Tomás Rufo estuvo a un tris de abrir la Puerta Grande de la Plaza de Las Ventas, en un día especial para la fiesta de los toros.
Muchos le llamaron al 16 de mayo el “Día de la Tauromaquia”. En todas las plazas donde se dieron corridas ayer, como en la de Madrid, le rindieron homenaje al malogrado rey de los toreros, a Joselito “El Gallo”.
Y, a 104 años del natalicio del “rey de los toreros”, todos siguen buscando la trascendencia que tuvo José Gómez Ortega. Rufo, un joven que estaba en el cartel entre dos figuras consolidadas, es de los que más han mostrado esos deseos de llegar lejos, de ponerse en los cuernos de la luna, algo que contados toreros pueden lograr.
Fue, no hay duda, una tarde especial este 16 de mayo. El minuto de silencio tras el paseíllo, por ejemplo, recordando la efeméride del trágico día de 1920 en Talavera de la Reina, cuando “Bailaor”, de la Viuda de Ortega, mató al torero que nadie pensó que pudiera, siquiera, ser corneado.
Rufo, tras las primeras lidias de Sebastián Castella y José Mari Manzanares, con toros de dispar presencia y juego, se enjauló en un palmo de terreno con un astado que exigió, que tuvo arranque, con la fiereza de esas que mantienen a todos al borde de los asientos. Y que también tuvo a un torero de esos que siempre están dispuestos a morir en la arena. Incluso si fuera una tarde especial.
Le premiaron con una oreja de mucho peso, muy bien ganada, en una lidia que fue completa tanto suya como de su cuadrilla, porque en varas cumplió su picador y sus banderilleros fueron ovacionados con fuerza.
Y tocaba buscar la otra parte. “Ebanista” era un mamut de toro: 595 kilos, cinqueño y de pitones que espantaban. Pero el joven torero le quiso y le pudo hasta donde el negro bragado meano quiso. Los del tendido 7, que protestan todo, solo mostraron su eterna ira protestando de salida quesque porque tenía muchos kilos. Era impresionante.
Pero el cierra plaza aguantó poco, tres tandas de mucho peso, la primera por estatuarios ceñidos, hacia arriba, y se apagó. Llegó el momento de la suerte suprema y nadie de los más de 22 mil espectadores se movió (colgaron el “no hay billetes”).
¿Cómo iba a meterse Rufo entre dagas afiladas? Pues lo hizo, pero hasta el tercer viaje. Y se llevó el reconocimiento de todos. Hasta los del 7 aplaudieron.
Con el primero, Castella mostró el sitio. No hay duda que el diestro de Beziers tomó la mejor forma posible y siempre va buscando mejorar. En el cuarto vivió sus mejores momentos, pero el toro se apagó y se diluyeron las esperanzas de algo más grande. Le sonaron un aviso y llevó al toro al centro del ruedo, desde donde lo pasaportó con notable oficio.
Manzanares se vio desconfiado con su primero, en el que sufrió un resbalón que no tuvo consecuencias. Siempre seguro con el acero, esta vez no estuvo fino.
El segundo tercio fue notable en varios toros. Los banderilleros José Chacón, de la cuadrilla de Castella; Juan José Trujillo, de la de Manzanares, y Daniel Suárez y Fernando Sánchez, de la de Rufo, fueron llamados a saludar en el tercio. Importante tarde la de las cuadrillas, en una tarde de toros que, sin triunfos grandes, fue interesante y emotiva desde el primer momento.



