Jueves taurinos en Diario de Yucatán
Amigos aficionados…
Como se señaló en la reseña de la novillada del sábado pasado en la Mérida, el que no fue, se la perdió. De verdad. Y, sin dar coba, que no falta, reiteramos: ¡Qué interesante festejo!
Lo mejor, además, fue poder presenciar que la fiesta de los toros en la Península de Yucatán, digamos la profesional, pasa por un buen momento y eso hay que cuidarlo. Todo surge, claro, de lo que surge de nuestros pueblos, pues es allá donde se gestan acontecimientos como el de la novillada que montó Toros Yucatán para abrir la temporada en el coso de Reforma.
El que vio a Julio Ventura en algún tablado en las corridas hacia su debut en la Plaza Mérida bien podrá decir que los esfuerzos de “Venturita” ante el matrero o el novillo “limpio” le permitieron forjarse el carácter y la torería que mostró en su debut formal con picadores. Miraba a Giovanni Aloi tras una tanda de derechazos largos, con pies bien plantados, y el otrora piloto de carreras y rejoneador, papá de Bruno (alternante en esa noche), respondió con un “qué bien está” lleno de seriedad. Igual Manolo Mejía, gran matador en su época, ahora apoderado mexicano de Eduardo Neyra, y muchos más, asintiendo su agrado por ver a Julio presentarse con una actuación muy sólida. Nada de cobas. Al César lo que es del César.
Dio gusto. A Julio le pudimos ver siendo niño, andando tras su papá y su hermano, ambos José Ventura. La vida en el toreo nunca es ni será fácil, así que lo que vimos fue alentador.
Cierto: hay muchísimo trecho por recorrer, y para mejorar, pero cuando el inicio es así, se pueden abrigar esperanzas. Ojalá tenga más oportunidades, sea aquí o fuera de casa, que, si es necesario, debe que hacerlo porque tiene un buen de cosas para superar. La esencia de un torero la tiene y bien. Su concepto es natural. Su ser pide más y más toros.
Y pues redondeando el sábado, tremendo tercio cubierto por José Ventura, ni se diga en su labor bregando como peón. Pepe está tremendo entre los de plata.
David Andrade, hijo de Salvador Andrade “El Pebo”, tuvo lucida noche como subalterno, igual que Daniel Cauich “Morito”, Rubén Chávez (de Kinchil), Miguel Ángel Debo Palomo (potosino afincado en Mérida) y Genaro Suárez (Nunkiní, Campeche). Igual, soberbio puyazo de Alejandro Sosa “El Tardao”, yucateco, y bien Armando Arceo (Calotmul) picando, como hicieron Martín Vázquez y Erick Salcedo (radicado en Tixkokob), y Eduardo Chan (Hecelchakán). La apuesta de Alberto Hagar y Toros Yucatán, taurinamente, mereció la pena. No en lo económico. La noche era para mejor entrada.Gaspar Silveira
