La Feria de Otoño en la plaza de Las Ventas se cerró con una desigual corrida de Fuente Ymbro, en tipo y juego, con un Roca Rey herido y contestado por un sector e impulsado por otro, y un nuevo toque de atención de Víctor Hernández, que pide entrar en la lista de nombres futuribles. Paco Ureña, que estoqueó tres toros, solo pudo dejar destellos al natural.
El primero, el más atacado de kilos de la corrida (617) fue recibido con una ovación por su presencia; tímida, pero ovación. Buscó tablas en los primeros compases de su lidia, apretó para dentro en varas, y en la muleta embistió sin celo, con una única tanda por el pitón izquierdo. Ante él Paco Ureña lo intentó, sobre todo por el pitón derecho, sin brillo posible.
El cuarto humilló, pero fue remiso a embestir. La insistencia de Ureña hizo que brotaran destellos espaciados en forma de arrebatados naturales o de remates de serie por bajo mirando al tendido, aunque sin que hubiera continuidad. Saludó una ovación, a pesar de matar deficientemente.
El sexto, estoqueado por Ureña por cogida de Roca Rey, hizo pasar un mal rato a los banderilleros del peruano, encargados de colocar rehiletes en el segundo tercio. La condición violenta y sin opciones del toro empujó a Ureña a abreviar.
Fuerte percance
Roca Rey abrochó los capotazos de tanteo iniciales al segundo con una media verónica soberbia por elegante y ceñida, y más tarde su picador Sergio Molina recibió división de opiniones por su actuación.
Como división de opiniones recibió la faena del peruano, muy ligada por el pitón derecho en el comienzo, y protestaba por un sector de la plaza más tarde. Roca citó con vehemencia y el de Fuente Ymbro acometió a arreones, pasando muy cerca de su taleguilla mientras unos apreciaban su firmeza y otros afeaban su colocación.
En este tumulto, el astado cogió a Roca Rey cuando éste intentaba rematar una serie de derechazos con un pase de pecho, siendo izado por su antagonista y haciendo carne en el muslo derecho, quedando, además, prendido de la manga de la chaquetilla unos segundos en los que estuvo absolutamente a merced de su oponente, levantándose herido.
No obstante entró a matar acto seguido, hundiendo la espada al segundo intento y siéndole concedida una oreja que dividió aún más los pareceres de los tendidos. No paseó el trofeo, sino que se dirigió por su pie a la enfermería, donde fue operado de una cornada en el glúteo con dos trayectorias de 15 centímetros cada una, que le impidió lidiar al quinto.
Víctor Hernández ya se hizo notar en un ajustado quite por gaoneras en el segundo, y por la misma línea siguió en el tercero, un ejemplar rebrincado y que adornaba sus evoluciones con desabridos gañafones que el alcarreño unas veces pudo sortear y otras no.
Lo que no faltó fue disposición, con un toreo de frente y destellos en forma de cambios de mano y pases del desdén, con voltereta sin consecuencias incluida, cerrando por vibrantes bernadinas. Paseó una oreja.— EFE
