaugural se realizara con la zona diamante casi vacía.

Se pobló ese espacio al 50 por ciento para cuando se cantó el playball, cerca de las 8:30 de la noche. El resto del aforo, en la zona llamada plata, se apreciaba casi llena. A reventar estuvieron las gradas portátiles instaladas tras el muro del central y el derecho. Con gente viendo el partido, además, desde el techo de sus casas.

¿Carencias y necesidades? Muchas. Los palcos, como el de medios, estaban siendo adaptados a la hora del partido. Llegó la electricidad en la tarde y eso ayudó. Estacionarse fue difícil.

Las luces de pirotecnia fueron impresionantes. Kanasín no había vivido una noche así, tan iluminada por los fuegos de artificio como con la luna llena que se dejaba ver de forma espectacular en todo lo alto.

La gente se portó a la altura. Desde las 5:35 se anunció que entrarían los aficionados al inmueble y fue hasta una hora después cuando lo pudieron hacer. Dos jóvenes aficionadas, Roxana Calderón y Sofía Solís fueron de las primeras en ingresar al lado de plata, entre la larga cola que se formó desde las 5.

La inauguración se realizó con cierto retraso, y por eso el partido también se corrió poco menos de media hora. La encabezó la secretaria de Gobierno, María Fritz Sierra, con el alcalde de Kanasín, Hilario Uicab; el director del IDEY, Jorge Esteban Abud; el secretario de Deportes del Ayuntamiento de Mérida, Jesús Aguilar y Aguilar, y los propietarios de los Leones, Erick y Juan José Arellano Hernández.

En lo relacionado con el espectáculo, se trató de mantener las activaciones “estilo Kukulcán”: edecanes, botargas, souvenirs. La “Güera” de las piedras se dejó ver en el “Víctor Cervera Pacheco”, igual kiberos, polcaneros, pizzas y otros snacks.

Los umpires saltaron al diamante a las 8:19 y se escuchó la primera ovación fuerte. La segunda, cuando los peloteros saltaron al diamante. César Valdez hizo la primera pitcheada oficial a las 8:23 y se escuchó el “Leones… Leones”, en apoyo a los líderes de la Zona Sur (marca de 8-1) que se presentaban en su tercera casa en siete décadas (Parque Carta Clara y Parque Kukulcán antes).

Era tiempo de béisbol.

Como que se olvidó el problema de las carencias vividas en el acceso y ahora sí comenzó y se vivió la fiesta en un “Kukulcán chiquito” o un “Cordemex grandote”. Una noche de gran corazón.

Prometieron que la siguiente serie en su nueva cueva, el martes próximo, todo será distinto, completo y cómodo.— Gaspar Silveira

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