Muy poco les duró a los Leones la miel de ganar series en su estadio.
Los Toros de Tijuana, definitivamente, no son los Piratas de Campeche y anoche volvieron a embestir a la novena melenuda, ganando 9-6 un partido que, por un rato, parecía práctica para los bureles en el Estadio “Víctor Cervera Pacheco” de Kanasín.
Bateo y pitcheo de la novena fronteriza iban como máquina bien aceitada y no se veía por dónde las fieras podrían hacer algo, hasta que, ya con varios jugadores de reserva en el terreno, tuvieron una reacción que fue lo único que valió para la afición que se esmera en ver ganar al equipo local todos los días.
Pero borrar una desventaja de nueve carreras será siempre una tarea titánica.
Los Leones solo batearon en una entrada, la octava, así que no pudieron remontar la pizarra.
Peor aún, al que le cargaron de carreras ayer fue al principal astro de la rotación de los melenudos. César Valdez se fue a las regaderas con seis carreras y ocho hits en cinco entradas y dos tercios, aunque cabe decir que cuatro de los registros aceptados fueron sucios. Tres errores hubo en un racimo de cinco anotaciones en la sexta. Así, imposible.
Al primer relevista, Francisco Haro, Matt Adams, un ganador de Serie Mundial con Washington en 2019, le mandó la pelota a los bleachers en el lado derecho. Y mire que, con la forma en que sopla el aire, especialmente por esa zona, eso es de palabras mayores.
El obús de Adams dejó el marcador 9-0. La paliza era grande, pues los Leones entraron a la serie con la mejor efectividad de la Liga Mexicana, y en esta serie ya les anotaron 15 carreras.
Para Tijuana todo iba de maravilla. El zurdo Luke Westphal dio de comer en la mano a los selváticos con pelota de un imparable y cinco ponches en seis entradas. Y los Leones despertaron en la octava, ya cuando nadie daba nada.
Conectaron seis hits, aprovecharon todo y fue cuando cuajaron el racimo de seis anotaciones que alegró la parroquia. Casi hacen el milagro de empatar: con el score ya 9-5, casa llena y un out, Lázaro Alonso entró de emergente y puso la pelota casi en la barda del izquierdo, donde la atrapo dramáticamente Bobby Bradley. Medio panucho, literal, y esa pelota se iba para propiciar una hecatombe de dimensiones insospechadas.
Pero no hubo más. Lo que no hicieron en siete actos, era imposible de hacerse en dos. En casa los Leones juegan para 8-12, con cinco series perdidas. Nada envidiable, y eso debe tener influencia en las bajas asistencias. Además de la eterna fama de Kanasín, ganar tiene mucho que ver.
Hoy, los Leones van a tratar de evitar la barrida. La tercera pulseada ante los Toros se antoja interesante.— Gaspar Silveira Malaver


